¿ Cómo podemos fundamentar la Resurrección de Jesús de Nazaret ?

  1. Introducción:

Si uno hace una encuesta en la calle, sobre ¿qué es lo que espera de la vida? La mayoría dirá que espera llegar a ser feliz. ¿Y qué nos haría feliz? Que la persona que más hemos amado nos ame. Pero tarde o temprano esa persona o yo se va a morir primero. Y el dolor de la pérdida es para el que queda y el que se va y así termina la vida generalmente. De hecho la palabra “amor” significa “sin-muerte”. Desde el punto de vista antropológico, desde el homo neanderthalis, se practican ritos funerarios, es decir, antes que el hombre tuviese consciencia y comencemos siendo homo sapiens-sapiens. Los restos más antiguos se han encontrado en la Cueva Tabun, en las laderas del Monte Carmelo, y corresponden a una hembra neanderthal que datan de hace unos 120.000 años.  Esto quiere decir que lo que buscamos no es ser felices, sino que el ser amado que muere siga estando, siga existiendo, siga viviendo, es decir, es la esperanza de resurrección lo que en realidad buscamos.

Cuanto más vitalmente experimentamos la vida, tanto más mortalmente experimentamos la muerte. Experimentamos en verdad nuestra condición mortal, no lisa y llanamente en la vida misma, sino en la vida del ser amado que perdimos. Por eso quizá, cuando muere uno de nuestros seres más amados o un hijo(a), el “nunca más” se vuelve tan real. El tiempo se convierte en sucesividad vacía. Intentamos darnos respuestas y acudimos a recursos psicológicos, religiosos, esotéricos o a “hacernos el loco” con lo que realmente sentimos dentro. El dolor de la pérdida es la única presencia que nos queda de ellos. Quizá luego de un tiempo de nuestra pérdida, es posible tocar el fondo de la herida para que de ella fluya la fuerza de la Vida Misma y nuestro corazón nos diga con más fuerza que los seres amados que perdimos aún viven. Lo que arruina la vida no es un acontecimiento, sino la interpretación que le damos. Para un padre o madre que ha perdido un hijo o hija, él o ella  no pueden morir. Y si ese sentimiento es tan hondo, intenso e íntimo, es porque Dios nos creó para la vida eterna. Paradójicamente, el más grande dolor nos prueba que Dios existe, pues, nos hace sentir con convicción profunda que lo que amamos no muere y ello se justifica realmente sólo si hay Alguien que es Presente Perpetuo: el Eterno. Si al exprimir el más grande dolor no cae una gota de sentido, Dios sería sólo una proyección de nuestras conveniencias y temores. Pero la más grande pérdida nos hunde en el más eterno pozo que sólo puede llenar y alcanzar Alguien que sea Eterno, de lo contrario, el vacío tendría la última palabra. Podemos descubrir que la vida ama a quien ama la vida y tiene fe en ella a pesar de todo. Dios es la Vida Misma y esta vida sólo puede ser entonces para siempre. Vivir es más vivir. Y vivir de verdad es lograr dar gracias a la vida desde el peor momento de nuestra vida. Si hallamos la Gracia en nuestra gran desgracia es porque existe Dios. Lo específicamente humano es que optamos por buscar un sentido a lo que nos ocurre y si buscamos con fe en Dios ese sentido, seremos capaces de vislumbrar la Esperanza en medio del tormento; y que la lucha de la Fe es la loca lucha por la posibilidad, pues, no se cree sino cuando no se descubre otra posibilidad. Dios significa en definitiva, que todo es posible y que todo es posible, significa Dios.

Jesús no nos salvó con su muerte sino con su vida, en cuanto que su asesinato, y su entregarse sin violencia a la violencia de los hechos, fue consecuencia de la entrega gratuita de su vida durante toda su vida, por su pasión que fue su Abba; se desvivió por ello hasta las últimas consecuencias, y en el Abbá están todos incluidos, no excluye a nadie de su corazón y eso tenía que gritarlo a los cuatro vientos. Su entrega de amor a Su Papito lo hace ver a todos como hermanos y que nadie se pierda. Su muerte no es un hecho aislado, no es un parche a la herida. No puede separarse la vida de Jesús de Nazaret, su Crucifixión, su Abandono, su Muerte y su Resurrección. No salva el dolor, sino el amor gratuito que Él vivió. Nos salvaremos viviendo como Jesús y amando al Dios de Jesús. Predicar la cruz hoy significa: seguir a Jesús. Y seguir a Jesús es per-seguir su camino, pro-seguir su causa y con-seguir su victoria. Y esa victoria es dejarse amar por el Dios de Jesús (el Abba) para amar “con” su amor, con gratuidad contra toda conveniencia. Al cargar la cruz, Jesús se solidariza con aquellos que son crucificados en este mundo. Empeñándose en la lucha para abolir del mundo la cruz, Jesús sufre sobre sí la cruz impuesta e infligida por los que crearon la cruz. La asume libremente, la acepta, no porque ve en ella un valor o un trono, sino porque rompe su lógica de violencia con su Gratuidad. Aceptarla es ser mayor que la cruz; vivir así es ser más fuerte que la muerte. Morir así es vivir. Dentro de esta muerte de cruz, por entrega de amor gratuito, hay una vida que no puede ser absorbida por la muerte. La vida está oculta dentro de la muerte. No viene después de la muerte. Está dentro de la vida de Jesús, de su amor, de su gratuidad, de su solidaridad, de su fidelidad, de su consecuencia y de su valentía. Por ello, resucita por su propio poder…el poder del Dios que se promete y se da a Sí Mismo. En consecuencia, predicar la Cruz de Cristo hoy, es predicar el seguimiento de Jesús. No es pasividad ante el dolor ni magnificación de lo negativo. Es anuncio de la positividad, del compromiso para hacer cada vez más imposible que unos seres humanos continúen crucificando a otros seres humanos. Esta lucha implica asumir la cruz y cargarla con valor y también ser crucificado con valor. Vivir así es vivir ya la resurrección, es vivir a partir de una Vida que la cruz no puede crucificar.

  1. Supuestos teológicos fundamentales:

¿Qué es Dios?:

Etimología de la palabra “Dios”:  El significado de la palabra Dios: “Dios” (en castellano) viene de “Deus” (en latín), que a su vez viene de “Zeus” (θεός ,en griego), que viene de “déi-no” (en indoeuropeo) que refiere a “lencten” y “leuchten”(también en indoeuropeo), que significa “Luz”. Luego, la percepción humana antropológica del concepto “Dios” es como:  “LUZ”.

Pero la Biblia en su original en hebreo, no dice que Dios es Luz ni tampoco que Dios es Amor, sino que dice (en hebreo) YHWH (Yahweh) Hen (Ex, 33, 19; 34, 6-7), que significa que “Dios es de Gratuidad”. Que “Él está gratuitamente contigo y conmigo”. Hay entonces algo más grande que el amor  y se llama GRATUIDAD. Ahora bien, ¿qué es la Gratuidad? Es el Misterio de la propia donación de Dios en cuanto Dios. Él no tiene una propiedad para darnos, sólo se tiene a Sí Mismo. Si lo más grande que existe es Dios, lo más grande que Dios puede dar es Él Mismo y por ello es de Gratuidad, pues, nada estará nunca a la altura del Regalo. De ahí que la salvación no es un premio, sino un regalo inmerecido e inmerecible. Salvarse o ser salvo es asumir que Dios se nos regala y vivir conforme a ello. La única medida del amor de Dios es amarnos sin medida. La única condición que nos pide es dejarnos amar por él sin condiciones porque el primer mandamiento no es sólo amar a Dios, sino dejarnos amar por Él. Dios es Todopoderoso porque puede darse a Sí Mismo completamente en cuanto Dios y es Eterno porque la Gratuidad no tiene límites y es Perfecto porque no excluye a nadie de su corazón. Lo que Dios está prometiendo no es el amor ni el paraíso ni el Cielo ni el universo ni la inteligencia ni la prosperidad ni la salud ni trabajo, etc…lo que Él promete es Él Mismo ¡y Él es Dios! Si descubriéramos de verdad y sin trampas de conveniencia la Gratuidad de Dios en nuestra vida, todo lo otro vendría por añadidura y llegaremos a amar a Dios aunque no hubiera Cielo ni infierno.

La fe es una experiencia con Dios. Es una experiencia con su ser de Gratuidad. Dicha experiencia auténtica no se puede probar, ni siquiera explicar, pero todo lo que uno sabe como ser humano, todo lo que uno es, nos dice que fue real. Se trata de recibir algo maravilloso inmerecido e inmerecible, algo que nos cambia para siempre. Una visión del universo que nos dice innegablemente cuan pequeños e insignificantes somos, y a la vez, cuan únicos y valiosos somos todos y cada uno de nosotros. Una visión que nos dice que pertenecemos a algo más grande que nosotros mismos, que nos trasciende, nos llama y atrae, con su Amor  Gratuito y que nadie está solo. Quien tiene alguna vez esa experiencia real y auténtica con Dios en su vida, inevitablemente querrá compartirla; querrá que todos, aunque sea durante un solo momento, pudieran sentir esa reverencia, esa humildad de Dios, esa esperanza sólida en sus vidas.

Dios nos salva del pecado:

La forma más usual de decir “pecado” en hebreo bíblico original  es Jatta ( aft ). Es una palabra hebrea en género femenino y concentra el concepto de “pecado-culpa”; “pecado-purificación”; “ofrenda por el pecado”. El nombre jatta aparece unas 293 veces y durante todos los períodos de la literatura bíblica. El matiz bíblico de este vocablo es: errar en el camino o no dar en el blanco. Luego, pecado en el sentido bíblico original  hebreo significa “errar el blanco”, “perder la dirección de mi vida, mi sentido”. Es no estar en sintonía con el Ser de Dios que es de Gratuidad, es decir, que se da a Sí Mismo en cuanto Dios a cambio de nada. Por lo tanto, el “deber ser” es a partir de lo que Dios Es. Luego, “erramos el blanco” o pecamos cuando no amamos ni hacemos actos de gratuidad sobretodo con aquellos que no pueden retribuirnos, por ello, el examen final para el Evangelio tiene que ver con lo que hicimos o no hicimos a los más abandonados (leer Mt. 25, 31-46). No hemos de amar sólo por amor a Dios, sino “con” el amor de Dios, es decir, gratuitamente.

