¿Por qué el Papa Francisco no es un hereje?

Creo que los autores de la carta han ido más allá de lo objetivamente justificado

Diecinueve teólogos y expertos han publicado recientemente una carta dirigida a todos los obispos católicos del mundo en la que acusan al papa Francisco de ser un hereje, e instan a los obispos a tomar medidas, incluso canónicas, para rectificar este estado grave de cosas.

No hay necesidad de repetir las preocupaciones expresadas en dicha carta. Son bien conocidas de todos, y ya han sido criticadas por muchos teólogos, expertos, sacerdotes, obispos e incluso cardenales. Lo que hace que esta carta sea única es su acusación formal de herejía. Es una posición extrema, como admiten los mismos autores, pero creen que, dada la situación crítica que se ha desarrollado en la Iglesia, dicha postura es necesaria.

Sin duda alguna, muchas de las afirmaciones hechas por el papa Francisco son ambiguas y, por lo tanto, problemáticas, porque pueden interpretarse tanto de una manera ortodoxa como heterodoxa. Lo más desconcertante es que las interpretaciones erróneas, que son contrarias a la doctrina y la tradición moral de la Iglesia, son a menudo planteadas por obispos y cardenales, que quieren implementar una enseñanza equivocada dentro de sus diócesis e instan a que se conviertan en la norma en sus jurisdicciones nacionales.

A la vista de todo esto, muchas de las preocupaciones abordadas en la carta abierta son válidas, algunas más que otras. Sin embargo, el hecho de que el papa Francisco articule estas posiciones de una manera ambigua hace casi imposible acusarle justamente de herejía. (Esto es, en cierto sentido, una gracia salvadora).

Quienes interpretan su enseñanza ambigua de una manera no acorde a la fe católica pueden ser herejes, pero el Papa no lo es, incluso si el Papa parece estar aprobando tácitamente sus interpretaciones erróneas. Por lo tanto, creo que los autores de la carta han ido más allá de lo objetivamente justificado.

Sí, hay una gran preocupación y muchas cuestiones doctrinales y morales en juego; en última instancia, la verdad del mismo Evangelio. Pero la manera en que han sido presentadas, las conclusiones a las que se ha llegado y las acciones propuestas no ayudarán a rectificar la actual crisis dentro de la Iglesia. En realidad, la carta abierta crea un problema a los demás a la hora de criticar de manera adecuada el actual caos doctrinal y moral que hay dentro de la Iglesia, un desorden que seguirá intensificándose a medida que avanza este pontificado.

¿Por qué digo esto? Primero, déjenme hablar de los obispos a quienes está dirigida esta carta. Sí, es descorazonador, sobre todo para los laicos, que los obispos no hablen de manera más franca en defensa de la auténtica doctrina y tradición moral de la Iglesia. Sin embargo, si los obispos mantienen la integridad del Evangelio en sus diócesis, esto es, en sí mismo, un gran logro, dada la actual atmósfera eclesial, temerosa y opresiva. Su silencio, entonces, podría ser una expresión comedida de su disgusto con el actual pontificado.

Sin embargo, debido a que la carta abierta es extrema en su evaluación y desmedida en su enfoque, es más que probable que cause dificultades a los obispos, e incluso a los cardenales, a la hora de abordar estas preocupaciones. Si bien pueden estar disgustados, e incluso enfadados, con la ambigüedad del papa Francisco y el modo en que lleva a cabo su ministerio petrino, están muy lejos de juzgar a Francisco un hereje, manteniéndose en silencio sobre la carta.

Además, si un obispo intenta comentar las actuales y graves preocupaciones, será tachado de persona que apoya y fomenta la causa “extremista” de los autores de la carta. Por consiguiente, esta carta, si bien puede estar bien intencionada, crea aún más dificultades a los obispos en su intento de abordar la crisis actual dentro de la Iglesia.

Segundo: si nos centramos en si el Papa es o no un hereje, la cuestión más urgente a la que se enfrenta la Iglesia pasa a un segundo plano, a saber: el caos doctrinal y moral que este pontificado ha alimentado en lo que atañe a cuestiones como la naturaleza sacramental del matrimonio, el mal intrínseco de los actos homosexuales, y si el judaísmo y el cristianismo son meramente dos de las muchas religiones deseadas por Dios.

La batalla hay que llevarla a cabo en este caos doctrinal y moral. Hay muchos teólogos y estudiosos, como sacerdotes y laicos, que han emprendido esta buena lucha de la fe. Y lo han hecho a través de artículos en publicaciones académicas y en periódicos, blogs y páginas web serios. Lo hacen en conferencias y foros públicos en general.

El resultado es una comunidad cada vez mayor de creyentes fervorosos, procedentes de todos los ámbitos de la vida, de todos los niveles académicos y de todas las vocaciones eclesiales, unidos en la verdad de que la Iglesia es una, santa, católica y apostólica, que no puede ser destruida o sustituida por una nueva iglesia, a pesar de que este pueda ser el objetivo de algunos representantes de la alta jerarquía eclesial.

Sin embargo, la carta abierta pone esta labor del Espíritu en peligro, porque quienes han emprendido esta batalla podrán ser más fácilmente metidos en el saco del extremismo. La sabiduría, la franqueza, la prudencia, el respeto y el amor con el que trabajan para proclamar y defender la verdad del Evangelio pueden perderse fácilmente en el clamor de anatemizar al papa o del subsiguiente alboroto en su defensa.

Lo que ya no hay son respuestas medidas, inteligentes y matizadas a la actual crisis eclesial, ni templanza llena de Espíritu racional para sacar la verdad a la luz en medio de esta engañosa oscuridad.

Por lo tanto, si bien la carta abierta espera ser un llamamiento para rectificar una situación grave en la Iglesia, puede que, sin quererlo, haya contribuido a hacer que la victoria de la fe sea aún más difícil.

Un comentario en “¿Por qué el Papa Francisco no es un hereje?

  • el 12 mayo, 2019 a las 5:13 am
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    El silencio de los obispos dan ala a este papa enemigo de la sana doctrina.

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