De susto en susto

Jorge González Guadalix

 

Es que llevamos una temporadita…

Cuando empezó la cosa de los abusos a menores, y de manera especial a jovencitos, se trataba de algunos sacerdotes evidentemente pecadores, depravados y algo del todo excepcional. La segunda fase vino por los encubrimientos, en los que la Iglesia norteamericana fue una gran experta, lo que, por cierto, llevó a varias diócesis a la bancarrota.

Sorpresa fue conocer que los abusos no eran solo cosa esporádica de algunos sacerdotes, sino que había altos cargos no digo que enterados, sino practicantes y de la forma más asquerosa. Por ejemplo. Marcial Maciel, ejemplo de todas las maldades sexuales, económicas y narcóticas. Nadie sabía nada.

Luego hemos ido conociendo vidas no del todo ejemplares de varios obispos en lo personal y en lo tocante a la falta de criterio y eficacia a la hora de tomar decisiones ante los casos que iban surgiendo. Los protocolos conocidos desde Juan Pablo II y continuados por Benedicto XVI, además de todo lo expuesto por Francisco, da la impresión de que se han ido saltando a la torera con total serenidad.

Supimos la vida poco ejemplar del ex cardenal McCarrick, tan poco ejemplar que hasta ha sido expulsado del estado clerical por el papa. Conocimos la movida de Chile, de tal calibre que supuso la dimisión en bloque de todo el episcopado chileno y unas cuantas dimisiones. Saltan escándalos como setas. También en España, que nos pensamos que estas cosas, como se decían antes, solo suceden en el extranjero. Hasta en Montserrat han aparecido casos, con videos incluso en los que el actual abad reconoce estar al tanto. Pero… miró al soslayo, fuese y no hubo nada.

Acabamos de conocer que el cardenal Pell, responsable que era, al menos, de las Finanzas del Vaticano, fue detenido este martes en Australia por abusos sexuales de menores cometidos hace dos décadas, condenado y a la espera de que se emita la sentencia en su contra, que puede ser de varios años y que con toda probabilidad lo llevará a prisión. De momento sabemos que se han retirado las licencias para poder oficiar en público.

Dicen que estemos preparados para lo que nos queda por ver. Atentos al nombre de Zanchetta.

Son estas noticias que no hace falta rebuscar. Salen cada día en todos los telediarios abriendo informativos y son publicadas en primera página de todos los diarios del mundo.

Ahora mismo vamos de susto en susto. Hoy ha sido Pell. Mañana veremos cuál es su afán y su nuevo sobresalto. Es verdad que mucha gente tiene ganas de sacudir a la Iglesia, cierto de toda certeza, pero reconozcamos que damos muchas facilidades.

No tengo especial esperanza en los nuevos protocolos ni en el motu proprio sobre la cosa de los abusos. Creo más en un protocolo de oración, liturgia, vida cristiana en serio, recordar el catecismo y algo más de sentido común, que una cosa es el pecado, horrible siempre, y otra entrar en el delito, que es lo que andamos viendo.

Dicho esto, a seguir con ganas. Lo que no podemos permitirnos es flojear, dudar, venirnos abajo, tirar la toalla. Mal momento. Toca rezar mucho y, si es verdad que hay pecado en la Iglesia, y no hay más que vernos, tendremos que trabajar por la verdad, el amor y la fidelidad.

Pero qué horror, qué temporada llevamos.

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