«Redemptoris custos», 30 años de la Exhortación Apostólica Redemptoris custos

Gaudium press

 

Con ocasión de la fiesta de San José, que la Iglesia católica celebra el 19 de marzo, traemos al a memoria la Exhortación Apostólica «Redemptoris custos» de San Juan Pablo II sobre la figura y la misión del padre adoptivo de Jesús en la vida de Cristo y de la Iglesia. El documento, que fue presentado el 15 de agosto del año 1989 -solemnidad de la Asunción de la Virgen María- se acerca este 2019 a su 30º aniversario.

El documento fue escrito por el papa polaco al conmemorarse el centenario de la publicación de la Carta Encíclica «Quamquam pluries» del Papa León XIII sobre la devoción a San José, con el propósito de hacer crecer la devoción al Patrono de la Iglesia Universal, así como el amor a su Hijo adoptivo, el Redentor, «al que él sirvió ejemplarmente».

En dicha exhortación, Juan Pablo II resalta a San José que, como Custodio del Redentor, también es custodio de toda la Iglesia:

«Desde los primeros siglos, los Padres de la Iglesia, inspirándose en el Evangelio, han subrayado que San José, al igual que cuidó amorosamente a María y se dedicó con gozoso empeño a la educación de Jesucristo, también custodia y protege su cuerpo místico, la Iglesia, de la que la Virgen Santa es figura y modelo».

El santo papa hace referencia, de un modo especial, a la paternidad de San José:

«San José ha sido llamado por Dios para servir directamente a la persona y a la misión de Jesús mediante el ejercicio de su paternidad; de este modo él coopera en la plenitud de los tiempos en el gran misterio de la redención y es verdaderamente ‘ministro de la salvación’.

Su paternidad se ha expresado concretamente ‘al haber hecho de su vida un servicio, un sacrificio, al misterio de la encarnación y a la misión redentora que está unida a él; al haber hecho uso de la autoridad legal, que le correspondía sobre la Sagrada Familia, para hacerle don total de sí, de su vida y de su trabajo; al haber convertido su vocación humana al amor doméstico con la oblación sobrehumana de sí, de su corazón y de toda capacidad, en el amor puesto al servicio del Mesías, que crece en su casa'».

San Juan Pablo II también expone cómo en la Eucaristía se venera a San José, así como se hace con María Santísima:

«En el sacrificio eucarístico la Iglesia venera ante todo la memoria de la gloriosa siempre Virgen María, pero también la del bienaventurado José porque ‘alimentó a aquel que los fieles comerían como pan de vida eterna'».

Mención especial hace, asimismo, de San José como patrono de la Iglesia Universal, declarado como tal por el papa Pío IX:

«En tiempos difíciles para la Iglesia, Pío IX, queriendo ponerla bajo la especial protección del santo patriarca José, lo declaró ‘Patrono de la Iglesia Católica’. El Pontífice sabía que no se trataba de un gesto peregrino, pues, a causa de la excelsa dignidad concedida por Dios a este su siervo fiel, ‘la Iglesia, después de la Virgen Santa, su esposa, tuvo siempre en gran honor y colmó de alabanzas al bienaventurado José, y a él recurrió sin cesar en las angustias'».

Sobre este patrocinio fundamental hacia la Iglesia por parte del Custodio del Redentor, San Juan Pablo II reflexiona:

«La Iglesia transforma estas exigencias en oración. Y recordando que Dios ha confiado los primeros misterios de la salvación de los hombres a la fiel custodia de San José, le pide que le conceda colaborar fielmente en la obra de la salvación, que le dé un corazón puro, como San José, que se entregó por entero a servir al Verbo Encarnado, y que ‘por el ejemplo y la intercesión de San José, servidor fiel y obediente, vivamos siempre consagrados en justicia y santidad'».

El papa polaco concluye haciendo eco, y presente, el llamado que hizo León XIII de encomendar a todos los hombres, y a la Iglesia, a San José:

«Deseo vivamente que el presente recuerdo de la figura de san José renueve también en nosotros la intensidad de la oración que hace un siglo mi Predecesor recomendó dirigirle. Esta plegaria y la misma figura de José adquieren una renovada actualidad para la Iglesia de nuestro tiempo, en relación con el nuevo Milenio cristiano».

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