Dios no puede imponer su Amor sin respetar la decisión libre de las creaturas hechas a su imagen y semejanza, pues, si Él no hace libre lo que crea se engañaría a sí mismo y si eliminara de la existencia a quien lo ha negado con su vida, se negaría a sí mismo, ya que Él es el único que da la existencia. La libertad (en creaturas hechas a “su  imagen y semejanza”, esto es: con “conciencia-voluntad-libertad-capacidad de amar”) es algo serio que Dios tomará siempre en serio. De hecho, una galaxia, una estrella, un cometa, un animal, etc., no pueden decidir orientar su vida y existencia hacia Dios o negando a Dios, pero nosotros sí contamos con tal dignidad y en tal sentido “hacemos camino al andar”. Nosotros decidimos la orientación fundamental que le damos a nuestras vidas y a nuestro destino eterno.

Dios se ha prometido a Sí Mismo y no se desdice de sus promesas. El original bíblico, más que hablar de “salvación”, habla de “rescate” (en hebreo bíblico original: rpk ,“kapar”= rescatar, redimir, propiciar) indicando la urgencia de sentido y que Dios está ahí contigo y aquí conmigo, haciendo todo lo que nuestra libertad  le permita para cumplir su promesa concreta de rescate. La mayoría de los creyentes concibe su salvación para el momento de su vejez o como alguien que evita que caigamos a un pozo profundo y oscuro, sin embargo, la Biblia se refiere más que nada al hecho de que Dios mismo baja a las profundidades de ese pozo y nos rescata, pero nosotros  decidimos echarnos o no en sus brazos. Dios no nos tira una cuerda para sacarnos del pozo, sino que Él mismo baja al pozo. Por ello la segunda Persona divina de la Trinidad (el Hijo) se encarna, sufre y muere para rescatarnos (Redentor, Rescatador), no desde un Cielo inaccesible e insondable, sino concretamente para prometerse, para Estar. Dios no nos pide “karmas” ni nos deja en la existencia reencarnándonos. Nos toma en serio, al punto de respetar nuestra libertad (sea o no sea a su favor) y al punto de sufrir y morir como nosotros, por amor a nosotros y para establecer una relación con nosotros y rescatarnos del sin-sentido que la existencia tendría si Dios no existiera o si principalmente no fuera, lo que por revelación sabemos que Él Es: Gracia o Gratuidad.

San Anselmo realiza un razonamiento lógico respecto a la salvación: el ser humano cometió el pecado o la falta, y por tanto, debe pagar la falta pero no puede, ya que la culpa es eterna porque el ofendido es Dios Mismo. Por otro lado, Dios puede pagar la falta, ya que es todopoderoso, pero no debe porque Él no cometió la falta y es el ofendido. Luego, el problema para salvarnos es que el ser humano debe pero no puede pagar la falta. Y Dios puede, pero no debe pagar la falta. Por lo tanto, la solución es alguien que en su propio ser pueda y deba al mismo tiempo. ¿Y quién puede? Dios ¿Quién debe? el hombre o el ser humano. En consecuencia, el único que puede salvarnos es alguien que sea en sí mismo verdadero Dios y verdadero Hombre; y ese es Jesucristo.

Dimensión existencial de la salvación de Dios:

Decimos que Dios nos salva del pecado, pero para quien no cree en Dios no hay pecado, sino errores, no hay Cielo ni Dios, sino felicidad. ¿Cómo entonces predicar la Buena Nueva de la Salvación gratuita a cualquier ser humano sea o no creyente? Es posible planteando la realidad de la “Triple problemática humana”.  Hay tres problemas que  cargamos como ser humano individual y social: el primer problema es la muerte; el segundo es la vida, porque ésta se torna absurda si todo es por nada y termina todo con la muerte; el tercer problema es la conveniencia porque solo queda luchar por el éxito aunque sea a costa de otros, donde lo que vale es lo que me conviene. La salvación de Cristo implica entonces dar solución real y efectiva a los tres problema que tiene el ser humano; Jesucristo verdadero Salvador nuestro sí responde a esos tres problemas por completo; si solo responde a uno o dos, daría lo mismo creer en cualquiera o cualquier cosa.

Pero, Jesucristo responde al problema de la vida encarnándose: la segunda Persona de la Trinidad se encarna o se hace materia o carne u Hombre, dando dignidad a nuestra vida y condición humana, porque Dios gratuitamente se hizo como uno de nosotros e “hizo morada en nosotros” (Jn 1, 14), es decir, la vida vale la pena vivirla. Responde al problema de la muerte resucitando al tercer día, y así la muerte ya no tiene la última palabra ni la vida deja de tener sentido. Responde al problema de la convivencia enviando al Espíritu Santo, que es el Amor Gratuito en Persona y así nuestras relaciones no están encadenadas para siempre a nuestro instinto de conveniencia o a buscar siempre lo que nos conviene; así queda abierta entonces, nuestra capacidad de decidirnos por el amor gratuito, demostrándolo principalmente, con los que menos nos conviene: prójimos enemigos, pobres, carentes de polos de atracción, abandonados, etc.; haciendo con ello realidad la construcción del Reino de Dios. De ahí que el mundo cristiano coincide en celebrar principalmente la Navidad (celebrando la respuesta al problema de la vida), la Pascua de Resurrección (celebrando la respuesta al problema de la muerte) y Pentecostés (celebrando la respuesta al problema de la convivencia).

