Ángelus, 9 de septiembre de 2018

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

En el Evangelio de este domingo (cf. Mc 7,31-37) relata la historia de la curación milagrosa de un sordomudo por Jesús. Ellos trajeron un sordomudo, rogándole para imponer su mano. En cambio, hace varios gestos con él: primero que nada, lo alejó de la multitud. En esta ocasión, como en otros, Jesús siempre actúa discretamente. No quiere impresionar a la gente, no busca popularidad ni éxito, solo quiere hacer el bien a la gente. Con esta actitud, nos enseña que el bien debe hacerse sin clamores , sin ostentación, sin “hacer sonar la trompeta”. Debe hacerse en silencio.

Cuando se hizo a un lado, Jesús puso sus dedos en los oídos del sordomudo y con su saliva tocó su lengua. Este gesto se refiere a la Encarnación. El Hijo de Dios es un hombre insertado en la realidad humana: se hizo hombre, por lo tanto, puede comprender la condición dolorosa de otro hombre e interviene con un gesto en el que está involucrada su propia humanidad. Al mismo tiempo, Jesús quiere dejar en claro que el milagro ocurre a causa de su unión con el Padre: para esto, miró hacia el cielo. Luego suspiró y pronunció la palabra decisiva: “Effatà”, que significa “Abrir”. E inmediatamente el hombre fue sanado: sus orejas se abrieron, su lengua se derritió. La curación fue para él una “apertura” a los demás y al mundo.

Este relato del Evangelio subraya la necesidad de una doble curación. En primer lugar, la curación de la enfermedad y el sufrimiento físico, para restaurar la salud del cuerpo; incluso si esta finalidad no es completamente alcanzable en el horizonte terrenal, a pesar de tantos esfuerzos de la ciencia y la medicina. Pero hay una segunda curación, tal vez más difícil, y se está curando del miedo. Curación del miedo que nos empuja a marginar a los enfermos, a marginar a los que sufren, a los discapacitados. Y hay muchas maneras de marginar, incluso con pseudo lástima o con la eliminación del problema; uno permanece sordo y mudo cuando se enfrenta con los dolores de las personas marcadas por la enfermedad, la angustia y la dificultad. Con demasiada frecuencia, los enfermos y los que sufren se convierten en un problema, mientras que deberían ser una oportunidad para expresar la preocupación y la solidaridad de una sociedad hacia los más débiles.

Jesús nos ha revelado el secreto de un milagro que nosotros también podemos repetir, convirtiéndose en protagonistas de ” Effatá’, esa palabra ‘abierto’ con el que ha dado el habla y el oído a los sordos-mudos. Se trata de abrirnos a las necesidades de nuestros hermanos sufrientes y necesitados, evitando el egoísmo y el cierre del corazón. Es precisamente el corazón, ese núcleo profundo de la persona, que Jesús vino a “abrir”, a liberar, a permitirnos vivir plenamente la relación con Dios y con los demás. Se hizo hombre porque el hombre, hecho sordo y mudo por el pecado, puede escuchar la voz de Dios, la voz del Amor que habla a su corazón, y así aprender a hablar a su vez el lenguaje del amor, traduciéndolo en gestos de generosidad y entrega.

María, Aquel que es totalmente “abierta” al amor del Señor, que puede experimentar todos los días, en la fe, el milagro de la ” Effatá, “para vivir en comunión con Dios y con los hermanos.


Después del Angelus

Queridos hermanos y hermanas:

ayer, en Loreto, en el Santuario Pontificio de la Santa Casa, se celebró la Fiesta de la Natividad de María y comenzó la propuesta de espiritualidad para las familias: la Casa de María de cada familia. Confiamos a la Santísima Virgen las iniciativas del Santuario y cuántas, de diversas maneras, participarán en él.

Hoy, en Estrasburgo, celebramos la Beatificación de Alfonsa Maria Eppinger, fundadora de las Hermanas del Santísimo Salvador. Damos gracias a Dios por esta mujer valiente y sabia que, sufriendo, silenciando y orando, fue testigo del amor de Dios sobre todo a aquellos que estaban enfermos en cuerpo y espíritu. Un aplauso al nuevo Bendito todos juntos!

Saludo con afecto a todos ustedes, romanos y peregrinos de diferentes países: familias, grupos parroquiales, asociaciones.

Saludo a los fieles de la diócesis de Como, a los jóvenes participantes en el encuentro promovido por La Obra de la Iglesia , a las Confirmaciones de Prevalle.

Les deseo a todos un buen domingo. Y por favor, no te olvides de rezar por mí. Buen almuerzo y adiós!

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