Un amigo de Lolo – “Lolo, libro a libro” – Sufrir; el sufrimiento de cada uno

Yo soy amigo de Lolo. Manuel Lozano Garrido, Beato de la Iglesia católica y periodista vivió su fe desde un punto de vista gozoso como sólo pueden hacerlo los grandes. Y la vivió en el dolor que le infligían sus muchas dolencias físicas. Sentado en una silla de ruedas desde muy joven y ciego los últimos nueve años de su vida, simboliza, por la forma de enfrentarse a su enfermedad, lo que un cristiano, hijo de Dios que se sabe heredero de un gran Reino, puede llegar a demostrar con un ánimo como el que tuvo Lolo.

Sean, las palabras que puedan quedar aquí escritas, un pequeño y sentido homenaje a cristiano tan cabal y tan franco.

Resultado de imagen de El sillón de ruedas

Continuamos con el traer aquí textos del Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo. Lo hacemos ahora con “El sillón de ruedas”.

Sufrir; el sufrimiento de cada uno

“Aunque tuviéramos delante todas las crucifixiones del mundo como un camposanto inacabable, habría que rendirse a la verdad de la que no hay copia cuando dos leños sencillos se le enlazan a un hombre con un sentido de Pasión.” (El sillón de ruedas, pp. 109-110)

Nosotros tenemos calificado, porque lo es, al sufrimiento que habitó en el corazón del Hijo de Dios, como un ejemplo de fortaleza, de honor y de dignidad. También lo tenemos como ejemplo exacto de hasta dónde se puede llegar si se quiere cumplir la misión que a uno se le ha dicho que debe hacer.

Nosotros tenemos, porque lo es, a la forma de sufrir de Jesucristo como una, digamos, forma tan especial que sabemos que seríamos incapaces de alcanzar, siquiera, como se suele decir, la suela de las sandalias que en su Pasión debió llevar puestas el Hijo de Dios.

Nosotros tenemos, porque lo es, a la forma de encajar las malas palabras, los escupitajos, los golpes, por parte del hijo de María y putativo de José como expresión del amor en grado sumo, de la Voluntad (que es de Dios por ser Cristo Dios hecho hombre) de perdonar y de pedir perdón. Y sabemos que es más que posible que nosotros no seríamos capaces de un tal comportamiento.

Nosotros tenemos, porque creemos que lo es, como una expresión sin palabras (dijo pocas entonces: aquellas siete, ya, en la Cruz colgado y a punto de morir al mundo y en el mundo) de qué es lo que debe hacer quien se considera hijo de Dios y sabe, porque lo es, que no hay otra forma de asentir que se ama al Todopoderoso que seguir el camino que hay delante, es mejor, sí, en silencio y, en todo caso, recordando Su silencio, Su Amor, el todo de Jesucristo en Su entonces.

En realidad, nosotros tenemos, porque es cierto que lo es y en verdad sabemos que lo es, por fe y porque nos da la santa gana creerlo, que Jesucristo, cuando fue alzado en la Cruz, entonces, sí, entonces atrajo a todos hacia sí. Eso ya lo había dicho, Él, pero ahora, entonces queremos decir, era posible comprobar que aquello también, aquello también, era cierto y se estaba cumpliendo.

Pues bien, el Beato Manuel Lozano Garrido sabe que todo eso aquí dicho y todo lo que cualquiera podría decir y apuntar más en abundancia, cede ante el propio sufrimiento.

¿Es que, acaso, nos importa poco la Cruz de Cristo, su sufrir?

No. La respuesta es clara: no. No nos importa poco la Cruz de Cristo sino, al contrario: mucho y más que mucho. Por eso decimos, con Lolo, que nosotros, con nuestra cruz o cruces particulares estamos a su sombra pero que a nosotros nos duele mucho porque recae sobre nuestro corazón-espalda y debemos llevarla, en pos de Cristo, hacia el definitivo Reino de Dios. Y completamos, así, Su sufrimiento, como nos dice San Pablo.

Nosotros creemos que, por eso mismo, nos dice el Beato de Linares (Jaén, España) “Aunque tuviéramos” porque el tal “aunque” cede ante nuestra propia realidad. En todo caso podemos, y debemos hacerlo, tener muy en cuenta la forma de sufrir, Su sufrimiento, de Jesucristo. Y debemos hacerlo porque es la mejor manera de encarar el sufrimiento con hombría, con gallardía, sabiendo que lo podemos ofrecer por santas intenciones que van a ser del agrado de Dios, Padre Todopoderoso.

El sentido de la Pasión de la que habla Lolo es sí, aquel que nos recuerda y nos hace presente la de Jesucristo. Y así nosotros, que somos tan poca cosa en comparación a la fortaleza espiritual del Hijo de Dios, podremos darnos cuenta de que es posible sufrir como si no sufriéramos y sí, que es posible ofrecer eso al Padre. Y podemos porque nuestro sufrimiento es nuestro pero, en cierta manera, de Quien sufrió el primero de todos nosotros, en aquella Cruz, en su particular Calvario.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *