A los miembros de la Asociación Nacional de la Policía de Estado

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Me complace reunirme con usted hoy y compartir, junto con toda su Asociación Nacional, sus deseos y resoluciones. Agradezco a su Presidente, el Jefe de la Policía del Estado, sus palabras y saludo a todos los que forman parte de la Asociación. Une a los miembros de la Policía que aún operan y aquellos que, incluso habiendo terminado su servicio, aún se sienten parte de él y llevan adelante sus ideales. La Asociación tiene como objetivo “transmitir las tradiciones de la Policía del Estado” ( Estatuto, arte 2.1) favoreciendo la unión de todos sus miembros, con licencia o en servicio. Esto se mejora la experiencia de los socios más antiguos y su patrimonio histórico y cultural, que no debe ser perdido, pero dictó y mejorado, y ayuda a fortalecer el vínculo entre las generaciones, a veces por desgracia comprometidas en el contexto de las relaciones sociales.

Es muy significativo que algunos miembros del público puedan participar en su Asociación, incluso si no son miembros de la Policía, asumen sus valores y su compromiso. Constituir como una gran familia: una familia abierta a todos aquellos que quieran comprometerse con el bien común a partir de sus principios; una familia a la que le gustaría involucrar y dar la bienvenida a cada ciudadano, difundir una cultura de legalidad, respeto y seguridad.

Sin estas bases, ningún contexto social puede lograr el bien común, pero tarde o temprano se convertirá en una maraña de intereses personales, sin relación entre sí, incluso opuestos. El bien de una sociedad, de hecho, no viene dado por el bienestar de la mayoría o por el respeto de los derechos de “casi todos”. Por el contrario, se otorga por el bien de la colectividad como un grupo de personas, de modo que, mientras alguien sufra, “todos los miembros sufren con él” (véase 1 Cor 12:26).

Cuando faltan la legalidad y la seguridad, los más débiles son siempre los primeros en ser dañados, porque tienen menos medios para defenderse y abastecerse por sí mismos. De hecho, cada injusticia afecta sobre todo a los más pobres, y a todos aquellos que de diversas maneras pueden llamarse “últimos”. Los últimos en nuestro mundo son aquellos que abandonan sus tierras debido a la guerra y la miseria, y deben comenzar desde cero en un contexto completamente nuevo; los últimos son aquellos que han perdido sus hogares y trabajos, y están luchando por mantener a sus familias; los últimos son los que viven marginados y enfermos, o son víctimas de la injusticia y el abuso. Para todos ellos, usted está cerca de usted cuando intenta prevenir el crimen y trabaja para combatir el acoso escolar y el fraude; cuando pone su tiempo y energía en la formación de los jóvenes y en la supervisión de las escuelas, en la protección del territorio y del patrimonio artístico; en la organización de conferencias y capacitación para una ciudadanía más activa y consciente.

È motivo di soddisfazione e di speranza vedere quanti ambiti siano raggiunti dalle vostre iniziative, mosse non dall’attenzione a un singolo aspetto del vivere civile, ma dalla sollecitudine per le persone, che raggiungete in ogni situazione di bisogno o nelle insidie in cui possano trovarsi, come fa un buon genitore, che non si limita a dire al figlio una volta per tutte che deve stare attento ai pericoli, ma si interessa delle diverse insidie che potrebbe affrontare, e cerca via via di istruirlo e accompagnarlo.

Vi ringrazio dunque per il messaggio di condivisione e solidarietà che trasmettete, in un impegno spesso nascosto. Fatevi sempre più promotori di questa amorevole cura delle persone, che rappresenta la sintesi dei vostri stessi ideali, sapendo che essa è in grado di generare relazioni nuove e di dare vita a un ordine più giusto. Col vostro impegno infatti voi contribuite a immettere, nell’impasto della società, il fermento dell’uguaglianza e della fraternità, che non manca mai di produrre il suo frutto.

Lo vediamo bene se consideriamo i primi secoli del Cristianesimo: come i valori trasmessi dal Vangelo abbiano radicalmente trasformato la vita e la mentalità di tutta la società umana. È così che l’annuncio della fratellanza tra tutti gli uomini, portato dai primi discepoli di Gesù e dai loro successori, ha scalzato a poco a poco le basi su cui si giustificava la schiavitù, fino a farla percepire come un istituto iniquo e a provocarne l’estinzione. Allo stesso modo, il messaggio di un Dio che muore sulla croce senza accusare ma perdonando, e accettando per amore la sofferenza e l’umiliazione, ha rovesciato la gerarchia dei valori e dato nuova dignità ai derelitti e agli esclusi. Ancora, l’agire di Gesù nei confronti delle donne, dei malati e dei bambini ha segnato una profonda svolta culturale rispetto a tutto quanto è venuto “avanti Cristo”, e ha bollato come ingiusto, per i secoli futuri, ogni atteggiamento di violenza o disinteresse verso queste categorie di persone.

Ho richiamato brevemente alcuni frutti della diffusione del messaggio evangelico nella società umana, per tenere sempre a mente come l’immissione dei valori della solidarietà e della pace, che trovano nella Persona e nel messaggio di Gesù il loro vertice, siano stati capaci, e lo siano ancora oggi, di rinnovare le relazioni interpersonali e sociali. È proprio ciò che auspichiamo per il nostro tempo, sapendo che quando mettiamo in pratica la carità, essa cambia il mondo e la storia, anche se non ci accorgiamo subito dei suoi effetti. Questo è il nostro obiettivo, e questo è quanto contribuite a fare come Associazione Nazionale della Polizia di Stato ogni volta che, sull’esempio del vostro Patrono, San Michele Arcangelo, vi opponete a tutto ciò che ferisce o distrugge l’uomo.

Al saludarlo, le agradezco por el trabajo que realiza con tanta dedicación y, al pedirle su oración, invoco en su Asociación y en todos sus miembros la bendición y la protección de Dios. Gracias.

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