Pell se opuso al préstamo irregular de us$ 50 millones del Vaticano al hospital que quebró

El cardenal australiano George Pell y las autoridades financieras del Instituto para las Obras de Religión (IOR) se opusieron al préstamo de 50 millones de euros que finalmente fue concedido al Istituto Dermopatico dell’Immacolata, hospital quebrado.

Según informó CNA, el cardenal Angelo Becciu y el cardenal Giuseppe Versaldi fueron actores clave en una complicada serie de transacciones que financiaron la adquisición del hospital Istituto Dermopatico dell’Immacolata (IDI) por parte de la Secretaría de Estado del Vaticano en 2015, que colapsó por sustración de fondos y blanqueo de dinero a gran escala, lo que condujo al encarcelamiento de su presidente.

Ese mismo medio informa ahora que las autoridades financieras del IOR (conocido como el Banco Vaticano) y el cardenal Pell, nombrado por el Papa como responsable de las finanzas vaticanas, se opusieron a conceder un préstamo de 50 millones a dicho hospital, que finalmente fue concedido por Administración del Patrimonio de la Sede Apostólica (APSA).

Las razones de la oposición fueron que el préstamo violaba la normativa europea sobre este tipo de operaciones bancarias. Normativa a la que estaba obligada también la propia APSA.

Una fuente altamente cualificada del APSA ha declarado a CNA que el cardenal Becciu, por entonces número 2 de la Secretaría de Estado, y el cardenal Versali no tenían la menor intención a aceptar «un no por respuesta» y se saltaron a la Prefectura económica, presidida por el cardenal australiano, para firmar el acuerdo del préstamo.

De hecho, tras la oposición del cardenal Pell a ese préstamo, el Papa decretó que la Prefectura económica perdiera las competencias para revisar las inversiones de la propia APSA.

Becciu fue igualmente responsable de la cancelación de una auditoría externa planificada de todas las finanzas del Vaticano por parte de la firma PriceWaterhouseCoopers.

Fuentes de la Prefectura de Economía y de la APSA han asegurado a CNA que los esfuerzos por lograr la transparencia en la APSA y la Secretaría de Estado fueron factor decisivo para la salida del primer auditor general, Libero Milone, en 2017.

«Algunos se preocuparon porque estaba por descubrir algo que no debía ver. Nos acercamos mucho a la información que querían mantener en secreto, así que fabricaron una situación para sacarme», declaró Milone al Financial Times el 2 de noviembre de dicho año.

Becciu forzó la renuncia de Milone, amenazándolo con enjuiciamiento por «espiar» los tratos financieros privados de las principales figuras del Vaticano, incluido el propio Becciu.

 

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