¡La Biblia es inspirada por Dios y por tanto no contiene error:

La Biblia es inerrante, es decir, no contiene error; pero la verdad que entrega es una Verdad Salvífica, en el sentido de que todo lo escrito es pos nostram salutis (=por nuestra salvación). Además, la Biblia es un  libro Inspirado, solo por el hecho objetivo e histórico que es la interpretación de fe que un pueblo histórico (Israel) hace de su propia historia, de lo contrario, la Biblia sería un mero libro de filosofías o una ideología más u otro bestseller más. Ahora bien, en la Biblia hay tres tipos de verdad salvífica: verdad simbólica (utilización conciente de mitos, cosmogonías, formas y símbolos, con el fin de dar una verdad sobre Dios y sobre nuestro orígenes); verdad redaccional (interpretación de fe que hace el autor bíblico de un hecho histórico que él recibe por medio de una tradición oral o escrita y que lo adapta a la situación que vive el pueblo creyente, llegando a una redacción final); verdad histórica (hecho histórico verificado exegéticamente o por métodos historiográficos y literarios o por evidencias científicas y arqueológicas). Cada uno de los tipos de verdad bíblica salvífica es legítimo y no es mera casualidad, pues, es por nuestra salvación. “La Biblia no nos dice cómo va el cielo, sino cómo se va al Cielo” (Galileo Galilei)

  1. Planteamientos contra el dogma de la Resurrección y las respuestas creyentes respectivas

La gran mayoría de los estudios bíblicos de diversos orígenes y confesiones ha concluido que las “apariciones del Resucitado” son textos cuyo tipo de verdad es redaccional. Y el hecho de que las mujeres y luego los apóstoles encontraron la “tumba vacía”, es una verdad de tipo histórica. Por lo tanto, surge la pregunta: ¿Cómo se vació la tumba?, ¿Qué ocurrió finalmente con el cuerpo de Jesús de Nazareth? Ante estas interrogantes de importancia capital para el cristianismo y nuestra fe, han surgido respuestas desde la ciencia, el judaísmo, del ámbito ateo y creyente. A continuación expongo los planteamientos no creyentes contra la Resurrección y las respuestas creyentes respectivas.

Primer planteamiento no creyente contra la Resurrección:

Algunos antropólogos e investigadores (principalmente el teólogo modernista Alfred Loisy) descubrieron al principio del siglo pasado (1919), la existencia de religiones mistéricas contemporáneas a Jesús o que ya existían cuando Jesús vivió. Los cultos mistéricos que abundaban y se multiplicaban en el imperio romano desde la época helénica, coincidían en celebrar la muerte cruenta y posterior resurrección de personajes divinos (Dionisio- Baco, Osiris, Mitra, etc.), o bien, el descenso incruento a las partes inferiores de la tierra, superados después por el ascenso glorioso a las alturas de la vida inmortal de los dioses. Este esquema pascual coincide con la “predicación de los apóstoles” o kerigma cristiano: “Jesús murió pero resucitó; descendió a los infiernos, pero ascendió a los cielos”. De todo esto surge una duda e interrogante que pone en sospecha nuestra fe en la resurrección: ¿No habrá sido influenciada nuestra fe pascual cristiana o hasta quizá determinada históricamente por las creencias mistéricas paganas?; o por ejemplo, con respecto a la “religión mistérica de Mitra”, ¿hasta que punto influyo la religión de Mitra en el cristianismo?, ¿habrían los judeos cristianos formulado, escrito y creído los misterios principales del cristianismo a partir de la religión de Mitra?

Respuesta creyente I:

Se plantea la duda de que el anuncio kerigmático de la muerte y resurrección de Jesús sería fundamentalmente un “mito”, elaborado a partir del culto mistérico, desde el cual habría interpretado salvíficamente la historia sangrienta de la muerte de Jesús. Pero “el origen del culto de Mitra se pierde en la noche de los tiempos; en cambio, el cristianismo ha nacido en un momento de la histórica perfectamente conocido y en condiciones que no se ignoran” (Alfred Loisy). Además el kerigma cristiano constituye el núcleo de la fe cristiana palestina de habla aramea, antes de que el mensaje de Jesús se predicara en ambiente helénico, griego o pagano; por lo tanto, el contacto que tuvo la predicación cristiana con la pagana fue posterior a la contenida en el kerigma cristiano de ambiente palestino de habla arameo, que ya era creída, predicada, vivida y celebrada en la comunidad cristiana primitiva (cfr 1 Ped 3,19; 3, 22; Hech. 1,9-10).

Por otro lado, debemos afirmar que no hay pruebas arqueológicas, científicas o históricas de que Mitra existió históricamente y, por lo tanto, es un mito. En cambio, Jesús de Nazareth, sí existió históricamente. De esto no cabe duda a partir de los testimonios extra bíblicos o desinteresados, en cuanto a la necesidad de fundamentar nuestra fe. Tales testimonios son los documentos historiográficos escritos por historiadores contemporáneos a Jesús, quienes escriben solo un par de líneas sobre Jesús, pero eso basta, pues, prueba su desinterés y, por consiguiente, su objetividad respecto de lo que narran o mencionan. Tales historiadores son: Plinio el Joven, Suetonio, Tácito (romanos) y Flavio Josefo (judío). Además, se suman descubrimientos arqueológicos recientes (sometidos a análisis científico y carbono 14): una piedra tallada que contiene grabado el nombre de “Poncio Pilato” (piedra datada entre el 30 y 35 dc.). Hace algunos años se descubrió un “osario” (donde se dejaban los huesos de alguien importante) que llevaban la inscripción “Santiago el hermano de Jesús”. Seguramente, con el tiempo se irán descubriendo otros.

