Bassetti, presidente de los obispos italianos: “Se ha iniciado una nueva historia para la iglesia”

Carlos Esteban / Infovaticana

 

Con motivo del encuentro ‘El Papa Francisco entre la profecía y la resistencia’, promovido por el Instituto Conestabile-Piastrelli de Perugia, en el Oratorio de la Annunziata, el cardenal Gualterio Bassetti, arzobispo de Perugia-Città della Pieve y presidente de la Conferencia Episcopal Italiana (CEI), ha dedicado encendidos elogios al pontificado de Francisco que, dijo “no es una tormenta, sino un hecho profético que define una época”.

“Se ha iniciado una nueva historia para la Iglesia y para el papado”, ha dicho el cardenal Bassetti, presidente de la CEI, durante su presentación. “Porque, en mi opinión, se trata de eso: este pontificado no es un mero paréntesis histórico, sino que marca un cambio de era excepcional. El pontificado del Papa Francisco no es una tormenta, es un hecho de época y profético, del cual podremos recoger los frutos auténticos dentro de algunos años cuando ya este mundo en transición no exista más el ‘cambio de época’ evocado por el Santo Padre será una realidad concreta”.

Bassetti, como puede advertirse, va en la misma línea que muchos otros comentaristas del presente papado, como el fundador del grupo mediático Salt and Light Catholic Media Foundation, padre Thomas Rosica y como se desprende incluso de numerosos mensajes del propio Santo Padre, en el sentido de que su pontificado representa una “revolución” en la bimilenaria historia de la Iglesia.

Ese mensaje que transmiten tantos con tanta vaguedad como entusiasmo es para muchos motivo de esperanza y regocijo, al tiempo que alarma y preocupa a muchos otros. Es lo bastante difuso como para que resulte más fácil de sentir que de definir: vivimos en el tiempo, inmersos en el tiempo, y en un sentido es imposible que no se abra a cada instante “una nueva historia”; en otro, en cambio, es Cristo quien ha abierto la era radicalmente nueva de la historia fundando una Iglesia que es custodia de un mensaje perenne, que no pasará cuando el cielo y la tierra hayan pasado.

“El Papa Francisco lucha contra una Iglesia clerical, porque el clericalismo es lo opuesto al Evangelio, a la comunión”, continúa Bassetti. Es una extraña declaración, especialmente viniendo de alguien que representa el clericalismo de forma tan conspicua. Es, para empezar, más que dudoso que el ‘clericalismo’, se defina como se defina, sea exactamente “lo opuesto” del Evangelio. Se nos ocurren oposiciones de mayor peso y alcance.

En cualquier caso, si definimos clericalismo como un abuso de poder por parte de la Iglesia jerárquica y cierto desprecio por el laicado en las cosas eclesiales, creo obligado reconocer que el historial de Su Santidad en ese punto es, en el mejor de los casos, irregular. Su súbito e inesperado veto a la propuesta de la Conferencia Episcopal Americana de crear un panel en el que los laicos pudieran investigar las acusaciones contra obispos no suena, así de primeras, a otra cosa que clericalismo y del más evidente.

Continúa Bassetti: “Cuando Jesús escuchó hablar de poder y del Reino de Dios sobre la tierra, tomó un delantal y fue a lavar los pies, un gesto que provocó gran escándalo porque solo lo hacían los esclavos. El poder de la Iglesia es el de cuidar con ternura y misericordia aquello que se le ha confiado, el cuidado de la humanidad, sobre todo de la parte más pobre, oprimida, indefensa. Esto es lo que Francisco nos exhorta a hacer”.

Una vez más chocamos como contra una pared con un lenguaje ambiguo. Porque sí, el poder de la Iglesia es ese, pero ese es también un poder al alcance de cualquier ser humano, de cualquier ONG, de cualquier gobierno. El poder específico de la Iglesia, en cambio, es predicar el mensaje salvífico de Cristo y procurar la salvación eterna de las almas, algo que cada día notamos como una ausencia más estridente en los mensajes procedentes de la jerarquía.

Por otra parte, si a lo que nos exhorta Francisco es a “cuidar con ternura y misericordia aquello que se le ha confiado, el cuidado de la humanidad, sobre todo de la parte más pobre, oprimida, indefensa”, hay que concluir que poca o ninguna novedad hay en ello. Imagino que Su Eminencia no estará insinuando que hasta 2013 la Iglesia no se caracterizó por su énfasis en la caridad y en la primacía de esos “últimos” que “serán los primeros”, porque la evidencia es abrumadora.

Añade Bassetti que la crítica que hace al poder del mundo contemporáneo “ha atraído sobre al Papa muchas críticas por haber entrado en los mecanismos de las finanzas y de la economía del planeta”. Desafío desde aquí a Su Eminencia a que me muestre un fuerte ataque de los grandes medios de comunicación mundiales -esos mismos que, por lógica, están en manos de los grupos financieros más poderosos- contra el Papa cuando ha criticado el mundo de las finanzas o ha fulminado contra las actuales estructuras económicas. No hay, Eminencia, no existen. El izquierdismo elemental que suele delatar el Santo Padre cuando entra en esos temas es de rigor, moneda habitual en esos mismos medios que los financieros controlan.

El cambio, nos dicen, es inevitable. En tanto en cuanto eso es cierto, no hay novedad que sea mérito de este pontificado. Donde sí puede haberla, donde sería una catástrofe sin precedentes en la Iglesia, es en una “renovación” que pretenda entrar a saco en el depósito de la fe y sustituir doctrinas multiseculares por las opiniones personales o las tendencias ideológicas a la moda, que hoy se imponen y mañana, por la lógica de la historia, serán ridiculizadas y tachadas de anticuadas.

Porque es precisamente la gloria de la Iglesia anunciar un mensaje inmutable de salvación, porque es el mensaje del mismo Cristo. Ese es nuestro credo, el que rezamos en cada misa, salvo innovaciones que no parecen encontrar oposición alguna entre la jerarquía, como es el caso en la Parroquia milanesa de San Carlo al Corso, donde lo han sustituido por un herético ‘Credo de la Esperanza’ inventado por Michele Do.

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