Ángelus, 29 de marzo de 2015

Al final de esta celebración, saludo con afecto a todos vosotros aquí presentes, en particular a los jóvenes. Queridos jóvenes, os exhorto a proseguir vuestro camino tanto en las diócesis como en la peregrinación a través de los continentes, que os llevará el próximo año a Cracovia, patria de san Juan Pablo II, iniciador de las Jornadas mundiales de la juventud. El tema de ese gran encuentro: «Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia» (Mt 5, 7), entona bien con el Año santo de la misericordia. Dejaos llenar de la ternura del Padre para difundirla a vuestro alrededor.

Y ahora nos dirigimos en oración a María nuestra Madre, para que nos ayude a vivir con fe la Semana Santa. También Ella estaba presente cuando Jesús entró en Jerusalén aclamado por la multitud; pero su corazón, como el del Hijo, estaba preparado para afrontar el sacrificio. Aprendamos de Ella, Virgen fiel, a seguir al Señor también cuando su camino lleva a la cruz.

A su intercesión encomiendo las víctimas del desastre aéreo del pasado martes, entre las cuales se encontraba también un grupo de estudiantes alemanes.


Después del Ángelus:

Os deseo una Semana santa en contemplación del misterio de Jesucristo.

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