Arzobispo de Rabat: “el documento de Abu Dabi es una bomba de efecto retardado”

Fuente: Carlos Esteban / InfoVaticana

El cardenal arzobispo de Rabat, Cristóbal López Romero, ha dicho en el encuentro episcopal sobre inmigración que se celebra en la ciudad italiana de Bari que “el documento de Abu Dabi -firmado por el Papa con autoridades islámicas sobre la fraternidad humana- es una bomba de efecto retardado”.

López cree que el verdadero efecto, el alcance real del documento de acercamiento entre religiones suscrito por Francisco durante su viaje a los Emiratos Árabes, solo “dará fruto en los próximos cinco, diez, veinte años”.

Para el arzobispo, elevado al cardenalato por Francisco, el documento establece un paradigma completamente nuevo. Según López, “ha terminado la etapa de diálogo que se basaba en la tolerancia”. Ahora, en cambio, “ha comenzado el diálogo de la amistad, de la convivencia, del conocimiento recíproco, del respeto y apertura mutua y del trabajo conjunto para edificar un mundo mejor”.

Quizá sea un hermoso panorama, pero nos tememos que tenemos muy poco sobre lo que construir ese diálogo, y que, si diálogo presupone la existencia de dos partes, hasta ahora hay una que ha hablado muy poco y cedido menos. Hay, incluso, cierto desprecio por las creencias ajenas en ese suponer que lo que creen es tan nimio que basta hablar las cosas para ignorarlo o hacerlo desaparecer.

Cristo es Dios o Cristo no es Dios. Es difícil encontrar una ‘tercera vía’ en esto. El Corán es la palabra increada y coeterna de Alá y entonces hay que obedecerlo cuando dice que no hay que tener por amigos a cristianos y judíos. O no lo es, pero eso va a hacer difícil dialogar con musulmanes verdaderamente comprometidos con su fe.

Otra opción, naturalmente, es no negar esas profundas diferencias sino darles nula importancia. Pero cuando se trata de creencias que están en la raíz misma del destino del ser humano, que son mucho más importantes que el Cambio Climático o el desarrollo económico o cualquier otra circunstancia efímera, por grande que sea su peso en el tiempo, negar su importancia es negar su realidad.

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