Amy Coney Barrett, católica firme, podría ser propuesta por Trump para el supremo

Donald Trump ha anunciado que está decidiendo entre cinco candidatos para sustituir al juez Kennedy, que con 82 años se retira del Tribunal Supremo de EEUU, un tribunal clave para interpretar la Constitución y las leyes del país.

Es un tema clave: el tribunal tiene 9 jueces vitalicios. Un presidente de EEUU puede estar 4 u 8 años en el cargo, un juez del tribunal puede estar 30 años o más, hasta que muera o se retire. Cuestiones como el aborto, la libertad religiosa, el matrimonio o la familia llegan al Supremo, y sus decisiones repercuten en todo el país durante décadas o siglos.

Los jueces progresistas, por ejemplo, no interpretan la Constitución según la idea de los Padres fundadores que la escribieron, sino según “el criterio de hoy” y cambian el sentido de frases, palabras y valores por completo.

Trump reveló que entre los 5 candidatos que sopesa, dos son mujeres. No dijo sus nombres y anunció que el 9 de julio revelará su decisión.

La prensa ha vuelto la mirada sobre una juez católica de 46 años de Indiana, Amy Coney Barrett, madre de familia numerosa, que ya contó con el apoyo de Trump en 2017 para un cargo en el Tribunal de Apelaciones.

Como el año pasado, vuelven a circular noticias sobre su pertenencia a una comunidad carismática de alianza, People of Praise (https://peopleofpraise.org), y las “extrañas” prácticas de este grupo, que se quieren presentar como “extremas”. En realidad, como veremos, son muy comunes en el país.

La católica Amy Coney Barrett es una de las más firmes candidatas a ser elegida por Trump para el Tribunal Supremo; y quizá, cuanto más moleste a la prensa de izquierda liberal, más se anime él a elegirla.

Aunque la prensa de izquierdas quiera presentar la espiritualidad carismática como algo marginal, el estudio Pew Forum de 2006 señalaba que no es así: es de espiritualidad carismática uno de cada cinco norteamericanos (más exactamente, unos 67 millones de habitantes en un país de 325). Unos 42 millones serían carismáticos protestantes y pentecostales. Otros 25 millones serían católicos carismáticos, en un país con 70 millones de católicos.

La espiritualidad carismática, entre católicos o protestantes, insiste en la necesidad de “llenarse de Espíritu Santo” y “caminar en el Espíritu”, escuchando lo que el Espíritu Santo enseña, día a día, buscándole en la Biblia y en la oración y celebrar a Dios con alabanza y agradecimiento, lo que suele incluir mucha música alegre.

Anima a orar pidiendo la acción de Dios con sanaciones y señales de Su poder. Los católicos carismáticos, además de la misa dominical suelen reunirse en grupos semanales de oración y alabanza.

Ser carismático, e incluso carismático católico, es, pues, bastante común en EEUU. Más infrecuente es formar parte de una comunidad de alianza. A los miembros de estas comunidades se les pide proclamar una “alianza”, parecida a un voto o compromiso, pero sin tener categoría canónica.

A menudo pagarán un diezmo o ayuda económica regular, practicarán alguna devoción u oración frecuente y se comprometerán con las actividades de la comunidad. Hay comunidades de alianza católicas, protestantes y otras ecuménicas, con cristianos de diversas iglesias que rezan juntos y se apoyan mutuamente. Por supuesto, en una sociedad cada vez más individualista, optar por la vida comunitaria es una opción contracultural.

People of Praise (“Pueblo de Alabanza”) es una comunidad que nació en South Bend, Indiana, en 1971, el lugar de origen de la Renovación Carismática Católica, con pioneros de esta corriente. Empezó con 29 hombres y mujeres que “prometieron vivir juntos sus vidas, en Jesucristo”. Hoy declara contar con 1.800 adultos y 750 niños en 22 localizaciones de EEUU y el Caribe.

La mayoría son católicos, pero hay miembros que son luteranos, anglicanos, metodistas o pentecostales, declara la comunidad en un comunicado. La comunidad además gestiona 3 colegios en EEUU.

La candidata, Amy Coney Barrett, nació en este ambiente. Su padre, el abogado Mike Coney, fue elegido uno de los responsables de la comunidad en 2012. Mike Coney es además diácono permanente en una parroquia católica en Metairie (en las afueras de Nueva Orleans).

Fue responsable del grupo local de People of Praise allí durante más de una década. Amy es una de sus siete hijos. Durante el desastre del Huracán Katrina, y en ocasiones posteriores, tanto la familia Coney como la comunidad se volcaron en ayudar a los afectados.

Amy, que creció rodeada de seis hermanos, también tiene siete hijos, dos de ellos adoptados en Haití. Jesse Barrett, su marido, es fiscal federal del departamento de Justicia en Indiana.

La prensa de izquierdas, buscando signos de “extremismo”, ha querido señalar dos cosas de People of Praise que “sonaban raras” a quien no se acerque mucho por ambientes cristianos:

1) A los maridos les llaman “head” (“jefe” o “cabeza”)

Lo cierto es que es San Pablo, en la Biblia, quien llama “cabeza de la mujer” al marido. En People of Praise, como en muchas comunidades de alianza, todo el mundo tiene alguien asignado con quien hablar de sus problemas y dudas y a quien pedir guía y consejo. A estas personas se les llama “head”.

Muchas chicas jóvenes solteras, por ejemplo, tienen asignadas mujeres mayores y más expertas. Es algo muy útil en una sociedad golpeada por la soledad y las prisas. Pero en el caso concreto de los matrimonios, las esposas tienen asignadas a sus esposos. Hay además reuniones frecuentes de grupos de esposas, entre ellas, y grupos de maridos, entre ellos.

2) A las mujeres líderes en la comunidad, con cargos y responsabilidades, se las llamaba “handmaiden” (doncellas, o servidoras).

La palabra, dicen en la comunidad, está tomada de la Biblia, de cuando María dice al ángel: “he aquí la esclava del Señor”. También en los países de lengua española, a los responsables de grupos de Renovación Carismática, hombres o mujeres, se les llama “servidores” o “servidoras”. “No busquéis sed los primeros, sino servidores”, decía Jesús. Con todo, como el año pasado People of Praise vio que la prensa mundana se escandalizaba con la palabra, ahora habla de “mujeres líderes”.

La prensa de izquierda ha intentado levantar la sospecha de que Amy, al pertenecer a una comunidad, estaría “dirigida” o controlada por otra autoridad. No es muy distinto al miedo que extendían varios sectores en los años 30 contra el voto femenino en España o el católico en países protestantes: “les dirige un cura, su confesor, o el Papa, potencia extranjera”.

Un portavoz de People of Praise, Craig Lent, dejó claro ya el año pasado que “si y cuando un miembro tiene cargos políticos o judiciales o administrativos, ciertamente no le diremos cómo desempeñar sus responsabilidades”.

Ha pasado un año desde que la prensa liberal y anticlerical ha dedicado muchos esfuerzos a encontrar “trapos sucios” en las comunidades de People of Praise, una realidad cristiana que tiene ya 47 años. No han encontrado nada, más allá de antiguos miembros que salieron porque el compromiso comunitario “no era lo mío”.

Amy es madre de familia numerosa, profesional reputada, es telegénica, habla bien, es conservadora en valores, con dos niños haitianos en casa no puede ser acusada de racista. Al final, parece que la verdadera razón por la que muchos se oponen a ella es, simplemente, la que indicaba la web conservadora National Review: “es que ella habla de Dios como si creyera realmente en su existencia”.

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