Carta del Santo Padre al Gran Adán de la Universidad de Al-Azhar en la Conferencia de Jerusalén

Al Ilustre Doctor Ahmed al Tayeb
Gran Imán de Al-Azhar

Excelencia:

He recibido su carta del pasado 16 de diciembre relativa a la Conferencia Internacional Al-Azhar en apoyo de Jerusalén, que tendrá lugar el 17 de enero. Le agradezco su cortés invitación, así como las amables expresiones de estima que expresa respecto a mi persona y que intercambio cordialmente.

Como usted observa, ese día estaré comprometido en un viaje apostólico, pero desde ahora aseguro que no dejaré de seguir invocando  a Dios por la causa de la paz, de una paz verdadera, real . En particular, elevo mis más fervientes oraciones para que los líderes de las naciones, las autoridades civiles y religiosas, en todos los lugares, se comprometan a evitar nuevas espirales de tensión y a sostener todos los esfuerzos para que la concordia, la justicia y la seguridad prevalezcan entre las poblaciones de esa Tierra bendita que llevo en mi corazón.

La Santa Sede, por su parte, no dejará de recordar con urgencia la necesidad de que se reanude el  diálogo entre israelíes y palestinos para una solución negociada, encaminada  a la coexistencia pacífica de dos Estados dentro de las fronteras entre ellos acordadas y reconocidas internacionalmente, en el pleno respeto de la naturaleza peculiar de Jerusalén, cuyo significado va más allá de cualquier consideración sobre cuestiones territoriales. Solo un estatuto especial, garantizado también internacionalmente, puede preservar su identidad, la vocación única de lugar de paz que evocan los Santos Lugares y su valor universal, permitiendo un futuro de reconciliación y esperanza para toda la región.

Esta es la única aspiración de quien se profesa auténticamente creyente y no se cansa ​​de implorar con la oración un porvenir de fraternidad para todos. Con estos sentimientos, me complace renovarle mi saludo cordial, invocando del Altísimo todas las bendiciones para su persona y para la gran responsabilidad que ostenta.

Del Vaticano, 10 de enero de 2018.

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