Cardenal O’Malley delata a colega de Nueva York, el cardenal Dolan, por encubrimiento

Carlos Esteban / InfoVaticana

 

 

Por primera vez desde los inicios, en 2002, de la crisis de abusos sexuales clericales un cardenal ha expuesto los trapos sucios de un colega: Sean O’Malley, arzobispo de Boston y cabeza de la Comisión Pontificia para la Protección de Menores, ha denunciado un caso de pederastia clerical encubierto por el Arzobispo de Nueva York, Timothy Dolan

 

El cardenal Sean O’Malley, presidente de la Comisión Pontificia para la Protección de los Menores, miembro del consejo de cardenales del Papa y arzobispo de Boston, Seán O’Malley, ha denunciado a su colega, Timopthy Dolan, arzobispo de Nueva York, ante el nuncio en Washington por encubrimiento de un sacerdote pederasta.

 

En una carta del 21 de diciembre, O’Malley llama la atención del nuncio en Estados Unidos, el arzobispo Christoph Pierre, sobre el caso del padre Donald Timone, a quien Dolan permitió seguir en el ministerio activo en la Archidiócesis de Nueva York, llegándole a calificar de “notablemente tierno y santo en 2013-, aunque conocía las graves acusaciones de abusos sexuales que pesaban sobre él, informa Church Militant.

 

El caso Timone ha aparecido en un reciente reportaje del New York Times en el que se detalla que Dolan pagó compensaciones a dos de las víctimas del sacerdote y ha permitido que continúe en el ministerio activo hasta ahora, que finalmente ha sido suspendido por la presión mediática del caso.

 

Se trata, como decimos, de un caso sin precedentes: nunca antes un obispo había acusado a un colega connacional de encubrimiento de abusos ante un representante de la Santa Sede. Pero eso, que debería ser una magnífica noticia y un indicio de que empieza a resquebrajarse el muro de silencio, la ‘omertà’ corporativista que ha caracterizado la actitud de la jerarquía eclesial en este y otros desmanes, presente algunos puntos oscuros o, al menos, cuestiones que nos llevan a preguntarnos por las motivaciones de O’Malley.

 

O’Malley, conviene recordar, preside una archidiócesis, la de Boston, en la que nacieron los primeros grandes escándalos de 2002 y a la que se trajo para que la limpiara, pero algunas noticias sobre su Seminario Mayor indican que la limpieza dista de haber sido integral. Por lo demás, O’Malley -o su oficina en la comisión pontificia que preside- recibió una carta detallando los abusos del ex cardenal Theodore McCarrick antes de que estallara el escándalo, y la ignoró.

 

¿Por qué ahora, y por qué con Dolan? Es difícil de creer, después de la lectura del informe del gran jurado de Pensilvania, que no existan innumerables casos del tipo que ahora denuncia O’Malley en otras diócesis, especialmente en las más permisivas con los grupos LGTB o las puestas al cargo de ‘pupilos’ de McCarrick, como el Newark de Tobin o el Chicago de Cupich, por no hablar del Washington que aún administra Wuerl, sucesor del ex cardenal.

 

Dolan, no se olvide, fue quien puso en marcha inadvertidamente toda la cadena de revelaciones que ha convertido este verano pasado en un infierno para el prestigio de la jerarquía católica, cuando hizo público el caso ‘creíble’ de pederastia del entonces cardenal McCarrick, una tormenta que tuvo su punto álgido con la aparición del Informe Viganò.

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