Zotal

Tengo aún grabado en mi cerebro el olor a Zotal con el que mi padre, periódicamente, desinfectaba la vaquería. Decía que era lo más eficaz, que eso no dejaba bicho vivo. Impregnar algo en Zotal era garantía de profunda y casi definitiva desinfección. Necesitamos toneladas y toneladas de Zotal en esta santa madre Iglesia de nuestros amores.

Sugiero un baño de Zotal para la iglesia que peregrina en Chile, donde estamos asistiendo a un espectáculo del todo bochornoso con la sensación de una podredumbre en forma de abusos que te deja atónito y abochornado en la parte que pueda tocarte. Comenzó la cosa con algún obispo por el que, mal aconsejado, el santo padre dio la cara y luego se la tuvo que guardar. Empezamos por algunos barros y hoy son toneladas y toneladas de cieno que no salpican, sino que están sepultando a la iglesia en Chile.

Obispos, arzobispos, algún cardenal, religiosos, religiosas, sacerdotes… Cada día aumentan los casos y hasta el cardenal Ricardo Ezzati fue citado a declarar en calidad de imputado por el eventual delito de encubrimiento de abusos sexuales. La impresión es que aquello parece una permanente orgía.

Es verdad que en Chile seguro que hay sacerdotes, religiosos, obispos, laicos de una vida personal virtuosa y modélica. Pero no me negarán que el olor que sale de la nación hermana es del todo nauseabundo. Se impone el Zotal.

No nos queda más remedio que hablar de una Iglesia de viciosos, memos y encubridores. ¿Me van a hacer creer que nadie sabía nada? Seamos claros: los que no se enteraron de nada, a la puñetera calle por imbéciles, porque una cosa es que un sacerdote caiga en algo vergonzoso, y otra que los abusos hacia niños, jóvenes, seminaristas y hasta religiosas aparezcan como algo bastante habitual y nadie se entere de nada. Los que se enteraron y callaron o encubrieron, a la calle y con patada en el trasero o donde se tercie por mala gente, por falsos, por el daño que han consentido en las víctimas y el infringido a la Iglesia. Me da igual que los superiores sean cardenales, obispos, superiores religiosos y no sigo. Fuera.

Zotal en camiones. Hay heridas que necesitan amputación y cortando desde muy arriba para no dar a la infección la más mínima oportunidad de reproducirse. Por las víctimas, por la Iglesia, por sentido elemental de justicia. En estos casos es donde hay que demostrar que lo de la tolerancia cero es verdad, y que la Iglesia, que reconoce tener en su seno y en altos puestos grandes pecadores, cuando es conocedora de estas barbaridades, no tiembla en cortarlas, poniendo en manos del brazo secular a los autores de las mismas y apartándolos de todo ejercicio de cualquier tipo de responsabilidad eclesial, especialmente del ejercicio del ministerio a los ordenados in sacris.

Zotal. Y si hay que acabar con todo el episcopado o la mayor parte, con los sacerdotes y religiosos que sean, con laicos… HÁGASE. La misericordia nos impulsa a ser especialmente solidarios con las víctimas, a velar por los católicos chilenos, que tienen derecho a unos pastores como Dios manda –nunca mejor dicho-, y a cuidar de la santidad y buen nombre de la Iglesia.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *