Vivir en estado de evangelización

Nos proponemos este año,en nuestra Arquidiócesis, intensificar la evangelización.Es decir,vivir la identidad más profunda y la misión misma de la Iglesia. Un propósito que,a partir del Concilio Vaticano 11,ha sido remarcado continuamente por el Magisterio y que tiene su más reciente expresión en la exhor­tación apostólica Evangelii Gaudium del Papa Francisco, comentada desde diversos aspectos en otras ocasiones. Ahora, cuando estamos reiniciando tareas pastorales,quiero recordar algunas reflexiones de este documento, que deben ser para nosotros fuente de animación y orientación.

 

Lo primero es la necesidad de comprometemos decididamen­tcon la evangelización. La Iglesia sabe que debe salira buscar a los alejados y llegar al cruce de los caminos para invitar al banquete a los excluidos.Esto exige,señala el Papa,la conver­sión pastoral que deja una visión burocrática,estática y admi­nistrativa de la pastoral y entra en estado permanente de evan­gelización. Se requiere, entonces,ser creativos,ser facilitado­res y no controladores de la gracia,estar muy cerca de la gente, ser una Iglesia de puertas abiertas que no se encierra en las estructuras que le dan una falsa protección.

 

Luego,debemos comprender que los grandes desafíos de hoy son una gran oportunidad. Frente a los retos de las grandes «culturas urbanas»estamos llamados a huir de dos riesgos que contradicen la evangelización: el primero,una fe encerrada en sí misma,en sus certezas doctrinales y que hace de las propias

experiencias el criterio de verdad;y el segundo, pensar que la gracia es sólo un accesorio, pues los frutos vienen de las propias fuerzas.En lugar deslumbrante estas tentaciones es preciso aprovechar la oportunidad de lanzar a muchos a la evangelización,especialmente a los laicos.

 

Si queremos que la evangelización penetre en la sociedad debemos trabajar por la familia. La familia atraviesa una crisis cultural profunda. La Evangelii Gaudium hace notar que «la fragilidad de las relaciones se vuelve particularmente grave» en la familia,«célula fundamental de la sociedad, lugar donde se aprenden de a convivir en la diferencia y pertenecer a los otros y donde los padres transmiten la fe a los hijos». El matrimonio,agrega el Papa, «tiende a ser visto como una mera forma gratificador afectiva que puede constituirse de cualquier modo y modificarse según la sensibilidad de cada uno‘. Es preciso mostrar que la familia tiene una misión que supera el nivel de la emotividad y de las necesi­dades puntuales de sus miembros.

 

Hay que pensar también que la evangelización tiene una clara dimensión social;la Iglesia sabe que su misión implica colabo­rar para resolver las causas de la pobreza y para promover el desarrollo integral de los pobres.Así mismo, empeñarse con gestos sencillos y cotidianos de solidaridad en afrontar las necesidades concretas de los demás que están ante nuestros ojos.El Papa hace alusión a temas puntuales como la situación de los emigrantes, la presencia de nuevas esclavitudes, la responsabilidad particular cuando somos cómplices de la injusticia y el sufrimiento en que viven tantas personas.

 

Realmente,mantenerla alegría de evangelizarEvangelizar no es una tarea para algunos y en determinados momentos.Es un compromiso de todos y a lo largo de toda nuestra vida. La nueva evangelización,escribe Francisco,se desarrolla bajo el primado de la acción del Espíritu Santo que infunde siempre y de nuevo el impulso misionero a partir de la vida de oración,en la que la contemplación ocupa el puesto central. En este sentido,concluye presentando la Virgen María como imagen de la acción genuina de anuncio y transmisión del Evangelio,que la

Iglesia debe cumplir siempre con fuerte entusiasmo y amor fiel por el Señor, acompañando a todos los que caminan en la búsqueda de Dios.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *