Cristo es la autentica imagen de ti mismo

Ninguna mente humana sobrevive nutriéndose de la mentira.
Lo irreal trastorna su mente.
El Narcisismo, como patología, es prueba de ello.

Entre mayor es el compromiso con la verdad mayores serán los ataques de la mentira.
Para una batalla de este tipo la única protección es la armadura de Cristo.

Sería blasfemar decir que padre Pío, David o Judit estaban solos cuando lucharon cuerpo a cuerpo contra la mentira. Nadie está solo cuando elige ponerse del lado de Dios.

Identificar que todo ataque que por amor a la verdad recibes procede de parte de la mentira es crucial porque así no encontrarás sentido a desprenderte de la armadura de Cristo.

Algunos santos, como el padre Pío, batallaron cuerpo a cuerpo contra la mentira.
Salieron bien librados porque traían puesta su armadura. 🙂

Para una persona revestida de una idea falsa de sí mismo, el que expongas la verdad, constituye una auténtica agresión.

Cristo batalla a tu lado cuando eliges destruir la falsa imagen que tienes de ti mismo por causa del pecado.

El Misterio de Redención se realiza en cada uno que, movido por la gracia, elige destruir la imagen de sí mismo que por el pecado original ha elaborado.

Se podría decir que Cristo vino para ayudarnos a destruir la imagen que de nosotros mismos elaboramos por causa del pecado original, es decir, una imagen elaborada con mentiras.

Por qué es tan duro para el ser humano destruir la imagen que de sí mismo elabora?
Porque la ha construido con mentiras y la mentira es poderosa.
A la mentira solo Dios la vence.

Uno, hasta podría quedarse sin vínculos de sangre cuando éstos son con personas que alimentan una idea falsa de sí mismos. No temas. Siempre recuerda que “aunque mi padre y mi madre me abandonasen, el Señor me recogerá”

Muchos no caen en la cuenta que sus peores relaciones son con personas que tienen una idea falsa de sí mismos. Busca a quienes aman la verdad aun en perjuicio propio y obtendrás muchas buenas relaciones.

“Por lo demás, fortalézcanse en el Señor con la fuerza de su poder. Revístanse con la armadura de Dios, para que puedan resistir las insidias del demonio. Porque nuestra lucha no es contra enemigos de carne y sangre, sino contra los Principados y Potestades, contra los Soberanos de este mundo de tinieblas, contra los espíritus del mal que habitan en el espacio.
Por lo tanto, tomen la armadura de Dios, para que puedan resistir en el día malo y mantenerse firmes después de haber superado todos los obstáculos. Permanezcan de pie, ceñidos con el cinturón de la verdad y vistiendo la justicia como coraza. Calcen sus pies con el celo para propagar la Buena Noticia de la paz. Tengan siempre en la mano el escudo de la fe, con el que podrán apagar todas las flechas encendidas del Maligno. Tomen el casco de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la Palabra de Dios. Eleven constantemente toda clase de oraciones y súplicas, animados por el Espíritu. Dedíquense con perseverancia incansable a interceder por todos los hermanos”. Efesios 6, 10-18

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