El desafío de construir familias

Por otra parte, las noticias diarias nos hablan de fosas que se encuentran con muchos cadáveres de personas desaparecidas y desconocidas; asaltos y crímenes por todas partes; leyes que destruyen los cimientos de las familias; consumo y trasiego de drogas; terrorismos y guerras, etc. Todo ello nos indica que, o no hay familia donde se pueda vivir en paz y armonía, donde se eduque a los hijos en valores humanos y sociales, y por ello los jóvenes se afilian a grupos criminales que les dan dinero y cierta identidad; o las familias se dispersan, se deshacen y no se asegura la estabilidad emocional y económica de los hijos; o familias incompletas, con ausencia de padres que indiquen caminos educativos; o familias que deben emigrar o estar mucho tiempo fuera del hogar por cuestiones de trabajo; o familias que, por las deportaciones de los Estados Unidos, quedan incompletas, abandonadas a su suerte. En síntesis, las familias están muy expuestas a la fragilidad. Y a esto hay que agregar las telenovelas con tantas escenas eróticas, que presentan la infidelidad conyugal como lo más normal, invitando a hacer lo mismo. Ante esta realidad, como Iglesia, no podemos quedarnos en lamentos y críticas; debemos ofrecer la luz del Evangelio y alentar una más incisiva pastoral familiar.

PENSAR

El Papa Francisco ha dicho: “La familia atraviesa una crisis cultural profunda, como todas las comunidades y vínculos sociales. En el caso de la familia, la fragilidad de los vínculos se vuelve especialmente grave porque se trata de la célula básica de la sociedad, el lugar donde se aprende a convivir en la diferencia y a pertenecer a otros y donde los padres transmiten la fe a sus hijos. El matrimonio tiende a ser visto como una mera forma de gratificación afectiva que puede constituirse de cualquier manera y modificarse de acuerdo con la sensibilidad de cada uno. Pero el aporte indispensable del matrimonio a la sociedad supera el nivel de la emotividad y el de las necesidades circunstanciales de la pareja. Como enseñan los Obispos franceses, no procede del sentimiento amoroso, efímero por definición, sino de la profundidad del compromiso asumido por los esposos que aceptan entrar en una unión de vida total” (EG 66).

“La Iglesia quiere llegar a las familias con humilde comprensión, y su deseo es acompañar a cada una y a todas las familias para que puedan descubrir la mejor manera de superar las dificultades que se encuentran en su camino. No basta incorporar una genérica preocupación por la familia en los grandes proyectos pastorales. Para que las familias puedan ser cada vez más sujetos activos de la pastoral familiar, se requiere un esfuerzo evangelizador y catequístico dirigido a la familia, que la oriente en este sentido” (AL 200).

“La pastoral familiar debe hacer experimentar que el Evangelio de la familia responde a las expectativas más profundas de la persona humana: a su dignidad y a la realización plena en la reciprocidad, en la comunión y en la fecundidad. No se trata solamente de presentar una normativa, sino de proponer valores, respondiendo a la necesidad que se constata hoy, incluso en los países más secularizados, de tales valores” (AL 201).

ACTUAR

Si queremos salvar nuestra patria y que las cosas cambien para bien, el desafío es ayudar a que las familias sean sólidas, que no se deshagan, que crezcan en el verdadero amor y eduquen en valores humanos y cristianos. Sin esto, el panorama será cada vez más desolador. Y si se hacen leyes contra la familia, ¡a dónde iremos a parar! ¡De la familia depende el país! No lo destruyamos más. Sin familias, ni más policías ni más ejércitos podrán frenar la delincuencia.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *