Un amigo de Lolo – “Lolo, libro a libro” – Amar el sufrimiento (V) – Ansia de los mejores

Yo soy amigo de Lolo. Manuel Lozano Garrido, Beato de la Iglesia católica y periodista vivió su fe desde un punto de vista gozoso como sólo pueden hacerlo los grandes. Y la vivió en el dolor que le infligían sus muchas dolencias físicas. Sentado en una silla de ruedas desde muy joven y ciego los últimos nueve años de su vida, simboliza, por la forma de enfrentarse a su enfermedad, lo que un cristiano, hijo de Dios que se sabe heredero de un gran Reino, puede llegar a demostrar con un ánimo como el que tuvo Lolo.

Sean, las palabras que puedan quedar aquí escritas, un pequeño y sentido homenaje a cristiano tan cabal y tan franco.

Continuamos con el traer aquí textos del Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo. Lo hacemos ahora con “El sillón de ruedas”.

Amar el sufrimiento (V) – Ansia de los mejores

“Si no profanara la huella de lo santo, te recordaría mi envidia de tus hombres predilectos, los que besaban la úlcera, se revolvían en el espino y alzaban la hermosa demencia de la Cruz. De Juan de Fontiveros me atrajo ese instinto que absorbía la crucifixión como la llama el pabilo; de Teresa, su martirio de deseo; del “Poverello”, la santa fraternidad de la muerte” (El sillón de ruedas, p. 312)

Nunca deberíamos olvidar que nosotros, los católicos tenemos una huella formada a lo largo de la historia de la salvación que corresponde, exactamente, al tiempo primero de la misma cuando Dios hizo un pacto nuevo con el hombre a través de su Hijo, Jesucristo.

Queremos decir que sí, que no estamos solos en esto de la fe y que, como decimos, a lo largo de los siglos desde entonces, muchos de los nuestros lo han dado todo por su fe católica. Y, con el paso del tiempo, según ha correspondido en cada caso, han ido subiendo a los altares porque se les ha reconocido, digamos, una dedicación más que especial a Dios y sus cosas del alma.

Nosotros, a tales hermanos en la fe, los llamamos santos y, además de reconocer que muchos otros lo han sido y habitan el Cielo sin el reconocimiento correspondiente pero, al fin y al cabo lo habitan, es cierto y verdad que nos viene la mar de bien, para nuestra alma, que haya, eso, santos que lo han sido y lo serán para siempre.

Pues bien, el Beato Manuel Lozano Garrido que, como es lógico, reconoce la tal existencia y a ella se acoge, lo dice con una claridad que no deja duda alguna para el dudoso que quiera serlo: la huella de lo santo puede ser profanada. Sin embargo, tal como él lo dice, más bien queda manifiesta su admiración por “algunos” de los santos que menciona. Y es que cada uno de ellos tiene su “aquel”, su especial forma de manifestar lo que es.

Está claro que lo que dice sobre cada uno de ellos podemos suscribirlo de “p” a “pa”, como suele decirse. Es decir, ninguna pega vamos a poner en admitir que sí, que tanto Juan de Fontiveros como Santa Teresa de Jesús o, por fin, San Francisco de Asís, cada cual a su manera, nos han mostrado que Dios es Padre y que, todo lo que tenga que ver con El Señor, desde la Creación hasta el haber enviado a Jesucristo al mundo, es tema del cual siempre deberíamos hablar y tener en el corazón.

Nosotros, sin embargo, no vamos a extendernos sobre eso sino sobre otra cosa que también nos dice el Beato de Linares (Jaén, España).

El caso es que nos queremos referir al ansia que se puede tener, desde el sufrimiento que se está pasando, por lo bueno y mejor de nuestra fe católica. Y eso es lo que hace Lolo cuando nos habla de la manera y forma que lo hace. Y es que así nos muestra que se fe es mucho más que pura fachada espiritual.

Nos dice nuestro hermano en la fe que tiene envidia. Y podríamos preguntarnos (que es que no, pero podríamos) si eso es poner sobre la mesa un pecado porque la enviada, tenerla, es un pecado.

Las cosas, podemos decir, en materia de creencia y de fe católicas no son, como pensamos, como pueden parecer a simple y primera vista. Y es que, en realidad, lo que le pasa a Lolo es que está ansioso, en su sufrimiento, por aceptar en su realidad de cada día y, en suma, en llevar una vida tal la llevaron aquellos que menciona. Y eso no creemos que sea envidia, así, como el que ansía lo que otros tienen por egoísmo. No. Lo que quiere el Beato Manuel Lozano Garrido es superar su sufrimiento admitiendo que es atrayente el sentido espiritual que muchos santos han tenido, no ya del sufrimiento sino de la propia muerte. Y no podemos decir que eso sea, así dicho, simple y pura envidia sino, al fin y al cabo, espíritu santo de superación.

En realidad, besar la úlcera, revolverse en el espino y alzar la hermosa demencia de la Cruz, como nos dice Lolo no es más, ni menos, que expresión de qué supone ser hijo de Dios: sufriente, sí pero (sobre todo y entonces) hijo del Todopoderoso.

Eleuterio Fernández Guzmán

Panecillos de meditación

Llama el Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Saber sufrir, espiritualmente hablando, es un verdadero tesoro.

Para leer Fe y Obras.

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *