Cuando el salvaje oeste entró en el Vaticano

Carlos Esteban / InfoVaticana

3 de marzo de 1890. El Papa León XIII celebra su duodécimo año de reinado con el esplendor propio de la época, entraba en la magnífica sala vaticana de las audiencias sobre la silla gestatoria alzada a pulso por nobles romanos y entre flabelos de pluma de avestruz. Avanza entre los miembros de la corte pontificia, los cardenales, visitantes, diplomáticos. Pero, esta vez, había una presencia extraña en la espléndida sala: al entrar en ella el Papa, un indio pielroja, incongruentemente vestido con el atuendo nativo que tantas veces hemos visto en las películas y que proporciona un fuerte contraste con los cuadros de Rafael y Miguel Ángel que cuelgan en las paredes, da un grito y se arrodilla al paso de la comitiva pidiendo la bendición del pontífice.

El Salvaje Oeste americano había entrado en el Vaticano de la mano del legendario William Frederick Cody, Buffalo Bill, que había solicitado y obtenido una audiencia para acudir al Vaticano con los indios que formaban parte de su espectáculo itinerante, entonces en Roma.

El contraste no solo se planteaba entre la refinada y antigua parafernalia pontificia y el remoto mundo de las praderas americanas. Y es que Cody era un viejo y reconocido masón.

No así sus colaboradores indios, en su mayoría católicos. En la versión canónica de la conquista del Oeste que nos ha legado Hollywood y la propaganda histórica gringa, se diría que los colones ingleses y luego estadounidenses se toparon con unos nativos que nunca habían visto a un ‘rostro pálido’, pero lo cierto es que los indígenas de Norteamérica llevaban ya siglos tratando con los españoles, especialmente con sus misioneros, a menudo como súbditos nominales de la Corona. Y, naturalmente, muchos de ellos eran católicos.

Buffalo Bill, antiguo soldado del mítico Séptimo de Caballería, explorador al servicio del ejército y las compañías de ferrocarril y legendario cazador de búfalos, fue quizá el personaje que más hizo para popularizar el Salvaje Oeste en el mundo. Se había convertido, en su madurez, en empresario del espectáculo que reproducía las luchas con los indios y escenas diversas de la vida en la frontera, y viajaba por el mundo en largas giras que cosechaban grandes éxitos. Así llegó a Roma y, probablemente por insistencia de sus colaboradores indios, pidió una audiencia al Papa entonces reinante, León XIII, que le fue concedida, con la licencia adicional de que los nativos asistieran con sus atuendos y pinturas tradicionales.

La prensa del momento se hizo eco de la extraña escena, pero la historia tiene una curiosa coda. Aunque Cody nunca hizo un secreto de su adscripción a la masonería, entonces y ahora condenada por la Iglesia, el día antes de morir, 9 de enero de 1917, Buffalo Bill pidió al padre Christopher Walsh que le bautizase como católico.

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