De cuando rezo el rosario (I)

Maricruz Tasies

 

De cuando rezo el rosario aprendo a mirar quien realmente soy.

Por ejemplo, miro que soy una señora mayor que debe sentarse a rezar en una sillita de playa no solo para que no le duelan todos los huesos sino para que, si se duerme, como generalmente ocurre, la nuca y otras partes del cuerpo no sufran más de lo necesario.

Soy una señora mayor con dolores que muchas veces se duerme al rezar el rosario.

Rezo rosarios que me toman hasta hora y media entre lo que me despierto y sigo durmiendo, digo, rezando.

Eso y mil otras cosas aprendo de cuando rezo el rosario.

Me encanta porque toda vez que aprendo algo me doy cuenta cuán unida estoy por naturaleza a María Santísima pero también por cuán profundamente me tiene unida a su corazón por habérmele consagrado aunque, también, me doy cuenta de cuán fácilmente, por mérito de la gracia, me uno a Jesús de esta manera, a un punto tal que hasta puedo verlo guillándome el ojo.

Muy dichosos nos pasamos los tres junto a los santos y almas justas de la tierra que rezan el rosario a la misma hora; tan dichosos que, no más termino me quedo con la certeza de haber –realmente- contribuido a la salvación del mundo.

Cómo no podría, de seguido, continuar contenta lo que resta del día?

Bello, muy bello, bueno y verdadero todo lo que sucede en el alma y en el mundo cuando se reza el rosario.

De vez en cuando, escribiré alguna entradita al blog sobre aquello que aprendo cuando lo rezo.

Lo haré escribiendo contenta para demostrar lo contenta que me la paso.

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