El pañuelo pro aborto para el Papa, un “regalo trampa no muy honesto”

Un “regalo trampa”, que “no parece muy honesto”. Así calificó el Vaticano la entrega de un pañuelo verde al Papa, gesto que en las últimas horas se volvió viral en las redes sociales y en medio de un acalorado debate público por el aborto en Argentina.

Francisco lo recibió el miércoles pasado. El detalle podría haber pasado desapercibido salvo por una cuestión: Ese pañuelo es el emblema de quienes empujan la aprobación de la ley de interrupción voluntaria del embarazo. Pero el artífice del obsequio replica: “Yo se lo di con mucho respeto, sin ningún tipo de ironía”.

“Cada miércoles, cada audiencia general, el Papa recibe centenares de cartas, pañuelos (no solo verdes), gorras y demás obsequios. Utilizar la entrega de un ‘regalo trampa’ sin que el destinatario supiera qué era ni qué buscaba no parece muy honesto…”, escribió Paloma García Ovejero, vicedirectora de la Sala de Prensa del Vaticano, en su red social Twitter.

Un descargo oficial, que manifiesta una evidente molestia en la Santa Sede por el uso de la imagen papal para amplificar una causa que contradice -como es públicamente conocido- las enseñanzas de la Iglesia católica. Una aclaración que no es una desmentida, porque el episodio efectivamente tuvo lugar como lo muestran las imágenes de video y fotografía que se viralizaron en internet, tomadas por los propios protagonistas.

Todo ocurrió el miércoles 1 de agosto por la mañana, en el Aula Pablo VI del Vaticano. Hasta allí llegó Nicolás Fuster, un joven argentino que vive en Roma y cursa estudios de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales en la Universidad La Sapienza desde hace casi cinco años. Ingresó como un simple feligrés, pidiendo una entrada en la Prefectura de la Casa Pontificia de esas que puede solicitar gratuitamente cualquier persona, sea creyente o no.

De hecho, ese es su caso. Fuster no es católico, como él mismo aclaró en entrevista con el Vatican Insider. Entre otras cosas reconoció que sabía de antemano que su gesto “algún gramo de polémica” iba generar, pero insistió varias veces que su intención nunca fue maliciosa. Además aceptó que quería dejar constancia del momento y por eso acudió a la audiencia papal acompañado por dos amigos: un fotógrafo, otra responsable de tomar video. Las imágenes por ellos registradas fueron retomadas por muchos medios de comunicación en Argentina.

“Quería que fuese antes de la votación en el Senado”, reveló, sobre la elección del momento para la entrega del pañuelo verde, que fue acompañado por una carta. Por eso eligió el primer miércoles de agosto, cuando el Papa reinició sus catequesis públicas luego de las vacaciones de julio. Aprovechando que la sala no estaba llena, el joven se colocó junto a la baranda central hasta el fondo de la misma. Sin ningún privilegio o pase especial, apostando a que -por allí- pasaría Francisco al ingresar al lugar, como finalmente ocurrió.

“Fue apenas entró, se acercó donde estaba yo, le entregué la carta y el pañuelo. La carta estaba arriba y el pañuelo abajo. Le dije que era importante y que, si quería, la podía leer. Él no dijo nada, sonrió en todo momento, tomó las cosas y eso fue todo. No se si el Papa se dio cuenta que yo le estaba dando un pañuelo de la campaña por la legalización del aborto. Viendo el video una y otra vez podría ser que se dio cuenta, pero no te puedo decir que si estaba seguro que era eso”, explicó Fuster.

Con esas palabras, el estudiante le dio razón al descargo vaticano de que Francisco ignoraba completamente el contenido del polémico regalo. Empero consideró como obvio que no supiese de algo que se le entregaba por primera vez. Insistió que la suya “no fue ninguna chicana”, palabra coloquial argentina usada para referirse a un gesto o comentario realizado con mala fe. Al mismo tiempo aceptó ser consciente del uso dado públicamente a su acción en el caldeado escenario político argentino.

A la acusación vaticana de actuar con deshonestidad, respondió así: “No para nada. En la carta me despojé de toda ironía, trato de hablarle lo más transparente al Papa. No hay ningún regalo trampa, nada me parece más claro y evidente que darle el pañuelo en la mano. Al contrario, estaba todo bastante claro”, justificó.

Y añadió: “Esto no es para tratarse con sarcasmo. Yo se lo di con mucho respeto, sin ningún tipo de ironía ni de chicana. Mi interés era hacerlo reflexionar, como puse de manifiesto que él levemente reflexionó sobre los homosexuales pasando de decir que eran ‘una movida del diablo’ a ‘quién soy yo para juzgar’. Yo se que no es lo mismo, el que los gays se puedan casar respecto del aborto, pero sí se que ahí el Papa demostró que se puede reflexionar sobre algunas cosas”.

El contenido de la misiva que Jorge Mario Bergoglio se llevó en el sobre es público. Lo dio a conocer el propio Nicolás Fuster. En ella, el autor reconoce que no pretende que el Papa “haga campaña” por el aborto, porque “la Iglesia no tiene una tradición de apoyo a los derechos civiles”.

“Estamos de acuerdo usted, representante de Dios en la Tierra, y yo, joven estudiante laico, en que el aborto es una tragedia. Conozco mujeres que abortaron, y estoy seguro de que usted, que trabajó largos años en zonas pobrísimas, también. Jorge, el aborto sucede. No es esa la discusión, sino si queremos un aborto legal y seguro, o si queremos un aborto ilegal, practicado de manera clandestina, muchas veces comprometiendo seriamente la salud o directamente la vida de las mujeres”, escribió.

“Jorge, usted es una referencia fundamental para millones de personas, y tiene una oportunidad de oro para abandonar la tradición de la Iglesia de llegar siempre 300 años tarde. Estoy seguro de que, aún siendo Papa, puede comprender la delicadeza de la cuestión y revisar algunas posiciones, como lo hiciera con los homosexuales”, siguió.

El debate sobre la ley de legalización del aborto ha dividido aún más a una ya frágil y contrapuesta sociedad argentina. Las manifestaciones en las calles han sido multitudinarias, en uno y otro sentido. El 15 de junio pasado, la Cámara de Diputados de Argentina dio media sanción al proyecto de ley en una votación que se prolongó durante 23 horas dentro del recinto legislativo. Por apenas un puñado de sufragios, 129 a favor y 125 en contra, la iniciativa avanzó al Senado.

Tras una revisión en comisiones y una maratónica exposición de personalidades a favor y en contra de la ley, la votación final entre los senadores .está prevista para el próximo 8 de agosto. En las últimas horas, los medios de comunicación registraron que los conteos preliminares consolidan una ventaja significativa por el rechazo.

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