Otro nivel de esta respuesta creyente implica afirmar que siempre el pueblo judío ha sido muy orgulloso de sus costumbres y de que son nacionalistas. De hecho, la iglesia primitiva o los primeros cristianos no judíos, tuvieron que verse enfrentados a los “judaizantes”, que exigían que los recién convertidos se circuncidaran. Los judíos estén donde estén conservan su cultura y costumbres (existencia de sinagogas) hasta nuestros tiempos. Por lo tanto, los judeos cristianos no se dejaron contaminar ni influenciar por la religión de mitra, ni ningún culto mistérico. Quizá hasta en algunos casos la influencia fue a la inversa.

Segundo planteamiento no creyente contra la Resurrección:

Se trata del planteamiento judío, valido entre ellos hasta nuestros días. Se basa en Mateo 27, 62-66: los discípulos de Jesús habrían sustraído el cadáver, lo habrían escondido y luego habrían dicho y proclamado que Jesús resucitó. Incluso en la actualidad esta tesis está planteada en la película “The Body”, que ha sido producida con financiamiento judío.

Respuesta creyente II:

Este planteamiento de origen judío contra la fe de la resurrección de Jesús resulta inviable, puesto que supone una desfachatez tan extrema  por parte de los discípulos, además de una incoherencia tal con la cobardía mostrada por ellos pocos días antes. La hipótesis es simplemente imposible, también es anti-psicológico el hecho de que los discípulos hubieran dado su vida como la dieron (de manera cruenta) por una mentira que ellos mismos habrían inventado. Si los discípulos de Jesús construyeron un fraude de esa envergadura y consecuencias, hubieran dado antes su vida para salvar a Jesús y evitar su crucifixión. Es posible que alguno piense, que en la actualidad hemos conocido noticias que hay sectas que se suicidan en masa, motivados por creencias erradas o absurdas y que lo mismo pudiera pensarse de los discípulos de Jesús. Pero al respecto hay que afirmar que los discípulos dieron su vida de manera cruenta en distintas fechas, lugares y contextos y, por lo tanto, algo muy fuerte y sólido los llevo a ese extremo en la entrega por amor a su Maestro.

Tercer planteamiento no creyente contra la Resurrección:

La tercera hipótesis contra la Resurrección proviene de combinar el texto de Mateo 27, 62-65, sobre el posible robo fraudulento del cadáver de Jesús, con una insinuación hecha por Jn 20, 2. 13-15. Dicha combinación de estos textos podría ser la pista para indicar lo siguiente: Tesis de la confusión: una vez muerto Jesús, fue sepultado en una fosa común, como correspondía a los crucificados (recordemos que Jesús habia dicho: “el Hijo del Hombre no tiene donde reclinar su cabeza…”). Las mujeres se fijaron donde colocaban el cadáver con la intención de ir después a enterrarlo a un lugar más digno. Entretanto, José de Arimatea (sacerdote judío que defendió a Jesús ante el sanedrín) se habría adelantado a ellas y sepultó a Jesús en un sepulcro de su propiedad (Lc. 23, 50-53). A la mañana siguiente cuando las mujeres fueron a buscar el cadáver, no estaba y corrieron la voz de que habría resucitado. Cuando José de Arimatea vino a darse cuenta de la fantasía, los discípulos ya estaban convencidos de la resurrección y José de Arimatea, para evitar decepciones mayores, se guardó para él su secreto y nunca se supo donde había enterrado el cadáver.

Respuesta creyente III:

En esta última hipótesis atea se salva la buena fe de los apóstoles y de las mujeres (por su natural fantasía femenina), y se carga toda la responsabilidad al pobre de José de Arimatea, por no haberse atrevido a desilusionar a la gente crédula. Pero esta explicación, se salta el dato unánime de los evangelios sinópticos (Marcos, Mateo y Lucas que son más cercanos en fecha de composición en comparación con Juan que data del año 100 dc.). Pues bien, la ciencia historiográfica o de los historiadores afirma de que lo narrado en fuentes escritas, de autores que no se conocieron, que escribieron en distintos lugares y distintas fechas (aunque cercanas), y en distintos contextos, si hay coincidencias, es porque aquello que se narra y es coincidente es presumiblemente histórico en un alto porcentaje de probabilidad. En consecuencia, los evangelistas Mateo, Marcos y Lucas, que no se conocieron, escribieron en distintos lugares, contextos o situaciones, y en distintas fechas (aunque cercanas); si coinciden en un hecho con respecto a Jesús es porque eso ocurrió históricamente.

Por lo tanto, no hubo confusión, ya que está escrito en los tres evangelios sinópticos (sinópticos significa que pueden ponerse en paralelo y ser leídos así), que las mujeres vieron donde José de Arimatea colocó el cadáver y ese sepulcro fue el que fueron a ver a la mañana siguiente: Mt. 27,57-61; Mc. 15,42-47, y Lc. 23, 50-55. Es importante comentar aquí, que por algo la Biblia es inspirada por el Espíritu Santo, puesto que si sólo aparecieran esos datos en una o dos fuentes, podría caber la posibilidad de la tesis de la confusión.

  1. ¿Cómo probar finalmente que Jesús resucitó?:

En primer lugar, hay que tener claro que Jesús no fue revivido (como en el caso de Lázaro), sino que fue resucitado, es decir, pasa a la dimensión de la eternidad (sin espacio ni tiempo; en Presente Perpetuo). Por lo tanto, a Jesús no le vieron resucitado, como vemos normalmente a alguien, pues, excede el espacio-tiempo y la materia. Si lo hubieran visto realmente con los ojos del cuerpo, habrían visto a un fantasma. Esa misma presencia del resucitado que excede el espacio, tiempo y materia,  es la que misteriosamente está en la Eucaristía o Santa Cena cuando la celebramos como comunidad creyente.

El NT original, tal cual lo conocemos, fue escrito en griego popular o koiné. Y en dicho idioma hay varias maneras de expresar el acto de ver (“idete”; “blepei”; “theorei”; “eiden”,“ofthe”);  Lo importante es que una de esas maneras en particular, es la que más se aplica al hecho de que el Resucitado “fue visto” (“ofthe”).

Pero los que “vieron” al Resucitado, las mujeres, los apóstoles, los discípulos, eran hebreos y vivían el “ver” en su mentalidad hebrea original. En la vida podemos saber verdades o algunas cosas que consideramos verdad, pero la realidad es verificar lo que creemos que es verdad. Y el cómo de dicha verificación es lo que puede ser muy diverso. Sólo ellos y ellas, podían verificar que el resucitado era el mismo Crucificado y a quien ellos y ellos habían convivido y seguido durante tres años. El substrato hebreo en cuanto a la mentalidad original, que luego traduce en palabras koiné, puede venir de la palabra hebrea “Jâzôn” (ןzwh) que significa “visión” profética, inseparable del contenido de una comunicación divina. Jâzôn, que también traduce en hebreo “aparición”, en general, es el término que mejor describe cualquier comunicación divina, al margen de la forma que tomara; mientras que la palabra hebrea “marzeh” se refiere definidamente a visiones en las cuales el profeta veía representada delante de él las verdades o los propósitos que Dios quería que impartiera a su pueblo. Una visión podía ocurrir mientras estaba despierto (Dn.10,7; Hch. 9,3-7), durante el día (Hch. 10,3) o durante la noche (Gn. 46,2), o podía tomar la forma de un sueño (Nm. 12,6). La Biblia no establece una marcada diferencia entre visiones y sueños, con la excepción de que estos últimos sobrevenían mientras el profeta dormía.  Durante la visión el profeta perdía la conciencia de lo que lo rodeaba, y el Espíritu de Dios controlaba a tal grado las zonas sensoriales de su cerebro que literalmente veía, oía y sentía lo que se le presentaba en visión. También en hebreo la palabra “jazah”, indica ver, percibir, seleccionar.

Y la partícula fundamental primitiva hebrea, de “visión” o “Jâzôn” (ןzwh), es la partícula  ןhe “jen” que significa “¡he aquí! ¡miren, vean!” (…como expresando sorpresa). En arameo o caldeo también ןhe jen” indica lo mismo: “¡he aquí! ¡miren! ¡por lo tanto, [a] menos que, sea que”. Curiosamente también jen es femenino plural: “ellas” (usado solo cuando es enfático), ya que primero se apareció a ella y ellas. Lo sorprendente es que la palabra “jen” como hemos dicho anteriormente, refiere  al mismo Ser de Dios, que es de Gratuidad. Y la gratuidad es sorpresa, es inesperada, es sin lógica ni conveniencia humana, pues, se aparece como don, que lo recibimos con gozo y alegría, porque “Este es el día en que Actuó el Señor, sea nuestra alegría y nuestro gozo” (Salmo 117, 24).

Las palabras en koiné del NT indican que “ver” a Jesús Resucitado es como verlo a veces, con los ojos del cuerpo: Idete” (en koiné: idete), que significa “vean “, “miren”, “¡he aquí!”; o “blepei” (en koiné: βλεπει), que significa “está viendo”; o “theorei” (en koiné: θεωρει), que significa “está contemplando”; o “eiden” (en koiné: ειδεν), que significa “vió”. El Resucitado por ser verdadero Dios y verdadero Hombre, se convierte en el Posibilitador de todas las realidades posibles. Por ello, los textos de las apariciones lo muestran atravesando murallas, comiendo, tocándolo, desapareciendo, apareciéndose a muchos, comunicándose, hablando, no lo reconocen inmediatamente, etc.

“Vieron” la tumba vacía : Juan 20, 3-8

(20,3) εξηλθεν→Salió ουν→por lo tanto ο→el πετρος→Pedro και→y ο→el αλλος→otro µαθητης→discípulo/aprendiz/aprendedor και→y ηρχοντο→estaban viniendo εις→en/en un/en una/para/por/hacia dentro το→al/a la µνηµειον→sepulcro/tumba conmemorativa

(20,4) ετρεχον→Estaban corriendo δε→pero οι→los δυο→dos οµου→juntos και→y ο→el αλλος→otro µαθητης→discípulo/aprendiz/aprendedor προεδραµεν→corrió hacia adelante ταχιον→más rápido του→de el πετρου→Pedro και→y ηλθεν→vino πρωτος→primero εις→en/en un/en una/para/por/hacia dentro το→al/a la µνηµειον→sepulcro/tumba conmemorativa

(20,5) και→Y παρακυψας→habiendo inclinado hacia βλεπει→ve/está viendo κειµενα→yaciendo τα→las οθονια→vendas ου→no µεντοι→sin embargo εισηλθεν→entró

(20,6) ερχεται→Viene/está viniendo ουν→por lo tanto σιµων→Simón πετρος→Pedro ακολουθων→siguiendo αυτω→a él και→y εισηλθεν→entró εις→en/en un/en una/para/por/hacia dentro το→al/a la µνηµειον→sepulcro/tumba conmemorativa και→y θεωρει→está contemplando τα→las οθονια→vendas κειµενα→yaciendo

