Video del Papa: “El obispo debe ser humilde, manso, siervo, no príncipe”

Portaluz

Aunque ya lo ha destacado en otros momentos durante su Pontificado, Francisco reitera cómo debe ser el perfil de un obispo, al comentar la Carta de san Pablo a Tito en su homilía de hoy, desde la Casa Santa Marta.

En su homilía de la Misa matutina en Casa Santa Marta, el Papa Francisco al reflexionar respecto de las enseñanzas que en la Primera Lectura del día san Pablo vierte en su carta a Tito (1, 1-9), ha reiterado algunos criterios para poner orden en la Iglesia.

Fervor y desorden son las dos palabras que el Papa usa al recordar cómo nació la Iglesia. Al manifestarse “la fuerza del Espíritu”, en un primer momento, incluso con los “hechos admirables” realizados, puede “haber confusión -afirma el Pontífice-, desorden, y no debemos asustarnos”.

“Nunca la Iglesia ha nacido completamente ordenada, todo en orden, sin problemas, sin confusión, nunca. Siempre ha nacido así. Y esa confusión, ese desorden, debe ser arreglado. Es verdad, porque las cosas deben ponerse en orden; pensemos, por ejemplo, en el primer Concilio de Jerusalén: había una lucha entre los judaizantes y los no judaizantes… Pensemos bien: hacen el Concilio y arreglan las cosas”.

Por eso – subraya el Papa – Pablo deja a Tito en Creta para poner orden, recordándole que “lo primero es la fe”. Al mismo tiempo, da los criterios y las instrucciones sobre la figura del obispo “como administrador de Dios”.

“La definición que da del obispo es ‘administrador de Dios’, no de bienes, de poder, de las cordadas, no: de Dios. Siempre tiene que corregirse a sí mismo y preguntarse: ‘¿Yo soy un administrador de Dios o soy un hombre de negocios?’. El obispo es administrador de Dios. Debe ser irreprensible: esta palabra es la misma que Dios le ha pedido a Abraham: ‘Camina en mi presencia y sé irreprensible’. Es una palabra fundadora, de un líder”, reitera el Vicario de Cristo.

Francisco también recuerda cómo no debe ser un obispo. En la definición, explica que el obispo no debe ser arrogante, ni soberbio, ni enojado ni adicto al vino – uno de los vicios más comunes en la época de Pablo – ni tampoco un hombre de negocios apegado al dinero.

Sería “una calamidad para la Iglesia -dice- un obispo como ese”, incluso si solo tuviera uno de estos defectos. Por el contrario, el Papa señala que debe ser capaz de “dar hospitalidad”, debe ser “amante del bien”, “sensible, justo, santo, amo de sí mismo, fiel a la Palabra digna de fe que le ha sido enseñada”: estas son las peculiaridades del servidor de Dios…

“Así es el obispo. Este es el perfil del obispo. Y cuando se investiga para la elección de los obispos -prosigue reflexionando el Pontífice-, sería bueno hacer estas preguntas al principio. Para saber si se puede ir adelante con otras investigaciones. Pero, sobre todo, vemos que el obispo debe ser humilde, manso, siervo, no príncipe. Esta es la Palabra de Dios. ‘Ah, sí, padre, esto es cierto, esto después del Concilio Vaticano II debe hacerse…’ – ¡No, después de Pablo! Esta no es una novedad postconciliar. Esto es desde el principio, cuando la Iglesia se dio cuenta de que tenía que poner orden con tales obispos”.

“En la Iglesia – concluye el Papa – no se puede poner orden sin esta actitud de los obispos”. Lo que cuenta ante Dios no es ser simpáticos, predicar bien, sino la humildad y el servicio. Recordando la memoria de San Giosafat, obispo y mártir, Francisco pide rezar por los obispos para que “sean así, seamos así, como Pablo nos pide ser”.

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