Ángelus, 5 de octubre de 2014

Queridos hermanos y hermanas: buenos días.

Esta mañana, con la celebración eucarística en la basílica de San Pedro, hemos inaugurado la Asamblea general extraordinaria del Sínodo de los obispos. Los padres sinodales, provenientes de todas las partes del mundo, vivirán conmigo dos semanas intensas de escucha y discusión, fecundadas por la oración, sobre el tema «Los desafíos pastorales de la familia en el contexto de la evangelización».

Hoy la palabra de Dios presenta la imagen de la viña como símbolo del pueblo que el Señor eligió. Como una viña, el pueblo requiere mucho cuidado, requiere un amor paciente y fiel. Así se comporta Dios con nosotros, y así estamos llamados a comportarnos nosotros, los pastores. También cuidar a la familia es un modo de trabajar en la viña del Señor, para que produzca los frutos del reino de Dios (cf. Mt 21, 33-43).

Sin embargo, para que la familia pueda caminar bien, con confianza y esperanza, es necesario que se alimente de la palabra de Dios. Por eso es una feliz coincidencia que precisamente hoy nuestros hermanos paulinos hayan querido hacer una gran distribución de la Biblia aquí, en la plaza, y en muchos otros lugares. Demos gracias a nuestros hermanos paulinos. Lo hacen con ocasión del centenario de su fundación por parte del beato Santiago Alberione, gran apóstol de la comunicación. Entonces, hoy, mientras se inaugura el Sínodo sobre la familia, con la ayuda de los paulinos podemos decir: una Biblia en cada familia. «Pero padre, ya tenemos dos, tres…». ¿Dónde la tenías escondida?… La Biblia no es para ponerla en un anaquel, sino para tenerla al alcance de la mano, para leerla a menudo, todos los días, tanto individual como comunitariamente, marido y mujer, padres e hijos, quizás en la noche, especialmente el domingo. Así, la familia crece, camina con la luz y la fuerza de la Palabra de Dios.

Esta es la Biblia que os darán los hermanos Paulinos: una para cada familia. Pero estad atentos para no haceros los listos: cogedla con una mano, no con dos, con una mano para llevarla a casa. Invito a todos a apoyar con la oración los trabajos del Sínodo, invocando la intercesión de la Virgen María. En este momento, nos unimos espiritualmente a cuantos, en el santuario de Pompeya, elevan la tradicional «súplica» a la Virgen del Rosario. Que obtenga la paz para las familias y para todo el mundo.


Después del Ángelus:

Queridos hermanos y hermanas:

Ayer en Estados Unidos fue proclamada beata sor María Teresa Demjanovich, de las Hermanas de la Caridad de Santa Isabel. Demos gracias a Dios por esta fiel discípula de Cristo, que llevó una intensa vida espiritual. Hoy en Italia se celebra la Jornada para el abatimiento de las barreras arquitectónicas. Aliento a cuantos se empeñan en garantizar iguales oportunidades de vida para todos, independientemente de la condición física de cada persona. Deseo que las instituciones y los ciudadanos estén cada vez más atentos a este importante objetivo social.

Y ahora os saludo cordialmente a todos vosotros, fieles romanos y peregrinos provenientes de Italia y de varios países. En particular, saludo a los estudiantes que han venido de Australia y a los del San Buenaventura Gymnasium Dilligen (Alemania), a los jóvenes de Jordania, a la asociación San Juan de Mata y a los fieles de la parroquia de San Pablo en Bérgamo.

Saludo a los peregrinos que han venido en bicicleta para recordar a santa Juana Beretta Molla, santa madre de familia, testigo del evangelio de la vida, y los animo a proseguir su iniciativa de solidaridad en favor de las personas más frágiles.

Por favor, no os olvidéis: rezad por el Sínodo, pedid a la Virgen que proteja a esta asamblea sinodal. Os deseo a todos un feliz domingo. Rezad por mí. Buen almuerzo y hasta la vista.

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