Domingo XV: Solo vale el amor

Pero hay otra enseñanza más en la parábola, y va dirigida a aquellos que analizan su conciencia desde la perspectiva de no cometer pecados, de no hacer el mal. Suelen olvidar que hay un pecado muy sutil pero muy frecuente: el de omisión. Ni el sacerdote ni el fariseo le habían hecho nada malo a aquel hombre apaleado. Sin embargo, el Señor no los puso como modelo de comportamiento para sus discípulos. El que puede hacer el bien y no lo hace, comete un pecado, tanto mayor cuanta más grande es la necesidad de ayuda que tiene el prójimo. Cristo no nos pide que resolvamos los problemas del mundo, pero sí que pongamos nuestro grano de arena, incluso con esfuerzo, para que esos problemas sean resueltos. Amar, no hay que olvidarlo, es un mandamiento, un deber para el cristiano.

 

 

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