El desgraciado futuro de los embriones de Sofía Vergara y su ex Nick Loeb

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En el año 2013, la actriz Sofía Vergara y Nick Loeb congelaron dos embriones formados de manera artificial -in vitro- a partir de sus propios gametos con vistas a una implantación, motivado por las probables dificultades que Vergara tendría para quedar embarazada de manera natural tras haber padecido un cáncer de tiroides a los 28 años.

Sin embargo, su relación de más de cuatro años se rompió un año después y comenzó una batalla legal por el destino de estos dos seres humanos en fase embrionaria -con toda su carga genética individual e irrepetible- de la que siguen sucediéndose sentencias siete años después.

El Tribunal Superior de Justicia de Los Ángeles (California, EEUU) ha fallado a favor de Vergara contra la intención de Loeb implantar los embriones para completar su fase de desarrollo prenatal, interrumpida por el proceso de criogenización. Debido a un acuerdo legal entre ambos, el destino de sus hijos embrionarios no puede decidirse de forma unilateral.

Por su parte, Sofía Vergara es más partidaria de eliminar los embriones, pues no desea que nazcan ambos hijos en común con Loeb.

La decisión del tribunal californiano no es la primera que desestima las pretensiones de Loeb. El pasado mes otro juzgado de Lousiana rechazó el caso plateado por Loeb que se remonta al año 2015.

Aparentemente, las intenciones de Loeb responden a una cierta conciencia provida resultado de haber sido testigo de primera mano de la decisión de abortar que tomaron dos antiguas novias.

Si bien Loeb ha tomado conciencia de que la vida humana comienza desde el mismo momento de la unión de los gametos masculino y femenino, y que desde ese momento tiene una dignidad inviolable, su intención de recurrir a un vientre de alquiler no parece estar en línea con ese planteamiento moral sobre la dignidad de todo ser humano, en particular de la mujer.

Aunque la práctica de los vientres de alquiler está absolutamente alejada de cualquier concepción de la dignidad humana, tanto de la mujer que gesta como del bebé. Incluso, de la propia dignidad de la persona que encarga y paga el proceso, en este caso, Loeb. Sin embargo es a todas luces peor la eliminación de los embriones.

Sea cual sea el desenlace de esta historia, queda claro que la práctica de congelar embriones humanos tiene riesgos bioéticos evidentes que en el caso presente son de difícil solución.

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