Domingo XI: Ama y será¡s perdonado

El problema hoy en día está, sin embargo, en una condición previa que puede hacer inútil el regalo del perdón: los pecadores no son conscientes de que lo son y si alguien se atreve a decirles que lo que hacen está mal, se indignan y atacan al que les corrige. Si esto hubiera sido así entonces, habríamos visto a la pecadora levantarse airada y decirle a Jesús que Él no tenía nada de que perdonarla, porque ella no había hecho nada malo. El agradecimiento por el perdón, el agradecimiento por la misericordia divina, ya no se producen y no porque no se crea en esa misericordia, sino porque no se cree que se necesite, ya que no hay nada que perdonar porque no se ha hecho nada malo. Por lo mismo, la búsqueda del perdón ya no sirve de estímulo para hacer el bien, a fin de conseguir que el Señor te dé lo que necesitas (“mucho se le ha perdonado porque mucho ha amado”). No tengo que conseguir de Dios nada porque no necesito de Él nada; o, en todo caso, no necesito que me perdone porque no he pecado. Si fuera verdad, sería estupendo, pero no es así: somos pecadores y lo mejor que podemos hacer es reconocerlo.

 

 

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