Opiniones erróneas del nuevo arzobispo de Bogotá

Redacción R+F

1 mayo, 2020
Bastante tenemos con vernos sometidos a la privación de los Sacramentos, como para que ahora debamos soportar, además, el yugo de la tribulación moral al vernos privados de la sana doctrina por cuenta de pastores que anteponen a ella sus opiniones personales en contradicción con la enseñanza de Jesús en la Sagrada Escritura, con la Tradición y el Magisterio perenne de la Iglesia.

Malestar y polémica han suscitado entre los creyentes las infortunadas declaraciones del nuevo arzobispo de Bogotá, Monseñor Luis José Rueda Aparicio, quien se estrenó con una entrevista en Caracol Radio, en la que de manera categórica hizo afirmaciones delicadas y de graves consecuencias para la fe de los creyentes, y que distan mucho de la enseñanza de la Iglesia.

Muy rápido, antes de tomar posesión de su cargo (lo hará en junio), el nuevo arzobispo confirmó lo dicho y publicado por El espectador, de lo cual dimos cuenta aquí, satisfaciendo las expectativas de las que dicho medio habló: “Me considero una persona de nuestro tiempo, a tono con la actualidad, con los pies sobre la tierra”.

En un tono muy amistoso con el panel de periodistas del programa 6AM Hoy por Hoy de Caracol Radio, al ser preguntado con respecto a las diversas interpretaciones a las que, desde distintos puntos de vista, ha dado lugar la pandemia del coronavirus, entre ellas, si se trata de «un castigo de Dios» o si obedece a «una intervención del demonio», Monseñor fue más allá de lo que pudiera esperarse y, categóricamente, afirmó: “Decir que eso que está pasando es un castigo de Dios, es una ignorancia».

A continuación, se extiende un poco en la explicación, pero situándola por completo y exclusivamente en un plano estrictamente humano, horizontal, inmanente, sin un sentido trascendente.

En el minuto 7:50 se le plantea que si así como se dice «que Dios está en todo esto, ¿también lo está el demonio?». A lo que de inmediato responde: «Yo no es que crea mucho en el demonio».

Luego de lo cual se explaya en una serie de consideraciones que, en síntesis, niegan la existencia y la acción del demonio, dejando la explicación del mal, de su origen, sus causas y consecuencias, como una simple deficiencia humana, remitiendo a la etimología de la palabra «demonio» (Daimon y diabolos), en Griego, como una realidad más de tipo psicológico que se manifiesta «restándonos energía».

Pero la afirmación más grave, derivada de su forma de apreciar y entender «el fenómeno del mal» (No el Misterio de la Iniquidad, como lo enseña la Iglesia), viene enseguida (minuto 8:19) cuando aduce y concluye: «No necesitamos exorcistas».

Y, de nuevo, centra su respuesta en el esfuerzo exclusivamente humano, prescindiendo del esfuerzo ascético y del combate espiritual, medios de los que siempre ha hablado la Iglesia.

Pero, ¿Qué es lo que enseña la Iglesia al respecto y por lo cual estas respuestas causan polémica al encontrarse en contradicción con su Magisterio? El numeral 391 y siguientes del Catecismo de la Iglesia Católica, afirma:

II La caída de los ángeles

391 Detrás de la elección desobediente de nuestros primeros padres se halla una voz seductora, opuesta a Dios (cf. Gn 3,1-5) que, por envidia, los hace caer en la muerte (cf. Sb 2,24). La Escritura y la Tradición de la Iglesia ven en este ser un ángel caído, llamado Satán o diablo (cf. Jn 8,44; Ap 12,9).

La Iglesia enseña que primero fue un ángel bueno, creado por Dios. Diabolus enim et alii daemones a Deo quidem natura creati sunt boni, sed ipsi per se facti sunt mali («El diablo y los otros demonios fueron creados por Dios con una naturaleza buena, pero ellos se hicieron a sí mismos malos«) (Concilio de Letrán IV, año 1215: DS, 800).

392 La Escritura habla de un pecado de estos ángeles (2 P 2,4). Esta «caída» consiste en la elección libre de estos espíritus creados que rechazaron radical e irrevocablemente a Dios y su Reino. Encontramos un reflejo de esta rebelión en las palabras del tentador a nuestros primeros padres: «Seréis como dioses» (Gn 3,5). El diablo es «pecador desde el principio» (1 Jn 3,8), «padre de la mentira» (Jn 8,44).

394 La Escritura atestigua la influencia nefasta de aquel a quien Jesús llama «homicida desde el principio» (Jn 8,44) y que incluso intentó apartarlo de la misión recibida del Padre (cf. Mt 4,1-11). «El Hijo de Dios se manifestó para deshacer las obras del diablo» (1 Jn 3,8). La más grave en consecuencias de estas obras ha sido la seducción mentirosa que ha inducido al hombre a desobedecer a Dios.

Bastante tenemos con vernos sometidos a la privación de los Sacramentos, como para que ahora debamos soportar, además, el yugo de la tribulación moral al vernos privados de la sana doctrina por cuenta de pastores que anteponen a ella sus opiniones personales en contradicción con la enseñanza de Jesús en la Sagrada Escritura, con la Tradición y el Magisterio perenne de la Iglesia.

«Antes se hacía apologética hacia afuera: para los protestantes, para los ateos… Pero ahora hay que hacerla hacia adentro mismo de la Iglesia».

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *