Serie Un amigo de Lolo – Las cosas son como son…

Yo soy amigo de Lolo. Manuel Lozano Garrido, Beato de la Iglesia católica y periodista vivió su fe desde un punto de vista gozoso como sólo pueden hacerlo los grandes. Y la vivió en el dolor que le infligían sus muchas dolencias físicas. Sentado en una silla de ruedas desde muy joven y ciego los últimos nueve años de su vida, simboliza, por la forma de enfrentarse a su enfermedad, lo que un cristiano, hijo de Dios que se sabe heredero de un gran Reino, puede llegar a demostrar con un ánimo como el que tuvo Lolo.

Sean, las palabras que puedan quedar aquí escritas, un pequeño y sentido homenaje a cristiano tan cabal y tan franco.

 

Las cosas son como son…

“Mas el desliz del Paraíso no puede ser alineado junto a una querella de velador. Si vamos a él con toga y lente de Derecho, también habríamos de desempolvar la altura de un delito de deicidio.” (El sillón de ruedas, p. 95)

El título del artículo de hoy tiene que ver, eso, con las cosas y circunstancias porque, a veces, son como son y no podemos vestirlas de una forma distinta a cómo son.

El Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo, sabe que ante determinadas circunstancias, es más que posible que tratemos de disimular. Y qué decir del pecado original…

Es bien cierto que, con el paso de los siglos desde que aquello sucedió, sabemos más que mucho de la intención de nuestros Primeros Padres. Y que no había nada bueno en aquella su intención y, aunque también que fueron vilmente engañados por el Maligno, no es poco cierto que cayeron con gozo (digamos eso) en aquel primer pecado.

¿Acaso el ser humano, creado por Dios, tenía derecho a algo?

En realidad, es verdad que tenía los derechos que el Creador, el Padre del Cielo, le había dado a Adán y a Eva. Sin embargo, la cosa no podía más allá. Es más, no podía pasar de aquella línea roja que trazó, para ellos, el Todopoderoso.

Decimos eso del “Derecho”, así, con mayúsculas porque el Beato de Linares (Jaén, España) quiere decir mucho más que si dijéramos sólo “derecho”porque esto, el derecho en minúscula viene a referirse a uno mismo, a nuestros particulares egoísmos. Sin embargo, hablar de “Derecho” con mayúscula suponer poner el listón muy alto y, en este caso, creemos que Lolo quiere decirnos que es el hombre, así, en especie, el que presentaría ante Dios, digamos, una queja por aquello que sucedió en el Paraíso.

Entonces, tenemos más que claro que no es posible hacer eso porque, de hacerlo, en fin, que debemos tener en cuenta lo que supone lo hecho por el hombre, creado a imagen y semejanza de Dios, a Quien traicionó, digamos, a las primeras de cambio o, por decirlo pronto, en cuanto tuvo la ocasión y la misma se la pusieron en bandeja que fue lo que hizo aquel animal, aquella serpiente, que tomó bien la medida de los corazones volubles de Adán y de Eva.

Sí, de lo que se trata aquí es de un actuar contra Dios. Y es que otra cosa no puede considerarse que no sea el devenir de aquellos acontecimientos tan nefastos (nunca mejor dicho por ir contra lo justo religioso) que hicieron, a la vez y de una sola tacada, que el pecado entrara en el mundo y, también, la muerte. Ahí es nada a cambio de una nada y de un bocado a la fruta prohibida…

Esto nos hace ver las cosas, digamos, desde el punto de vista que vale la pena y que nos conviene. Y es que debemos tener muy en cuenta que si bien Dios es bueno y es misericordioso también es justo y aquello, aquello que sucedió entonces, en aquellos primeros tiempos de vida del ser humano sobre la Tierra, tenía que tener consecuencias… Y bien que las tuvo, hasta hoy mismo y hasta mucho más allá del hoy.

Eleuterio Fernández Guzmán

 

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