(20,7) και→Y το→el σουδαριον→sudario ο→cual ην→era/estaba siendo επι→sobre της→la κεφαλης→cabeza αυτου→de él/su/sus ου→no µετα→con των→las οθονιων→vendas κειµενον→yaciendo αλλα→sino χωρις→aparte de εντετυλιγµενον→habiendo sido enrollado εις→en/en un/en una/para/por/hacia dentro ενα→a uno τοπον→lugar

(20,8) τοτε→Entonces ουν→por lo tanto εισηλθεν→entró και→y ο→el αλλος→otro µαθητης→discípulo/aprendiz/aprendedor ο→el ελθων→habiendo venido πρωτος→primero εις→en/en un/en una/para/por/hacia dentro το→al/a la µνηµειον→sepulcro/tumba conmemorativa και→y ειδεν→vio και→y επιστευσεν→confió

Traducción Biblia de Jerusalén Jn. 20, 3-8

3.Salieron Pedro y el otro discípulo, y se encaminaron al sepulcro.

4.Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió por delante más rápido que Pedro, y llegó primero al sepulcro.

5.Se inclinó y vio las vendas en el suelo; pero no entró.

6.Llega también Simón Pedro siguiéndole, entra en el sepulcro y ve las vendas en el suelo,

7.y el sudario que cubrió su cabeza, no junto a las vendas, sino plegado en un lugar aparte.

8.Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado el primero al sepulcro; vio y creyó

Podemos observar que la traducción difiere del original y no traduce como las vendas yacentes, sino como vendas en el suelo, lo cual, no es exacto. Al estar las vendas “yaciendo” significa que ocurrió hace poco, que esas vendas que envolvían el cuerpo de Jesús, es como si se desinflaron y quedaron yacentes en el mismo lugar que envolvían; pero el resto, el sudario que cubría su cabeza, estaba enrollado en otro lugar, lo cual, supone una acción personal. Además, este texto verifica implícitamente el primado de Pedro en la iglesia primitiva (primus inter pares= primero entre los iguales), ya que es sabido que Juan no se llevaba bien con Pedro y sin embargo, deja claro en su evangelio, que aunque él corría más rápido y llega primero, no entra sino hasta que Pedro llegue y entre primero.

En cuanto a las apariciones del Resucitado se refiere a que lo vieron en el espíritu humano, esto es, la realidad de la “consciencia-voluntad-libertad-capacidad de amar y ser amado”, es decir, en todo aquello que nos hace homo sapiens-sapiens (y no animales) o que sabemos-que sabemos, y que estamos siendo.

Esto queda probado por el hecho de que el NT utiliza (en referencia al “ver” al Resucitado), el verbo griego “ofthe” = ωφθη = “ver en el espíritu” (por ejemplo, 1 Cor 15,5-8). En conclusión, lo vieron los que en consciencia (en cuanto a todo lo que implica el espíritu humano) creyeron y buscan a Dios con sincero corazón. El verbo “ver” con “ofthe” está escrito en el sentido de aparecer, experimentar, darse cuenta, fijarse en, visitar, ir a ver, asegurarse. Según se conjuga puede enriquecerse más su significado, que no puede sintetizarse en una sola palabra en castellano.

El Resucitado “fue visto”, se “apareció” : 1Corintios 15,5-8

(15,5) και→y οτι→que ωφθηfue visto κηφα→a Cefas ειτα→luego τοις→a los δωδεκα→doce

(15,6) επειτα→a continuación ωφθη→fue visto επανω→por encima de πεντακοσιοις→quinientos αδελφοις→hermanos εφαπαξ→una vez por todo tiempo εξ→de/del/procedente de/(de en) ων→quienes οι→los πλειους→más µενουσιν→están permaneciendo εως→hasta αρτι→ahora mismo τινες→algunos δε→pero και→también εκοιµηθησαν→fueron dormidos (en la muerte)

(15,7) επειτα→A continuación ωφθη→fue visto ιακωβω→a Jacobo ειτα→luego τοις→a los αποστολοις→apostoles/emisarios πασιν→a todos

(15,8) εσχατον→último δε→pero παντων→de todos ωσπερει→tal como si τω→a/al/a el εκτρωµατι→nacido prematuramente ωφθη→fue visto καµοι→también a mí.

Traducción Biblia de Jerusalén 1 Cor. 15, 5-8

5.que se apareció a Cefas y luego a los Doce;

6.después se apareció a más de quinientos hermanos a la vez, de los cuales todavía la mayor parte viven y otros murieron.

7.Luego se apareció a Santiago; más tarde, a todos los apóstoles.

8.Y en último término se me apareció también a mí, como a un abortivo.

Lo importante es que la traducción no está describiendo el cómo se apareció, sino que está afirmando que la experiencia con el Resucitado fue real; de ahí que el texto redaccional de las Apariciones del Resucitado caracterizan que lo pudieron tocar, que atravesaba murallas, que no era un fantasma, que comió con ellos, que no todos creyeron, que no lo reconocían de inmediato, etc….a fin de que ese aparecer, ese asegurarse, ese experimentar del “ofthe”, de cuenta de algo real y verificable, que transformó radicalmente la vida de los discípulos.

