Nuevos retos para la vida y la libertad

Estos ataques vinieron como consecuencia de los disparos fatales de unos policías a dos hombres de raza negra en Louisiana y Minnesota, acontecimientos que se convirtieron en eventos nacionales cuando varios videos tomados con celulares se volvieron “virales” en las plataformas de los medios sociales.

Llevamos luto por los muertos; oramos para que los heridos recobren la salud y le pedimos a Dios que consuele a sus familias y seres queridos.

Como sociedad tenemos todavía un largo camino por recorrer en cuanto a la manera de enfrentar los prejuicios raciales y las desigualdades dentro de nuestro sistema de justicia criminal.

Pero lo cierto es que la policía, los fiscales, los grupos religiosos y los líderes de la comunidad están trabajando unidos y también que estamos haciendo un verdadero progreso por lo que respecta a la policía comunitaria y a la reforma de las sentencias; en lo referente a la promoción de alternativas al encarcelamiento y a proporcionar oportunidades de trabajo a los que han cumplido su tiempo de cárcel y se disponen a reingresar en la sociedad.

Ahora es el momento de aprovechar este progreso para alentar a aquellos que buscan caminos de diálogo y reconciliación. No podemos ceder a la tentación de la ira y la desesperación.
Incluso antes de las tragedias de la semana pasada, ya podíamos ver señales de que nuestro tejido social se estaba fracturando.

Los que gobiernan y moldean la dirección de la sociedad han desarrollado una hostilidad a la religión y a los valores tradicionales de la familia y de la comunidad. Con una frecuencia cada vez mayor, vemos que están utilizando la fuerza bruta de la ley y de las políticas públicas para imponer sus puntos de vista y para negar los derechos y las libertades de los que no están de acuerdo con ellos.

Esto lo vemos en todos los debates que ha habido en torno a los matrimonios del mismo sexo y a la identidad de género. Lo vemos en el modo en que los gobiernos federales y estatales están usando la anticoncepción, el aborto y la política del suicidio asistido para dictaminar que los creyentes religiosos y otros también, deben abandonar sus convicciones fundamentales para poder seguir operando sus negocios o sus ministerios.

Algunos ejemplos recientes:

Aquí en California, el gobierno estatal ha estado tratando de obligar a todos los planes de seguro para la salud del estado a pagar por los abortos, inclusive por los abortos realizados en las últimas semanas de un embarazo. Los líderes de Nueva York han estado tratando de hacer lo mismo en ese estado.

A fines del mes pasado, el Gobierno de Obama apoyó el plan de California, que se rehúsa a apoyar una ley federal que data de hace mucho tiempo (la “Ley Weldon”) que protege los derechos de los estadounidenses a no participar en abortos.

También a fines del mes pasado, un tribunal del estado de Washington determinó que todos los hospitales de ese lugar que proporcionan atención de maternidad, deben también realizar abortos.
Estas decisiones son exageradas y sólo van a promover la destrucción de vidas humanas inocentes y el descuido de las necesidades de salud de la mujer en nuestra sociedad.

Pero, lo que es más grave, forman parte de un patrón perturbador, en el que nuestro gobierno impone políticas que van en detrimento de la libertad religiosa y de la protección de la conciencia que son esenciales para la democracia y para la sociedad civilizada.

Podríamos poner muchos ejemplos. Por ejemplo, la nueva ley de California que les concede a los médicos el poder de ayudar a los pacientes a suicidarse. Esta ley dedica incluso $ 1 millón al año del dinero de los contribuyentes para pagar por medicamentos letales para los pobres.

También podríamos señalar los nuevos mandatos federales con respecto a la identidad de género en las escuelas y los planes de salud de los empleadores. O los esfuerzos de la Legislatura de California para obligar a los colegios confesionales a no enseñar ni expresar sus creencias acerca del matrimonio y de la persona humana. O la nueva demanda presentada por la Unión Americana de Libertades Civiles que busca obligar a los Obispos de Estados Unidos a ofrecer el control de la natalidad y el aborto a los niños refugiados a quienes servimos.

Y la lista podría continuar.

No es exagerado decir que las élites culturales y del gobierno parecen ahora estar funcionando como si fueran una nueva religión que está imponiendo una nueva “ortodoxia” en el resto de la sociedad. Y obligándonos, al resto de nosotros, a creer lo que ellos creen y a actuar de la manera que ellos quieren que actuemos.

En el corazón de esta nueva ortodoxia se encuentra un falso “humanismo”, es decir, un peligroso conjunto de creencias acerca de lo que significa ser humano y de lo que hace que una persona sea feliz.

Para enfrentar esta peligrosa dirección que está tomando nuestra sociedad, como católicos debemos comprometernos a ser personas de oración y compasión. Tenemos que pedir la fuerza y la sabiduría, y así como lo hicieron los apóstoles, necesitamos orar por quienes ostentan la autoridad.

Nuestra identidad y los mandatos que nos rigen como católicos nunca han provenido de un gobierno. Provienen de nuestro Señor Jesucristo, que nos llama a seguirlo en el servicio de los pobres y los desvalidos, anunciando la libertad a todos los que están en el cautiverio.

Tenemos que defender nuestra libertad de servir a Dios y de seguir y promover la hermosa visión de la dignidad humana y de la felicidad que Jesús nos ha dado.

Oren por mí esta semana y oraré por ustedes. Y juntos pidámosle a Nuestra Santísima Madre María que le traiga la salud y la paz a nuestro país, y también un nuevo respeto por la vida humana y por la dignidad humana.

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