Congreso de Verona: “El futuro pertenece a la familia natural”

Carlos Esteban / Infovaticana

 

Cuidadosamente ignorado por los grandes medios, se celebra en Verona un congreso mundial que tiene como objetivo la institución, a la vez, más importante de cualquier sociedad y la más furiosamente atacada: la familia.

El objetivo final del Congreso Mundial de las Familias es “afirmar, celebrar y defender la familia natural como la única unidad fundamental y sostenible de la sociedad”. Pero algo tan simple, necesario y, hasta hace poco, universalmente aceptado es hoy objeto de una hostilidad institucional y cultural desconcertante, como reconoce el presidente del congreso, Antonio Brandi, que también preside la organización provida ProVita Onlus, al periodista del National Catholic Register Edward Pentin.

“Nunca había visto nada así”, asegura Brandi. “Nunca había visto tanto auténtico odio contra personas que no han hecho nada malo”. El acoso al que están sometidos los organizadores y participantes es continuo. Miles de oponentes, en su mayoría laicistas militantes, activistas LGTBI y defensores del aborto han anunciado que se manifestarán en la ciudad durante la conferencia para protestar contra ella.

Este tipo de congresos sobre la familia han sido siempre especial motivo de celebración para la Iglesia, baluarte de los valores familiares, y antaño la jerarquía hacía frente común para bendecir y promover tales iniciativas. Pero ahora no solo parece haber otros intereses más urgentes y obsesivos, sino que el apoyo del episcopado italiano ha sido, en el mejor de los casos, menos que tibio.

La razón es, en parte, que el congreso cuenta con el decidido apoyo del ministro del Interior, Matteo Salvini, y de su partido, la Liga, que gobierna en coalición con el Movimiento 5 Estrellas, y la jerarquía eclesiástica italiana, siguiendo en esto al Papa, está empeñado en una guerra de palabras contra este grupo político, fundamentalmente por sus iniciativas contra la inmigración ilegal masiva. El secretario de Estado vaticano, cardenal Pietro Parolin ha dicho que está de acuerdo “con los valores” del congreso, pero no “con los métodos”.

Como Su Eminencia no ha aclarado bien a qué ‘métodos’ se refiere, sospechamos que, si bien la familia y sus valores le parecen muy respetables, defenderla de modo tan abierto distrae de metas más urgentes ahora en el Vaticano, como el medio ambiente, la inmigración masiva o el encuentro entre religiones.

Brandi se duele especialmente de esta falta de apoyo, confesando a Pentin: “En tiempos de dificultades se distinguen los cobardes de los verdaderos hombres. Hay tres categorías de personas: los enemigos, los cobardes que te abandonan o incluso de traicionan, y los soldados que avanzan. No nos dan miedo los ataques de quienes están fuera. Eso nos hace más fuertes. Son los ataques y traiciones desde dentro lo que nos desalienta”.

Pero Brandi también quiere señalar que, junto a esa hostilidad de unos y tibieza de otros, se advierte una reacción muy sana y positiva entre la gente común. Ayer mismo hablaba en el congreso una mujer emancipada y no confesional, Maria Giovanna Maglie, con este mensaje: “El futuro pertenece a la familia natural que debe tener la precedencia; esta élite dictatorial está ya en retirada y envenena los pozos con las mentiras que hemos oído y la complicidad del Partido Único Mediático”.

Maglie no deja títere con cabeza; llama al aborto “nuevo culto para el control de la natalidad”, del que cree que un día desaparecerá y, a pesar de ser una mujer ‘empoderada’, en cuando a la liberación de la mujer recuerda que también supone “elegir quedarse en casa cuidando de la propia familia”.

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