Beatifican en Francia a la Madre Alfons María, “una intrépida mensajera del amor divino”

El Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, Cardenal Becciu, presidió en Francia la Misa de beatificación de la Madre Alfons María, fundadora de Congregación de las Hermanas del Divino Redentor a quien recordó como “fiel seguidora del Evangelio y una intrépida mensajera del amor divino”.

En la homilía de la Catedral de Nuestra Señora de Estrasburgo (Francia), el Cardenal Becciu indicó este 9 de septiembre que “hoy la Iglesia de Estrasburgo está feliz de ver a su hija, la Madre Alfons María, inscrita en el catálogo de los beatos y propuesta como modelo de vida evangélica”.

“Cuando todavía estaba viva, la Beata Alfons despertó la admiración de quienes la conocieron, quienes descubrieron en ella las características de una vida santa y el heroísmo de las virtudes cristianas”, reconoció el Cardenal.

“Dos puntos” que marcaron su vida: “conocer los deseos de Dios y seguir estos mismos deseos al cumplir su voluntad”.

“Creció en intimidad con Él y se dio cuenta de dos hechos desconcertantes: lo mucho que Dios ama a cada uno y como muchas personas muestran indiferencia por tanto amor. Por entonces nace en su corazón de modo claro y urgente el llamado a ser instrumento de ese amor: deseaba que, a través de ella, todos pudieran experimentar lo mucho que son amados por Dios”.

De ese llamado nació la familia religiosa de las Hermanas del Divino Redentor el 28 de agosto de 1849, con un “carisma centrado en la misericordia de Dios”.

“Bajo la dirección de la Madre Alfons María, vemos a sus hermanas jóvenes realizar acciones simples y concretas que apuntan a aliviar el sufrimiento, sin hacer distinción de religión o clase social. Se convierten en misioneras de la caridad especialmente durante el cólera de 1854”.

Finalmente la beata “nos estimula a amar a las personas con las que nos encontramos todos los días, convirtiéndonos para ellos en un instrumento del amor misericordioso de Dios”

El mismo 9 de septiembre, el Papa Francisco dijo al terminar el Ángelus que la Iglesia debe dar “gracias a Dios por esta mujer valiente y sabia, que, sufriendo, callando y orando, dio testimonio del amor de Dios, sobre todo a cuantos estaban enfermos del cuerpo y del espíritu”.

La Madre Alfons María, Elizabeth Eppinger, nació el 9 de septiembre de 1814 en Niederbronn, una estación termal en el norte de Alsacia. Es la primera hija de pequeños agricultores, diez hermanos y hermanas seguirán. La niña crece en las modestas condiciones de su familia, su parroquia y su pueblo.

Durante su juventud y la temprana adultez, le afectan varias enfermedades. En los años de enfermedad, Elizabeth vive experiencias espirituales profundas. Aproximadamente a partir del año 1846, esto se hace público. Juan David Reichard, desde 1823 el cura de la parroquia católica de Niederbronn, será el testigo preferido de todos los sucesos.

Mons. Andrés Raess, Obispo de Estrasburgo desde 1842 hasta 1887, se interesa por todo lo que concierne a Elizabeth. Viene personalmente a Niederbronn en el mes de julio de 1848, y está convencido de que la joven está destinada a algo particular. Atraída a contemplar a Jesús, su vida y su Pasión, Elizabeth descubre cuanto Dios ama a todos los hombres.

Sabe por su propia experiencia que el sufrimiento puede ser un obstáculo para encontrar este amor. Por eso, se siente impulsada a consagrarse a Dios y a ayudar a los hombres en sus necesidades del cuerpo y del alma. En el transcurso del año 1848, llega a la conclusión de que debe fundar un instituto religioso, con el apoyo del párroco de su pueblo. Con una fe profunda, el Padre Reichard se compromete en la realización de este proyecto que el obispo también ha aprobado.

Hacer experimentar el amor de Dios: En el contexto de los trastornos socio-políticos del siglo XIX, esto significa: comprometerse con su vida para responder a los anhelos profundos de la gente: el ansía de reconocimiento y dignidad, de paz y felicidad. Esta es también la inspiración que anima la primera comunidad creada por Elizabeth Eppinger, con algunas jóvenes compañeras, el 28 de agosto de 1849 en Niederbronn.

Las primeras acciones ya manifiestan la orientación de la comunidad: Las Hermanas se ocupan de los pobres, cuidan los enfermos en sus domicilios, se dedican a niños abandonados, – se preocupan por los necesitados de toda clase – por la salvación de todo el hombre, sin preguntar por su prestigio, su origen o su religión. Elizabeth Eppinger, la Madre Alfons María, es la primera Superiora General. El instituto religioso se abre a una creciente diversidad de condiciones de vida, de culturas y de necesidades.

La Congregación de la “Hijas (más tarde: Hermanas) del Divino Redentor” será aprobada por la Iglesia en el año 1866. En el mes de julio de 1867, fallece la Madre Alfons María.

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