Colectas no presenciales

 

Tengo unos feligreses que no me los merezco. No voy a caer en la tentación de dividirlos entre reales y virtuales como si los que se incorporan a la celebración eucarística a través de sus ordenadores fueran algo así como una especie de ectoplasma. Feligreses reales que cada día viven la eucaristía, la celebran, la gozan.

Podrían parecer las misas retransmitidas por las redes sociales celebraciones frías, sin pueblo, sin el calor de una comunidad presencial, para nada participadas, donde el celebrante hace de Juan Palomo que yo me lo guiso y yo me lo como. Podría parecer. Sí. Sin embargo, mi experiencia es muy otra.

No son muchos los que siguen mis misas por las redes sociales. Los días laborables puedo llegar a unas 150 reproducciones y algo más los domingos. Dicho esto, he ido comprobando muchas cosas.

Mi costumbre es conectar unos minutos antes de la hora de la celebración de la santa misa, que aprovecho para saludar a los fieles y que se saluden. Es interesante descubrir cómo muchos son los mismos, día tras día, y se saludan y se preguntan sabiendo que viven a muchísima distancia en ocasiones. Me recuerda a los corrillos de las iglesias antes de misa, donde uno se encuentra con los amigos de la misa de tal hora, saludas y preguntas por la familia. El caso es que ya no son gente conectada a un ordenador, sino que se van sintiendo comunidad. Esto es grande.

Pocos comentarios durante la misa, aunque es bastante normal que en el momento de la oración de los fieles presenten alguna intención o que respondan al sacerdote en algunas cosas: “señor ten piedad”, “y con tu espíritu”, “te alabamos, Señor”. La comunión, como no puede ser de otra manera, espiritual. También hacen sus encargos de misas con toda normalidad.

A veces me encuentro con algún comentario mínimo a la homilía, alguna observación. Y muchos que se despiden de los demás al desconectar.

Pero es que además está pasando una cosa a mi modo de ver muy interesante. Jamás he pedido un euro a nadie, pero mis feligreses actuales son conscientes de las necesidades de la comunidad parroquial, y ellos mismos sugirieron alguna forma de colaborar. Hoy mismo me llega una transferencia bancaria de uno de ellos con este concepto: “colectas no presenciales”. Dios se lo pague.

Cuando dentro de unos días nos permitan volver a los templos de forma presencial echaré en falta estas misas. Me piden que continúe retransmitiéndolas, pero me da miedo, porque no quisiera que pudiera suceder que en lugar de ir a la iglesia nos quedemos tranquilamente en casa. Por otra parte, sé que puedo estar haciendo un favor a algunas personas que se sienten cómodas en estas misas y que no les es posible asistir en sus parroquias. Ya iremos viendo.

Por cierto, celebro todas las misas “ad orientem”. Al principio esto causó extrañeza en algunas personas. Una vez explicado, no solo lo entienden, sino que están encantados con el asunto.

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