La experiencia del “ver” se dio en cada uno de los once apóstoles y de María la Madre de Jesús, María Magdalena y las otras mujeres; pues, sólo ellos y ellas podían testificar solamente que su experiencia correspondía al mismo Jesús, con quien compartieron tres años y aún más (en el caso de María, su madre).

Lo que Juan ve en la tumba vacía es un signo que permite a la comunidad primitiva, deprimida por la muerte de su Maestro, descubrir la significación salvadora de esa muerte: “Entonces, pues, entró también el otro discípulo, que había llegado primero al sepulcro, y vio y creyó, pues, todavía no conocían la Escritura, según la cual, debía resucitar de entre los muertos” (Jn.20,8-9; cf. Le. 24,25-27).

El milagro de la tumba vacía, está pues, íntimamente vinculado a la fe de los apóstoles que les permite ver al Resucitado y descubrir así que la muerte de Jesús fue salvación “por nuestros pecados”, según la fórmula kerigmática más primitiva.

Lo notable, el verdadero milagro, donde verificaremos la verdad de la Resurrección de Jesús es precisamente la transformación radical de los discípulos, quienes, inexplicablemente por la forma inmediata y sin influencias externas que los pudieran predisponer a ello, superaron la frustración total de la derrota de Jesús y descubrieron que ella no había sido la última palabra, sino que Dios había dicho la suya definitiva “resucitando a Jesús”. Esa visión del Resucitado por parte de los discípulos, no fue fruto de una reflexión genial que les permitiera elaborar “como una filosofía de la resurrección”, lo que había sido el desenlace fatal del crucificado. Tal genialidad es completamente ajena a los datos que disponemos. Ella proviene de una visión que da el espíritu de Cristo, al permitir comprender el significado salvador de lo acontecido.

Esa fe que permite “ver” al Resucitado no es una simple ilusión independiente del impacto de un hecho que, de otra forma resulta inexplicable. Es una visión tal que determina la transformación de Pedro y de los demás discípulos, en predicadores incansables de lo que vieron.

Y sobre la firmeza de lo que esos testigos vieron (cf. Hech. 10, 40-42) determina que a continuación muchos otros descubran la verdad del Resucitado; lo cual, a su vez determinará la transformación de sus vidas. Así pues, las consecuencias de la resurrección de Jesús son el criterio en que se pone al descubierto su verdad; y sólo al final, cuando se haya cumplido el tiempo, en el juicio de Dios, el conocimiento humano estará en condiciones de captar el suceso de la resurrección. Sólo entonces le veremos tal como es.

En definitiva, la transformación rápida e inexplicable de los discípulos de Jesús: de ignorantes a sabios, (capaces de convertir senadores romanos y gente culta); de cobardes a valientes, (capaces de dar la vida de manera cruenta); de frustrados a gozosos de lo que proclamaban, (incluso al punto de entrar cantando y alabando a Dios antes de ser muertos sangrientamente).,, toda esa transformación fulminante y radical en sus vidas y en la historia, resulta posible sólo si algo sólido, potente, irrenunciable e indesmentible ocurrió en ellos. Y eso es su visión del Resucitado, que los textos redaccionales de los evangelios tratan de explicarnos, y que no era una imagen mental o un fantasma o una sugestión colectiva, sino que era real y muy difícil de explicar (por ello, los evangelistas dan datos como: atravesó las murallas, porque estando las puertas cerradas Jesús entró; lo reconocen al partir el pan; come con ellos; se le puede tocar, etc.). Pero no importa aquí el “cómo” fue esa visión, sino que dicha experiencia en el espíritu humano de los apóstoles y las mujeres realmente ocurrió, al punto de que han marcado toda nuestra historia para siempre.

Somos herederos de esa fe testimoniada hasta el final de sus días por los apóstolos, quienes antes de morir imponían sus manos para transmitir su experiencia con el Resucitado, lo cual, se denomina como Sucesión Apostólica, conservada en la Iglesia Católica. La Iglesia es entonces la depositaria de dicha fe y es en Ella donde libremente confirmamos legítimamente la nuestra (cuyo contenido sintetiza el Credo Apostólico) y nos comprometemos a testimoniar con nuestra propia vida la fe en quien resucita la Esperanza: JESUCRISTO. Con el concepto de resurrección se quiere expresar la idea de que la muerte no fue el final. Su meta fue la Vida, no la muerte. Una Vida en Dios. La misma Vida de Dios.

Jesús sale al encuentro inesperadamente. Él es el que toma siempre la iniciativa. La presencia que experimentan, no es una invención ni surge de un deseo o expectativa de los discípulos. A ninguno de ellos les había pasado por la cabeza que pudiera aparecer Jesús una vez que habían sido testigos de su fracaso y de su muerte. Quiere decir que el encuentro con él no es el fruto de sus añoranzas o aspiraciones. La resurrección no es una proyección psicológica de sus deseos antropológicos de renacer.

Jesús se hace presente en la vida real. La nueva manera de estar presente Jesús no tiene nada que ver con el templo o con los ritos religiosos. Ni siquiera están orando cuando se hace presente. El movimiento cristiano no empezó su andadura como una nueva religión, sino como una forma de vida. De hecho los romanos los persiguieron por ateos. En todos los relatos de apariciones se quiere decir a los primeros cristianos que en los quehaceres de cada día se tiene que hacer presente Cristo. Si no lo encontramos en las situaciones de la vida real, no lo encontraremos en ninguna parte.

 

©Gabriel Cifermann (Teólogo chileno)

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