Palabras del Santo Padre al final de los ejercicios espirituales

Quiero agradecerte, hermano Bernardo, tu ayuda en estos días. Me ha impresionado tu trabajo para hacernos entrar, como hizo el Verbo, en lo humano; y entender que Dios siempre se hace presente en lo humano. Lo hizo la primera vez en la encarnación del Verbo, total, pero también está presente en las huellas que deja en lo humano. Igual a la encarnación del Verbo ―indivisa et inconfusa―, está ahí. Y nuestro trabajo es tal vez proseguir…

Muchas gracias por este trabajo. Te agradezco que nos hayas hablado de la memoria: esta dimensión “deuteronómica” que olvidamos; de habernos hablado de esperanza, de trabajo, de paciencia, como indicándonos el camino para tener esa “memoria del futuro” que siempre nos hace avanzar. ¡Gracias!

Y me reí cuando dijiste que alguien, leyendo los títulos de las meditaciones, tal vez no entendía lo que ha hecho la Curia: tal vez han contratado un guía turístico que los llevase a conocer Florencia y a sus poetas… Y yo también en la primera meditación estaba un poco desorientado, luego entendí el mensaje. Gracias.

He pensado mucho en un documento conciliar ―la Gaudium et spes―, quizás es el documento que ha encontrado más resistencia, incluso hoy en día. Y en algún momento te vi de esta manera: como con la valentía de los Padres conciliares cuando firmaron ese documento. Muchas gracias. Ruega por nosotros que somos todos pecadores, todos nosotros, pero queremos seguir adelante así, sirviendo al Señor. Muchas gracias y saluda a los monjes de mi parte y de la de todos nosotros. ¡Gracias!

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