Ángelus, 14 de octubre de 2018

Queridos hermanos y hermanas,

Antes de concluir esta misa , deseo saludarles y agradecerles a todos.

Agradezco a los cardenales y a los numerosos obispos y sacerdotes de todo el mundo.

Quiero agradecer a las delegaciones oficiales de muchos países, que han venido a rendir homenaje a los nuevos santos, que han contribuido al progreso espiritual y social de sus respectivas naciones. En particular, saludo a Su Majestad la Reina Sofía, al Presidente de la República Italiana, a los Presidentes de Chile, El Salvador y Panamá.

Un pensamiento especial que dirijo a Su Gracia Rowan Williams y a la delegación del Arzobispo de Canterbury, con profunda gratitud por su presencia.

Les saludo a todos ustedes, queridos peregrinos, así como a quienes los siguen a través de la radio y la televisión. En particular, saludo al gran grupo de ACLI, quienes se mostraron muy agradecidos con el Papa Pablo VI.

Y ahora nos dirigimos en oración a la Virgen María, la primera y perfecta discípula del Señor, para ayudarnos a seguir el ejemplo de los nuevos santos.

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