Un obispo renuncia a su puesto para vivir como ermitaño

Fuente: InfoVaticana

No es habitual que un prelado en servicio tome una decisión de esta índole, de hecho, es la primera vez que ocurre en la India. El obispo en cuestión, Jacob Muricken, auxiliar de Palai, al suroeste del subcontinente indio, ha expresado su deseo de seguir una vida espiritual más profunda como ermitaño, informa Asian News.

Muricken, consagrado obispo en 2012, asegura haber recibido 5 años después, en 2017, una llamada a vivir en solitario, llevando una vida ascética y de oración. En 2018 escribió una carta al Sínodo de la Iglesia Siro-malabar -al frente de la cual está el cardenal George Alencherry-, para pedir permiso a la Iglesia a la que pertenece, sobre la importante decisión.

Según relata Asian News, este hombre vive de una forma austera desde el inicio de su sacerdocio. Hace cuatro años, cuando ya era obispo, Muricken donó un riñón a un hombre de 31 años perteneciente a una pobre familia hindú.

“Fui llamado a retomar este estilo de vida ermitaña y esto reforzará más a la Iglesia”, ha dicho el prelado. “El ermitaño es una persona que contempla a Dios y viviendo completamente en unión con la naturaleza utiliza sólo lo que le es esencial para la vida. La vida será gastada en oración, meditación, estudios bíblicos y en la escritura, lo que me permitiría conducir una vida de silencio. Una sola comida por día y será exclusivamente vegetariano, cocinaré yo solo y utilizaré un cama y silla de madera y piedra. No es odiar al mundo, sino enseñar a los hombres a mirar el mundo en el modo justo, fijando nuestros ojos sólo en Dios”, dijo el obispo. Los fieles que quieran, podrán visitar a Muricken de forma controlada una vez por mes.

En una entrevista concedida al periódico católico Deepika, el obispo confesó que la suya será una vida de contemplación delante del Tabernáculo. Sobre la elección del lugar donde vivir, su obispo, Kallarangattu, le sugirió vivir en el territorio de la diócesis. El lugar elegido es la cima de la colina de Nallathanni, en el distrito de Idukki, en los locales de un monasterio existente, conocido como Marthoma Sleeha Monastry.

“Si dejo mi responsabilidad en la diócesis, Dios asignará el más apto para aquella posición. Mis oraciones contribuirán con más fuerza y espíritu a nuestra Iglesia. San Francisco de Asís es el santo que me influenció más en mi vida. Mi llamada a la ermita es una llamada al más alto nivel de conversión y a la santidad”, afirmó Muricken.

El prelado se encuentra a la espera del consentimiento del cardenal Alencherry, arzobispo mayor de rito Siro-malabar, tras lo cual la decisión será comunicada a la Congregación de las Iglesias orientales.

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