Celebrar “ad orientem” en los impresionantes retablos de Braojos

Estando en la parroquia de la Beata Mogas, en Tres Olivos, en Madrid, teníamos la costumbre de celebrar la primera misa del domingo “ad orientem”. En su momento expliqué en el blog el sentido de celebrar así y, posteriormente, ofrecí una crónica de lo que fue la primera misa “ad orientem” en la parroquia. En Braojos, y en el resto de mis pueblos, celebramos la misa con el sacerdote mirando a la asamblea.

El caso es que en la iglesia parroquial de Braojos tenemos unos retablos en el transepto de esos que realmente quitan el hipo. Destaco en el lado del evangelio el que alberga a la Virgen del Rosario, barroco, de mediados del XVII, y en el lado de la epístola el grandioso retablo barroco obra de Gregorio Fernández y completado con pinturas de Vicente Carducho. Evidentemente, dos retablos con sus altares adosados.

Fue una ocurrencia de un servidor. El día 7 de octubre es la Virgen del Rosario y propuse celebrar la eucaristía de la fiesta al día siguiente en su altar. Por otro lado, el retablo de Gregorio Hernández, que tiene como figura central la Asunción de María, nos ofrece en el ático una impactante imagen del arcángel San Miguelderrotando al demonio. Habida cuenta la petición del papa Francisco de rezar la oración a San Miguel, un día hemos celebrado la misa en el altar de ese retablo. Tan impactante fue la experiencia, que el sábado pasado, la vigilia de la adoración nocturna, la tuvimos en la capilla que llamamos de los Vargas donde está colocado el retablo de Gregorio Fernández. En ese marco, en ese altar, la Eucaristía y la adoración. Impresionante y todo lo que se diga es poco.

Por supuesto que, en estos retablos, la celebración de la misa tiene que ser necesariamente ad orientem. Miedo me daba de que la gente se sintiera incómoda en la celebración, ya que son cincuenta años de ver celebrar al sacerdote coram populo. Por eso al acabar la misa pregunté por la experiencia. Las pocas personas estaban no digo encantadas, sino emocionadas. Tanto, que la vigilia de la adoración nocturna la hicimos así.

Hoy no se pueden hacer retablos así, pero allí donde los tenemos, no pueden quedar reducidos a mero objeto decorativo. Resulta triste que, altares con su ara, donde se celebró la misa tantas veces, hoy queden reducidos a meros soportes para una maceta o dos candelabros que no sabemos qué hacer con ellos.

Podría contar muchas cosas. Me limito a expresar el gozo que supone celebrar la misa contemplando el cielo frente a ti. En el centro, un extraordinario relieve con la Virgen subiendo cielo llevada por unos ángeles que se salen del retablo. Más abajo, la Virgen entregando la casulla a San Ildefonso. En el ático, san Miguel derrotando al demonio. Los cuadros de Carducho que traen a la celebración a San Pedro y San Pablo, Santa Ana y Santa Catalina. En la predela la Anunciación, San Jerónimo, Santa Teresa, San Antonio, san Diego de Alcalá… Es como si a la celebración de la Eucaristía se asomase el cielo para contemplar el misterio de la fe. Qué impresión elevar la hostia y el cáliz a la vez que contemplas a los ángeles que rodean a María y se alegran en el cielo.

Seguiremos celebrando en esos altares de cuando en cuando. Ya lo creo que sí.

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