Alemania no espera a la Iglesia universal y ofrece ya la comunión a los protestantes

Política de hechos consumados: el obispo de Paderborn ya ha anunciado que, en su diócesis, los cónyuges luteranos de fieles católicos podrán recibir la Sagrada Eucaristía.

Si es cierto lo que publica el diario local Westfalenblatt, el Arzobispo de Paderborn, Hans-Joseph Becker, ha asegurado que los protestantes en su diócesis que estén casados con católicos podrán recibir la comunión, con ciertas condiciones, tras el discernimiento del sacerdote, caso por caso: ya conocen la canción.

Eso, después del documento publicado por Luis Ladaria, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, advirtiendo que la intercomunión no es lícita, pero también después de que Su Santidad, en el avión de vuelta de Suiza, dijera que la decisión al respecto debería tomarla cada obispo. Y, en vista de este interminable tira y afloja, la ‘solución’ parece que va a ser tirar por la calle del medio y que cada ordinario haga lo que le parezca.

En la web de la Conferencia Episcopal Alemana, que fue la que inició esta innovación por abrumadora mayoría en asamblea, se incluye un documento con la nueva doctrina, aunque no se le atribuye a ningún obispo concreto, bajo el título ‘Caminar con cristo, encontrar unidad. Matrimonios interdenominacionales y participación en la Eucaristía”. Es lo que al principio motivó a siete obispos alemanes a escribir a Roma suplicando una clarificación.

Pero no hubo tal. Sí, el Papa convocó a los alemanes y a varios miembros de la Curia para estudiar el asunto, pero el documento final fue un “ponganse de acuerdo ustedes” que dejó a todas las partes insatisfechas. Hasta el documento de Ladaria, torpedeado por las palabras posteriores de Francisco.

Es cierto que el documento de Doctrina de la Fe no era absolutamente tajante, y dejaba una puerta abierta: la razón por la que la Iglesia alemana no podía aplicar la intercomunión por su cuenta era que algo así había que decidirlo para toda la Iglesia universal.

El Código de Derecho Canónico, en efecto, prevé una posibilidad para que un protestante pueda comulgar, pero requiere condiciones tan estrictas que no parece probable que se dé a menudo en la vida real. Para empezar, el comulgante debe ser católico en todo salvo en la publicidad y perfección de su conversión.

El Arzobispo avanza sus directrices con pies de plomo, viendo el documento romano como “una guía pastoral” e insistiendo en que no se trata de un “permiso general” para que se ofrezca la comunión a los cónyuges protestantes.

El argumento de Becker es que los matrimonios mixtos constituyen ya una forma de “unidad de denominaciones” y, por tanto, los esposos, ya unidos por el bautismo, están más unidos aún. Digamos que cada matrimonio mixto es una especie de ‘proyecto ecuménico’ personal.

Sigue sin explicar ninguno de sus defensores, sin embargo, por qué ese anhelo en un luterano por recibir la Eucaristía de un sacerdote católico, que exige la creencia en todo lo que la Iglesia enseña, no lleva inmediatamente al siguiente paso lógico, el de la conversión.

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