Cardenal Wojtyla a Pablo VI: la prohibición de la anticoncepción es infalible e irrevocable

Una carta que el cardenal Karol Wojtyla envió al papa Pablo VI en 1969 subraya que la prohibición de la anticoncepción de Humanae vitae es una enseñanza «infalible» e «irrevocable» que la Iglesia misma «no tiene poder para cambiar».

Según Monseñor Livio Melina, profesor titular y ex presidente del Pontificio Instituto Juan Pablo II de Estudios sobre Matrimonio y Familia en Roma, la carta de Wojtyla a Pablo VI también es decisiva en tanto que demuestra que Humanae vitae «no es una cuestión de asesoramiento confiada a la interpretación de la conciencia, sino una enseñanza doctrinal vinculante»

La carta fue publicada por primera vez en italiano a principios de este año, como parte de un nuevo libro del padre Paweł Stanisław Gałuszka, titulado Karol Wojtyła y Humanae Vitae. El libro examina la contribución que Karol Wojtyla y los obispos polacos hicieron a la edición y recepción de Humanae Vitae cuando Wojtyła era arzobispo de Cracovia.

El libro contiene varios documentos nunca antes publicados, incluida la carta que Wojtyla envió a Pablo VI en 1969, después de que numerosos episcopados expresaran su oposición a Humanae Vitae. En marzo, el libro fue presentado en la Universidad Lateranense de Roma, con la asistencia de figuras clave del Vaticano.

Mons. Melina, teólogo moral de gran prestigio y sucesor del fallecido cardenal Carlo Caffarra como presidente del Instituto Juan Pablo II, escribió el prefacio del libro de Gałuszka.

En comentarios a LifeSiteNews, ha explicado que la carta de Wojtyla a Pablo VI es decisiva en tres puntos:

Primero, que la ley moral y por lo tanto también la norma de Humanae vitae [la prohibición de la anticoncepción] es la expresión de una verdad sobre el bien y no la imposición arbitraria de un legislador, de modo que la Iglesia misma no tiene poder para cambiarla (contra el legalismo nominalista); segundo, que Humanae vitae es una enseñanza infalible e irrevocable, por el Magisterio ordinario universal, aunque no por un acto definitorio solemne (ex cátedra); y tercero, que Humanae vitae no es una cuestión de consejo, que se confía a la interpretación de la conciencia, sino una enseñanza doctrinal vinculante.

La publicación de hoy de la carta de 1969 del Cardenal Wojtyla a Pablo VI llega cuando surgen nuevos hechos sobre los orígenes de Humanae vitae. Los hallazgos recientes, contenidos en un nuevo libro, El nacimiento de una Encíclica: Humanae Vitae a la luz de los Archivos del Vaticano, se basan en una investigación «secreta» de la Comisión del Vaticano sobre documentos archivados relacionados con el trabajo preparatorio de la encíclica.

Su autor, monseñor Gilfredo Marengo, es miembro de la comisión nombrada por el Papa Francisco.

En la visión de Mons. Melina, el libro de Marengo intenta «disminuir la importancia» de Wojtyla en la preparación de Humanae vitae, «y en la estimación de Pablo VI.» Su «desafío» al libro de Pawel Gałuszka, dijo Melina, se puede ver en la interpretación de Marengo, que tiende a «enfatizar en cambio la influencia de los franceses (primero Martelet, SJ, y luego Poupard y Martin, de la Secretaría de Estado)».

«Marengo desea apoyar una interpretación más matizada (antropológica – renovada teológica) de Humanae vitae, contra lo que él llama posiciones ‘moralistas’ y casuísticas», dijo Melina a LifeSiteNews, pero estas posiciones «finalmente prevalecieron bajo influencias negativas de la Congregación para el Doctrina de la fe (¿y Wojtyla?)» [Nota del traductor al español: aquí parece claro que Mons. Melina está trasmitiendo la opinión de Mons. Marengo]

Mons. Melina señaló que el nuevo libro de Marengo ofrece «datos objetivos» de los Archivos del Vaticano. Si estos datos se presentaran correctamente, dijo, le permitirían al lector «apreciar la influencia del Cardenal de Cracovia».

Melina dijo que hay «tres hechos importantes» que Marengo ha informado, pero a los que no atribuye suficiente importancia. Primero, que Pablo VI envió el borrador inicial de lo que eventualmente se convirtió en Humanae vitae (un texto llamado De nascendae prolis) a solo dos prelados: «uno era el cardenal Felici y el otro era el cardenal Wojtyła (Marengo, 99-ff)».

En segundo lugar, en la documentación enviada a Pablo VI como un dossier para la edición final, además de la contribución del Cardenal Wojtyla, también estaba el memorándum de Cracovia (Marengo, 101). Wojtyła se refiere a este memorándum en su carta.

Por último, dijo, está el hecho de que «a pesar de que Pablo VI finalmente no aceptó la sugerencia del Cardenal Wojtyla de publicar una Instrucción Pastoral en respuesta a las reacciones a Humanae vitae », sí hizo que un comentario del Cardenal de Cracovia fuese publicado en el Osservatore Romano, y «lo animó a publicar la Instrucción en Polonia (Marengo, 129)».

«Estos tres hechos esenciales», reportados por Marengo, «contradicen su interpretación de que Wojtyla tuvo poca influencia en la preparación de la encíclica», sostiene Melina.

