El cuidado como elemento fundamental de una paz para todos

El cuidado es una constante cosmológica. Si las energías originarias y los elementos y los primeros elementos no estuviesen regidos por un cuidado solidario para que todo mantuviese su debida proporción, el universo no habría surgido y nosotros no estaremos aquí escribiendo sobre el cuidado. En un momento la evolución hizo surgir un ser dotado de alta complejidad y cuidado, capaz de soportar el espíritu y la conciencia del cuidado de la Tierra.

En hebreo, samar significa cuidar, proteger y velar por algo. Este verbo puede además tener un sentido religioso, como cuando se dice “guardar los mandamientos”. El cultivo del huerto incluye cuidado, mantenimiento y protección. A los seres humanos se les ha dado un papel para cumplir con respecto al huerto donde Dios los colocó, un papel que es para el beneficio del huerto. Cumpliendo esta misión, los seres humanos honran al Creador. Adán (literalmente, hombre de la tierra) debe velar por la tierra y servirla. En conclusión, se cuidar algo o a alguien implica hacerse cargo, trabajar, no basta solamente la buena intención, sino que exige ser concretos.

Nosotros mismos somos hijos e hijas del cuidado. Si nuestras madres no nos hubiesen acogido con infinito y concreto cuidado, no habríamos tenido cómo bajar de la cuna e ir a buscar nuestro alimento. El cuidado es la condición previa que permite que un ser venga a la existencia. Es el orientador anticipado de nuestras acciones para que sean constructivas y no destructivas. Los padres están continuamente ocupados en el cuidado de su bebé. Pero como todo, ese cuidado no es perfecto. El bebé después debe saber cuidarse a sí mismo.

En todo lo que hacemos entra el cuidado. Cuando nos despedimos de alguien le decimos: “cuídate”. Cuidamos lo que amamos. Amamos lo que cuidamos. Lo que cuidamos nos infunde un valor y es capaz de sacarnos de nosotros mismos a fin de ejercer cuidado. Creemos en Dios también porque necesitamos que exista Alguien que nos cuida, a pesar de lo que somos y de cómo somos, es decir, concebimos en ese Alguien gratuidad en su cuidado.

Para el gran teólogo brasileño, Leonardo Boff, cuidar es más que un acto, es una actitud. Vivimos en un mundo que genera descuido. Por estar conectados, nos desconectamos del niño que está cerca nuestro pidiéndonos ayuda o de responsabilidades que solicitan nuestra preocupación y cuidado. Internet puede conectarnos con millones de personas, sin que tengamos que conectarnos con nadie. La relación con la realidad concreta, con tactos, olores, fríos, calores, pesos, colores reales, se nos vuelven solo una imagen virtual. Se produce una falta de “con-tacto” humano. Esta antirrealidad afecta a la vida humana en aquello que posee de más fundamental: el cuidado, el servicio y la “com-pasión”.

En el cuidado identificamos los principios, los valores y las actitudes que convierten la vida en un vivir bien y las acciones en un recto actuar. El cuidado es algo que no podemos dejar de hacer, un ejemplo de ello es el mismo juego del tamagochi, un animalito virtual que si no se le cuida se muere virtualmente, y que el cuidado a ese animalito virtual genera descuidado con las personas concretas: el abuelo, el discapacitado, el abandonado, los niños de la calle, las mascotas, las plantas, el planeta, etc. Todos los seres vivos necesitan de nuestro cuidado.

Hay un descuido y una indiferencia inmensa por el destino de los pobres y marginados de la humanidad, por los asuntos públicos, por la dimensión espiritual del ser humano, de las condiciones sociales, de la reverencia indispensable para cuidar de la vida y de su fragilidad. Todos nuestros descuidos han activado la posibilidad de autodestrucción.

Ante eso han surgido muchos movimientos de indignados, anarquistas, críticos, sin fe en el ser humano, viendo más su dimensión de demencia que de sabiduría; movimientos que movilizan a multitudes pero no logran dar soluciones liberadoras y que mantengan la esperanza. Por otro lado la religión trata de dar una respuesta, pero no engendra necesariamente una manera de ser más solidaria y compasiva.

La física cuántica ha demostrado la profunda interconexión que hay de todo con todo, y el vínculo indestructible entre realidad y observador; no existe la realidad en sí, desconectada de la mente que la piensa; ambas son dimensiones de una misma realidad compleja. El universo está consciente. La cosmología moderna ha demostrado que este universo es matemáticamente inconsistente sin la existencia de un Espíritu Sagrado y de una Mente infinitamente ordenadora.

La ternura vital es sinónimo de cuidado esencial. La ternura es el cuidado sin obsesión. Hay que endurecerse sin perder la ternura jamás. Ternura no es ser dulzón ni sentimentalista que es producto de una subjetividad mal integrada. Es el sujeto que se repliega sobre sí mismo, sale en dirección al otro, siente al otro, como el otro. La ternura es el deseo profundo de compartir caminos. La caricia a un niño le hace ver que la discusión, los conflictos, no tienen la última palabra y que todo tiene un sentido. El afecto no existe sin la caricia, la ternura y el cuidado.

Puede entenderse como padecer con el otro o como com-pasión, o capacidad de com-partir la pasión del otro y con el otro. Se trata de salir de sí mismo para ver al otro en cuanto otro, no como el que me llena los vacíos. Implica no utilizar a los otros, sino la renuncia a controlarlo todo, lo cual, es iluso además.

El cuidado parte por uno mismo. Debemos ser compasivos con nosotros mismos. Por mucho que mejoremos siempre queda algo que corregir y debemos aceptar con buen humor y jovialidad. Los que solo viven obsesionados con la virtud perfecta, se torturan, aterrorizan a los demás y están siempre malhumorados, chocan con sus limitaciones y fracasos. El ser humano está hecho de una madera tan nudosa que no se pueden cortar vigas rectas de ella (Kant). El cuidado no es una meta que sólo se alcanza al final del camino. Es un principio que acompaña el ser humano a cada paso, en cada momento, a lo largo de toda la vida terrenal. Siempre podremos creer en el Cuidado, en el tiempo y en medio de los contratiempos._

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