Los congresos eucarísticos chinos, un “signo de los tiempos”

Miles desfilaron por las calles de la ciudad, a pesar de las amenazas de una tormenta que, en cierto momento, se transformaron en una lluvia persistente.

El domingo 8 de julio, vigilia de la conmemoración de los mártires chinos, los católicos de Fengxiang concluyeron de esta manera pública y solemne su Congreso Eucarístico diocesano. Para la ocasión, la catedral fue decorada de manera especial.

La procesión eucarística, que comenzó después de la solemne liturgia, desfiló por más de una hora y media por las calles de la ciudad. Al frente de la procesión había cientos de niños, seguidos por los sacerdotes, religiosos, religiosas y la multitud de fieles jóvenes y adultos. Por las calles, en cambio, muchos curiosos se detenían para verla pasar.

En Fengxiang, el Congreso eucarístico diocesano se organiza una vez cada dos años. Su singularidad paradójica consiste precisamente en que se ha convertido en una cita frecuente y casi ordinaria en el programa pastoral de esa Iglesia diocesana.

Quien impulsó la celebración tan frecuente del Congreso eucarístico en la diócesis de Shaanxi fue el obispo Lucas Li Jinfeng, que falleció en noviembre de 2017 a los 95 años. Lucas Li era uno de los “patriarcas” de la Iglesia católica en China durante las últimas décadas turbulentas.

Su ordenación episcopal, en 1980, al principio no contaba con el reconocimiento de los aparatos del gobierno. Después, con el pasar del tiempo, su relación evolucionó: el gobierno lo reconoció como obispo y él entabló contactos públicamente con las autoridades civiles.

El anciano obispo estaba muy entusiasmado con la “Carta” a los católicos chinos que publicó Benedicto XVI en 2007. En su opinión, ese documento indicaba «la única vía y la esperanza para cancelar la discordia y la falta de paz que existen en la Iglesia en China».

El Papa Benedicto en 2005 también trató de invitar a Lucas Li y a otros tres obispos chinos al Sínodo de los obispos sobre la eucaristía (oportunidad negada por el gobierno chino).

La participación de tantas personas en el Congreso eucarístico diocesano de este año, el primero sin el obispo Lucas Li, es signo de que el fervor de los gestos comunitarios no ha perdido intensidad, ni siquiera tras su fallecimiento. Pero la práctica de los Congresos eucarísticos celebrados como citas frecuentes e intensas de la vida ordinaria de la Iglesia local no es patrimonio exclusivo de la diócesis de Fengxiang.

En las últimas décadas sucede lo mismo en varias diócesis católicas chinas. En Taiyuán, capital de la provincia de Shanxi, el primer Congreso eucarístico diocesano que se celebró en la historia de la diócesis fue en junio de 2005. Desde entonces, ese evento ha asumido un ritmo anual en la programación de la pastoral diocesana.

En la diócesis de Tianjin, miles de fieles participaron en el primer Congreso eucarístico, celebrado en la localidad de Xiao Ha Cun en mayo de 2012. Fue convocado para volver a encender en los sacerdotes, religiosos y laicos «la fe en Jesucristo presente en la Eucaristía, para poder ofrecer un testimonio con más valentía».

A partir de las últimas décadas del siglo pasado, con la reapertura que impulsó Deng Xiaoping después de los años oscuros de la Revolución cultural, la vida eclesial en China volvió a tomar forma precisamente alrededor de los sacramentos y de las prácticas espirituales más ordinarias del pueblo cristiano.

La posibilidad de acceder con mayor facilidad y sin obstáculos al tesoro de los sacramentos ha alimentado ordinariamente la fe de los católicos chinos a lo largo del camino (lleno de anomalías, dificultades y sufrimientos) durante los últimos lustros.

Los informes que ha retomado la agencia Fides, de las Pontificias Obras Misionales, documentan la adhesión intensa de las diócesis y de las parroquias chinas a las invitaciones de los Papas para recordar la naturaleza sacramental de la Iglesia, como el Año de la Eucaristía y el Jubileo de la Misericordia, que provocó la “carrera” de los católicos chinos hacia las Puertas de la Misericordia y los confesionarios.

 

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