En el momento en que la Iglesia celebra el 50º aniversario de Humanae vitae, publicamos a continuación en su totalidad, por primera vez en inglés, la carta del Cardenal Wojtyla al Papa Pablo VI.

Carta al Papa Pablo VI (1969) Traducida al español por Néstor Martínez para InfoCatólica

Card. Karol Wojtyla

Santo Padre:

Con esta carta, deseo agradecer nuevamente a Su Santidad la encíclica Humanae vitae, cuya promulgación en julio de 1968 concluyó un período dedicado al estudio en profundidad del tema de la transmisión de la vida en el matrimonio, a la luz de los principios de la moralidad cristiana. Durante este período, la Iglesia, de acuerdo con las instrucciones expresadas por su Maestro Supremo y Pastor, ha tenido cuidado de no cuestionar este principio ético, y ha continuado proclamándolo en este asunto. También se ha esforzado por obtener una comprensión más profunda de su significado, razón de ser y posibilidades de aplicación frente al estado actual de la ciencia humana, particularmente en los campos de la fisiología, la psicología y la demografía contemporáneas.

La doctrina moral de la encíclica Humanae vitae fue aceptada, después de su publicación, por todos los fieles cristianos y especialmente por el episcopado católico con gran convicción y profunda gratitud. Sin embargo, en algunas áreas, la formulación de una doctrina clara en esta área tan importante de la moralidad humana se ha encontrado con las dudas ya existentes sobre el principio mismo, así como con algunas prácticas diferentes presentes en la vida conyugal y en la vida pastoral. Hay teólogos, incluidos algunos a menudo citados por la Iglesia, que aún hoy se convierten en los voceros de estas dudas. La publicidad y los medios de comunicación social amplifican su circulación y siembran confusión en el ministerio pastoral. Tal desorientación se arrastra tanto entre los laicos -particularmente en algunos círculos- como entre los sacerdotes que son pastores de almas y confesores, a pesar de las claras declaraciones de la Santa Sede y los obispos locales sobre este asunto. La confusión no solo afecta el correcto discernimiento de las normas morales contenidas en la encíclica Humanae vitae y su carácter vinculante, sino también la totalidad de la vida cristiana. De hecho, desafiar la doctrina moral de la Iglesia en un campo tan importante como el que trata la encíclica puede ser una ocasión que da lugar a un proceso mucho más amplio de desafiar a otros elementos de la fe y las prácticas cristianas.

Por lo tanto, incluso en sociedades donde la fe y la conciencia moral son tales que las directivas del Santo Padre son aceptadas voluntariamente, surgen grandes dificultades debido a interpretaciones de la encíclica Humanae vitae que difieren de las del Papa. Gracias a los medios de comunicación social, personas de todos los rincones del mundo reciben información de inmediato. En particular, se utilizan declaraciones de algunos episcopados, que se consideran diferentes de la enseñanza de la encíclica, especialmente con respecto a las soluciones prácticas.

En esta situación, parece ser absolutamente necesario que la Santa Sede contemple una serie de disposiciones destinadas a ayudar a los sacerdotes y los laicos a resolver estas dificultades. Se podría considerar redactar una instrucción muy detallada para los sacerdotes comprometidos en el ministerio, especialmente confesores, catequistas y predicadores. Esta instrucción, además, debe contener posiciones muy precisas con respecto a varias formulaciones teológicas, especialmente teológicas-morales, cuyo tenor está en claro desacuerdo con la enseñanza de Cristo transmitida por la Iglesia.

Al hacerlo, se podría aclarar la posición de la Iglesia con respecto a ciertas opiniones teológicas, cuyos autores, y sus seguidores, creen que la ausencia de tal aclaración confirma sus tesis. En particular, sería necesario aclarar la cuestión de la obligación e infalibilidad del magisterio ordinario de los Papas, y señalar la dependencia del teólogo católico de la autoridad del magisterio de la Iglesia.

En este contexto, quisiera adjuntar a esta carta varias propuestas más detalladas destinadas a dar estructura al contenido de la Instrucción Pastoral en cuestión. Estas propuestas fueron elaboradas por el grupo de teólogos y sacerdotes de Cracovia que, antes de la publicación de la encíclica Humanae vitae, ya había preparado un extenso memorándum sobre los problemas que la encíclica debería abordar. Envié este memorándum a la Santa Sede en febrero de 1968. Actualmente, el mismo grupo de teólogos y sacerdotes, incluido uno de los obispos auxiliares de Cracovia, ha preparado las propuestas que presento a Su Santidad. Estas propuestas representan solo un esquema general. No constituyen el texto real de la instrucción, sino que indican los problemas que, en nuestra humilde opinión, deberían abordarse.

  1. La primera parte de la instrucción debería contener las declaraciones de los Obispos y Episcopados publicadas con motivo de la encíclica Humanae vitae.
  2. La segunda parte de la instrucción debería contener la doctrina del Concilio Vaticano II que, después del Concilio Vaticano I, define una vez más los principios de la infalibilidad.
  • La tercera parte debería tratar con la conciencia y su relación con la ley moral.
  1. La cuarta parte de la Instrucción que proponemos debería, siguiendo la encíclica Humanae vitae, exponer la doctrina sobre el matrimonio, particularmente algunos de sus aspectos, para presentar una perspectiva correcta y clara sobre el tema del amor conyugal.
  2. La quinta parte de la Instrucción propuesta (y ciertamente la última) debería dedicarse al análisis del aspecto sacramental del problema.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *