Cuando perdiz, perdiz

Ya saben mis amables lectores lo que son las parroquias de Braojos, Gascones y La Serna en invierno. Muy poca gente, frío, soledad y los cuatro de siempre en misa (cuatro los días mejores, que a veces uno o…). Pero ahora es verano, y es, sobre todo, agosto, tiempo de vacaciones y tiempo, en consecuencia, en que mis pueblos cobran vida.Mucha gente, fiestas patronales, el sonido de los niños, la gente que toma el fresco a la puerta.

Ayer domingo encontré las tres iglesias llenas. Entiéndaseme bien. Llenas significa que, en Gascones, con domingos de invierno con apenas ocho o diez personas, ayer nos juntamos unos cuarenta. Otros tantos en La Serna, lo que significa ver los templos con sensación de lleno. Incluso la iglesia de Braojos, enorme, presentaba una asistencia más que notable, quizá debida también a que ayer, tercer domingo de mes, tocaba celebrar minerva.

Los días laborables notan también el verano. Cada día, en el pueblo que toca, rosario y exposición del Santísimo, y no falta gente. ¿Se hacen idea de lo que es, en un pueblo con apenas 70 habitantes empadronados, aunque en verano seamos bastantes más, tocar las campanas y que se congreguen diez o doce personas para rezar el rosario, adorar al Santísimo y participar en la eucaristía? Pues una maravilla.

Cuando penitencia, penitencia, y cuando perdiz, perdiz. Hay días cuasi penitenciales en invierno. Días de esos de nieve y frío, en unas iglesias gélidas, pero donde el calor de la fe y la devoción se sobreponen a las evidencias del termómetro. Días laborables bajo mínimos de grados y fieles. Domingos de templos con más vacíos que otra cosa. No importa. Cristo está ahí repartiendo su Palabra, regalándose en la Eucaristía.

Ahora da gusto. Hace calor, tampoco mucho, y los fríos templos invernales, ahora nos regalan su fresquito consolador. No hay prisa. Todo lo contrario. Da gusto llegar despacio y remolonear al acabar las celebraciones. Cristo es el mismo, convoca, llama, se regala, se da, nos espera.

En verano se nos hace el regalo especial de las fiestas patronales. Ese momento en el que los templos, y no digamos las ermitas y las romerías, se nos llenan. Hay mucha gente que no suele ir durante el año, simplemente, como dicen, “porque no tienen costumbre”, pero que sí la tienen de ir a misa y a la procesión del patrón o la patrona. “No vienen nunca y ahora como es la fiesta, ahí los tienes”. Es una forma de verlo. Yo prefiero decir que “es verdad que no suelen venir, pero aún acuden ciertos días”.

Hace un par de semanas hemos celebrado la fiesta de Gascones. Este próximo viernes comenzamos las de La Serna. Un poco más adelante, las de Braojos. Esto es la vida de nuestros pueblos. Cuando frío, frío. Cuando calor, calor. Cuando dos o tres, bendito sea Dios. Cuando nos juntamos unas docenas, mejor aún, y si somos multitud celebrando a la Virgen del Rosario, la del Socorro, San Agustín o la del Buen Suceso, entonces la alegría completa.

La vida parroquial es, en el fondo, muy simple. Es vivir y celebrar a Cristo, anunciar la fe, acompañar a la gente, animar a la conversión y la vida cristiana. Muy simple. Por lo menos aquí.

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