Obedecer sí, pero según derecho

Fuente: blog de Jorge Gonzáles Guadalix en InfoCatólica

 

Hablaba hace poco con un muy alto eclesiástico, y no voy a decir más. Salió el tema de la obediencia que los sacerdotes prometemos al obispo el día de nuestra ordenación, y, en un momento de la charla me dijo: “los sacerdotes, como los obispos, como los religiosos y los laicos, tenemos que obedecer según lo que exige el código de derecho canónico, no en otra cosa”. La verdad es que me resultó muy interesante la reflexión. Y en dos direcciones.

La primera hace referencia en lo que se puede exigir a un miembro de la Iglesia y lo que no. Por ejemplo, a un sacerdote. Porque una cosa es someterse a la obediencia debida y otra muy diferente que se pretenda obediencia no a lo justo, sino a lo caprichoso. Exigir obediencia a lo que manda el derecho es justo y necesario. A otra cosa es tiranía caprichosa.

Por ejemplo, a un servidor, como párroco, se me puede y debe exigir obediencia en cumplir con las obligaciones propias, como la correcta y bien preparada predicación, la administración de los sacramentos, el cuidado de los libros parroquiales, la adecuada administración de los bienes, la atención a los débiles. Perfecto. Pero no mandar o prohibir cosas que no estén en el código.

Otro ejemplo. En la obediencia a mi obispo no entra ni la obligación de celebrar “ad orientem” o por el modo extraordinario, ni la prohibición. Si un obispo quisiera impedirlo o imponerlo estaríamos entrando en la tiranía del capricho. Ni puede ordenarme o prohibirme celebrar con una casulla de las llamadas “de guitarra”. O que deje la parroquia sin más porque se le ha ocurrido. Esto es obedecer en lo que manda el código, no en apreciaciones personales.

La segunda dirección está en que de la misma manera que no se puede exigir nada que no esté en el código, si es obligación seria del obispo o sus vicarios hacer cumplir lo que en él aparece. Y yo sé que esto cuesta.

No es nada fácil decir a D. Fulano que debe celebrar según las rúbricas y con los ornamentos prescritos. Tampoco recordar que las cuentas han de estar en orden y los libros al día. Entiendo que no es cómodo decir a D. Mengano que no se puede ausentar de la parroquia cuando le plazca. Pero hay que hacerlo. Quien tenga que hacerlo.

Ya he dicho alguna vez, y la última no hace demasiado tiempo, que el código de derecho canónico debería estar en la mesa de trabajo no solo de cada sacerdote, sino también de cada fiel, para que todos sepamos nuestros derechos y obligaciones. Y ya digo que no solo pensando en sacerdotes, sino también y quizá especialmente en los laicos, para que nadie tenga que soportar la prepotencia de quien se siente superior a los demás y esto se hace así porque soy el párroco.

Los fieles y los sacerdotes debemos obedecer… en lo que exige el derecho. Ni más ni menos. Mala cosa sería, Dios no lo permita, pretender obediencia en caprichos y no exigirla en lo necesario.

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