Sacerdotes sin tiempo para amar

Maricruz Tasies

 

El hecho es que existen sacerdotes con tiempo para amar y otros que no.

El hecho es que resulta imposible no darse cuenta debido al efecto que el amor produce en el alma.

A qué se debe que, contrario a lo que se espera, para amar no les quede tiempo?

Muchas son las razones pero, sean las que fueren, el caso es que un sacerdote sin tiempo para la caridad, es un sacerdote desnaturalizado que, cuando se ha visto que no tiene remedio, más le valdría dejar el sacerdocio. Quizá es que nunca tuvo vocación, realmente.

Un sacerdote profundamente alejado del amor viene a ser como un padre de familia que, por dar prioridad a su trabajo, no le que queda tiempo para amar a su familia.

Lo grave es que, como en muchas familias, nos llega a parecer natural (o nos resignamos) tener sacerdotes que, ni por atisbo, sacan tiempo para demostrar amor por sus semejantes.

Nos llegaríamos a acostumbrar definitivamente si no fuera que existen sacerdotes para quienes amar es prioridad.

Yo, por ejemplo, a padre Vicente, lo conozco de hace cuarenta años. Estuvo en mi comunidad fundando pero, sobre todo, haciendo sentir a cada uno amado y necesario. Después lo enviaron a trotar mundo por muchísimos años pero el caso es que Vicente, ya viejo, ha regresado a casa y con él la certeza de que Dios no nos olvida.

No más lo encuentro antes de misa se me dibuja una sonrisa cuyo efecto en el alma me alcanza para toda la semana porque Vicente lo que inspira es ser como el, estar siempre contento, nunca quejarse, no hablar mal de nadie en absoluto, denunciar lo negativo pero a la vez hacerle frente con ayuda de Dios, ver lo positivo a todo, tomar a cada uno en cuenta, saber su nombre, interesarse por sus asuntos.

Con Vicente dan ganas de amar a Dios, de obedecerle, de servir al prójimo, de tener Fe y Esperanza, de tener sabiduría, prudencia, paciencia y fortaleza y de aprender a nunca callar cuando hablar es deber de conciencia.

Echarse en sus brazos buscando consuelo es el efecto final. Vicente siempre está ahí tal como Dios siempre lo está. Vicente es cosa de Dios,verdaderamente.

A mí me queda ya muy poca confianza en el ser humano y escasísima en el clero; sin embargo, mi Fe en Dios es grande y también mi Esperanza y es porque conozco por Vicente de qué es capaz Dios Todopoderoso cuando le permitimos instalarse en el alma.

Ustedes, sacerdotes que para amar no les queda tiempo, modifiquen su conducta para que, al final de sus días puedan presentarse ante Dios, contentos.

Ya basta de auto-compadecerse, basta de dividirnos con su ambigüedad y de hacer sentir mal al prójimo por cualquier motivo, basta de eludir ser santos. ¡Ya basta!

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