Un amigo de Lolo – “Lolo, libro a libro”- El cielo y lo nuestro

Eleuterio Fernández Guzmán

 

 

Yo soy amigo de Lolo.  Manuel Lozano Garrido, Beato de la Iglesia católica y periodista vivió su fe desde un punto de vista gozoso como sólo pueden hacerlo los grandes. Y la vivió en el dolor que le infligían sus muchas dolencias físicas. Sentado en una silla de ruedas desde muy joven y ciego los últimos nueve años de su vida, simboliza, por la forma de enfrentarse a su enfermedad, lo que un cristiano, hijo de Dios que se sabe heredero de un gran Reino, puede llegar a demostrar con un ánimo como el que tuvo Lolo.

 

Sean, las palabras que puedan quedar aquí escritas, un pequeño y sentido homenaje a cristiano tan cabal y tan franco.

 

Continuamos con el traer aquí textos del Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo. Lo hacemos ahora con “El sillón de ruedas”.

El cielo y lo nuestro

 

“Cuando se piensa que en lo alto rutila el cielo que tanto espiritualizaba a Ignacio, se hace duro tener siempre por delante una geometría de adoquines.”

Sí, es bien cierto lo que nos dice el Beato acerca de que hay mucha, pero que mucha, diferencia entre lo que somos nosotros y a los que aspiramos, con anhelo no escondido: el Cielo.

 

Al respecto de esto, nos gusta creer que Lolo tenía por buena la idea según la cual el Cielo, el Infierno y el Purgatorio-Purificatorio, son sitios y no meras realidades espirituales. Y en esto es más que posible que pueda hacer diferencias de entendimiento entre los que pueda leer esto. Pero, ¿si el Cielo no es un sitio, a qué se refería Cristo cuando dijo que se iba para prepararnos estancias?

 

Ciertamente, se puede decir que nosotros, los hijos de Dios, acostumbrados como estamos a lo material (vivimos entre materia y en materia somos, no lo olvidemos) estamos dispuestos a tener por bueno que el Cielo, el Infierno, etc. con lugares porque lo material es en lo que vivimos, nos movemos y existimos. Y es posible que eso sea así. Sin embargo, ¿Acaso el Paraíso no era material y no existe aún aunque esté vedada su entrada porque está vigilada por ángeles y se ha puesto como una barrera de fuego delante del mismo?

 

En fin, que, como decimos, creemos que el Beato de Linares (Jaén, España) tenía por verdad que el Cielo era un lugar. Y eso aún hablando de que el mismo hacía espiritual, más espiritual entendemos, a Ignacio de Loyola.

 

Sin embargo, con ser esto importante, no lo es menos aquello que nos quiere decir nuestro Beato acerca de lo que es el Cielo y qué nuestra realidad, lo que nos pasa.

 

A este respecto, estando a la espera, como estaba él entonces y como estamos nosotros, ahora mismo, de alcanzar el definitivo Reino de Dios, ¡qué verdad es eso que nos dice!

 

El Beato Lolo, el caso es que, nos dice que se hace duro darse cuenta de la verdad de las cosas. Y sí, es más que cierto que si nos paramos a pensar (vale la pena hacerlo porque eso nos puede llevar a cambiar muchos hábitos de vida) lo que pasa al respecto del Cielo y de nuestro ahora…, en fin, como que podemos llegar a tenerlo por imposible alcanzar al primero.

 

Es una rutina dura, decimos, la de que darle vueltas a la diferencia tan inmensa y terrible que existe entre una existencia donde el dolor y el sufrimiento es el tono habitual de vida y otra en la que no existe ni el primero ni el segundo y donde lo que nos pasará es que tengamos la Visión Beatífica y gocemos de la Bienaventuranza. Y sí… ¡es que es mucha la diferencia! Y por eso, este es un valle de lágrimas y el otro uno de gozo que dura para siempre, siempre, siempre.

 

Es una gran verdad que lo que hay más allá de este mundo nuestro en el que existimos como hijos de Dios en tránsito hacia el encuentro con el Padre, es mucho mejor que lo que aquí estamos descubriendo y, a veces, gozando. Sin embargo, siempre nos queda la esperanza, grande y sembrada por Dios en nuestro corazón, de que nos está esperando Aquel que no ha creado y mantiene en el mundo. Y por eso, precisa y exactamente por eso, vale mucho la pena pensar en lo que, en lo alto, rutila, como dice Lolo. Y es que Dios, que no se deja ganar en generosidad y en misericordia, lo ha puesto ahí, su definitivo Reino, para ser llenado por su semejanza. Y  por eso, lo que de ahora, frente a lo que ha de venir, podría causar en nosotros desazón cuando, al contrario, lo que debería producir es ansia de alcanzarlo. Y es que, por eso, como dice el Beato Manuel Lozano Garrido, tanto quedaba espiritualizado Ignacio de Loyola con el Cielo.

 

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