Obispo defiende el celibato en el Sínodo de la Amazonia

D. Rafael Escudero López-Brea, obispo prelado de Moyobamba, en Perú, ha realizado una brillante intervención en la Congregación General tratando sobre el número 129 del Instrumentum Laboris, que recoge «sugerencias de las comunidades» sobre la creación de diversos ministerios para atender a necesidades. En concreto, el n. 2, sobre el que se trataba en la intervención, dice que:

«Afirmando que el celibato es un don para la Iglesia, se pide que, para las zonas más remotas de la región, se estudie la posibilidad de la ordenación sacerdotal para personas ancianas, preferentemente indígenas, respetadas y aceptadas por su comunidad, aunque tengan ya una familia constituida y estable, con la finalidad de asegurar los Sacramentos que acompañen y sostengan la vida cristiana.»

D. Rafael afirma que la ordenación de varones ancianos casados, con la tarea de administrar los sacramentos, pero sin las de enseñar y gobernar, separaría el munus sanctificandi de los munera regendi y docendi. Esto supondría «una novedad en el plano eclesiológico, en la estructura jerárquica-sacramental que la Iglesia tiene por mandato divino».

En definitiva, la reducción de la identidad del sacerdote católico lo llevaría a ser «un mero funcionario de Misa». Desde su experiencia de obispo amazónico, insiste en la necesidad de «una evangelización que anuncie a Jesucristo como único salvador de los hombres, de los pueblos y las culturas».

Además, realiza una valiente observación: «no faltan hoy vocaciones y sacerdotes en las diócesis y congregaciones religiosas que se forman en la sana doctrina de la Iglesia y viven una auténtica espiritualidad cristiana».

A continuación, publicamos una transcripción de las palabras de Mons. Rafael Escudero:

Un desafío importante de la evangelización en la Amazonía es la carencia de sacerdotes que puedan atender las comunidades católicas. La solución que propone el Instrumentum Laboris es la de estudiar la posibilidad de ordenar varones ancianos casados, concediéndoles sólo la tarea de administrar los sacramentos, pero no dice nada de la tarea de enseñar y gobernar.

En consecuencia se hace una separación entre el munus sanctificandi, el munus regendi y el munus docendi. De esta manera se introduce una novedad en el plano eclesiológico, en la estructura jerárquica-sacramental que la Iglesia tiene por mandato divino. Se propone una nueva visión del Orden que no procede de la Revelación, sino de los usos culturales de los pueblos amazónicos que prevén, entre otros, “una autoridad por rotación” (IL 127), y se invita a reconsiderar la obligatoriedad del celibato.

Los hombres ancianos casados ordenados supondrían una especie de sacerdocio de segunda categoría y se reduciría la identidad del sacerdote católico a una mera funcionalidad sacramental. El sacerdote, de ser pastor de la comunidad, fuente de consejo, maestro de vida cristiana, presencia cercana de Cristo, pasaría a ser un mero funcionario de Misa.

La Iglesia existe para evangelizar, nos recordaba San Pablo VI en “Evangelii nuntiandi”. La primera misión del Sínodo será ver cómo, con sumo respeto, podemos evangelizar a quienes, por no conocer a Jesucristo, que es el Camino, la Verdad y la Vida, viven sin respuesta a los grandes interrogantes del ser humano. No podemos olvidar que la mayoría de los habitantes de la Amazonía no son católicos: viven, por eso, privados de conocer el Amor infinito que es Jesucristo.

Lo urgente es evangelizar en profundidad enviando los mejores sacerdotes, religiosos y laicos de las diócesis y congregaciones religiosas que dispongan de más agentes pastorales. Una evangelización que anuncie a Jesucristo como único salvador de los hombres, de los pueblos y las culturas, que cree comunidades donde se viva intensamente la fe católica probada.

La formación de animadores y catequistas es fundamental para poder mantener vivas esas comunidades hasta que éstas puedan contar con sacerdotes propios. Los obispos y sacerdotes de la Amazonía hemos de esmerarnos más en la formación integral de los animadores y en la pastoral vocacional. Y de un pueblo evangelizado y bien formado surgirán carismas y, entre ellos, el del celibato para el sacerdocio.

Hay penuria eucarística en la Amazonia y en muchos lugares del mundo, pero no faltan hoy vocaciones y sacerdotes en las diócesis y congregaciones religiosas que se forman en la sana doctrina de la Iglesia y viven una auténtica espiritualidad cristiana.

Sí existe una deficiente distribución de los sacerdotes y tenemos necesidad de dedicarnos a nuestro ministerio esencial: orar, predicar, celebrar los sacramentos y expulsar los demonios. Hay demasiados obispos y sacerdotes en las diócesis dedicados a tareas que no le son tan propias como la administración, el profesorado, las secretarías. Es hora que nosotros, como decían ya los Apóstoles, “nos dediquemos más a la oración y a la predicación de la Palabra” (Hch 6,4).

 

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