Cuaresma tiempo de conversión y misericordia

El Papa Francisco nos indica que la cuaresma “es un tiempo favorable para salir de la indolencia existencial gracias a la escucha de la Palabra y a la acción misericordiosa”. Colombia tiene vocación de entendimiento, no de enfrentamiento; necesita soltar su indolencia mediante la misericordia como una re-acción por las víctimas en la que el sufrimiento de ellas se interioriza y mueve a la acción, para así anteponer la misericordia a cualquier cosa. Jesús comprendió la libertad desde la misericordia. La libertad significó para Él, que nada se podía convertir en obstáculo para el ejercicio de ella. Jesucristo es la esperanza para nuestra razón y la razón de nuestra esperanza de reconciliación nacional y “paz para todos”. Por ello, es urgente entrar “en el corazón del Evangelio para que la misericordia de Dios nos saque de nuestra miseria, avive nuestra fe, nos lleve a recibir el perdón y nos haga testigos del amor que ha sido derramado en nosotros” (Señor Arzobispo Ricardo Tobón, “Se abre la puerta de la misericordia”).

La palabra “misericordia” significa inclinar el corazón hacia el mísero o al pobre. “Pobre” es aquel necesitado de amor; es aquel que carece de polos de atracción; aquel por quien no conviene egocéntricamente decidirse; y también el que no cree en el amor de Dios. Pero también mísero significa miserable, por ejemplo, quien lleva una acusación fea el resto de su vida, y ante lo cual, hemos de ver a la persona antes que su acto miserable. La misericordia hace posible extraer Gracia en medio de las desgracias y miserias humanas. Debemos pedirle esa gracia a Dios, fruto de su Donación eterna y gratuita. La misericordia nos hace salir de nosotros mismos hacia el otro ¡lo hace nacer de nuevo! En hebreo bíblico existen, fundamentalmente, tres palabras para expresar la misericordia : Hen y Hesed, gratuidad; Hanan, Dios se inclina para levantarme; y rahamim, entrañas maternales. Dichos vocablos ponen de relieve el carácter “entrañable”, “maternal” del amor misericordioso de Dios.

En conclusión, en Cuaresma hemos de estar atentos a ejercer misericordia, para hacer que el otro miserable, pobre, mísero para mí, sienta que entrañable y gratuitamente me intereso por él, para levantarlo, darle una oportunidad y hacer que sienta que renace.

Que María Santísima, Esclava del “Padre de las misericordias” (2Cor 1,3), y que supo recibir todo como regalo, nos ayude a hacer la experiencia de Dios, viviendo sin tantas conveniencias, sino con gratuidad, ternura y misericordia.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *