“Nunca me he planteado” por qué la gente ha dejado de ir a misa

Carlos Esteban / Infovaticana

 

Entrevistado por Edward Pentin para el National Catholic Register, el consultor independiente sobre preservación de iglesias Brody Hale recuerda haber preguntado al delegado holandés en la conferencia del pasado noviembre en Roma sobre venta de edificios sacros por qué en su país iban a cerrar dos tercios de las iglesias. “La gente ha dejado de ir a la iglesia. ¿Por qué? Nunca me lo he planteado”.

 

El Papa, en un mensaje a la conferencia que trataba sobre qué hacer con los edificios sacros abandonados, dijo que el abandono de las iglesias era un “signo de los tiempos” que no debía “angustiarnos” y que su venta debía servir para aliviar la situación de los pobres. Y, por lo que leemos en el National Catholic Register, el delegado a dicha conferencia por Holanda, donde van a cerrar dos tercios de las iglesias del país, ni siquiera se había parado a pensar por qué podría ser que la gente había dejado de asistir a los templos católicos.

 

Es imposible no ver el enorme contraste entre los triunfales discursos de una ‘nueva primavera’ traída por el actual pontificado, incluso una nueva Iglesia, como prefieren llamarla teólogos como Leonardo Boff y Thomas Rosica, y la aceleración de la apostasía masiva a la que asistimos en todo Occidente. Después de todo, esta brutal descristianización se inició en las postrimerías del Concilio Vaticano II, cuyo baqueteado ‘espíritu’ alienta al Santo Padre en su ‘renovación’, según confesión propia.

 

Y casi más ominoso es observar a los pastores ignorar esta fuga masiva, como si fuera irrelevante, y alarmarse, como hace hoy mismo el secretario de Estado, Pietro Parolin, de que las conclusiones de la cumbre de Praga sobre el clima no hayan ido todo lo lejos que hubiera querido para ‘parar’ el Cambio Climático, el dogma laico que han abrazado con desusado fervor nuestros prelados.

 

Pero Cristo no encargó a sus apóstoles preservar el planeta, y sí cuidar de su rebaño e ir por todo el mundo predicando la Buena Nueva de la Salvación. Una noticia a la que dan la espalda los occidentales en números crecientes. Pone el blog italiano Messa in Latino el caso del seminario de Vicenza, precisamente la diócesis de la que procede y en la que se ordenó Pietro Parolin.

 

Hasta principios de los setenta, el Seminario Mayor servía a unos 130-150 seminaristas, mientras que en el Seminario Menor cursaban estudios unos doscientos alumnos. Cada año se ordenaban entre 20 y 25 sacerdotes. Disponía también de una Schola Cantorum formada por un centenar de coristas. Nada, en fin, que no fuera la norma en aquellos momentos en toda Europa.

 

Hoy -curso 2018/2019- el seminario alberga a nueve seminaristas, pese a que la población de la diócesis ha aumentado en casi un tercio. No se ordenó ningún seminarista este año, ni lo harán en los dos próximos años, al menos. Ya no hay schola, y el seminario menor se cerró hace tres años, y ahora el edificio lo ocupará un colegio privado, H-Farm, que se promociona como “la escuela del futuro”, sin pupitres ni pizarra.

 

En su tradicional discurso de Navidad, en la Sala Clementina del Vaticano, a los cardenales de la Curia Romana, el Papa ha hablado de muchas cosas, pero no de esta, quizá la más visible y la que más revela el fracaso de nuestra misión como cristianos. Ha hablado de los inmigrantes, las guerras, el maltrato a niños y mujeres, los cristianos perseguidos, los abusos en la Iglesia y una larga lista. En esto se ha detenido para decir que “el escándalo más grave en esta materia es esconder la verdad”, aunque sigue sin responder a los interrogantes que plantea el Testimonio Viganò, a quien se ha referido veladamente en numerosas ocasiones como el Gran Acusador.

 

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