Müller: “no necesitamos una Iglesia que sea una subsidiaria de la ONU”

El cardenal Gerhard Ludwig Müller, prefecto emérito de la Congregación para la Doctrina de la Fe, no deja a nadie indiferente. Se ha convertido, muy a su pesar, en un potente foco de atención. En su reciente visita Madrid, con motivo de una liturgia solemne de la Orden Constantiniana, de la que es Gran Prior, ha concedido esta entrevista en exclusiva a InfoVaticana.

P.- Eminencia, hablemos del concepto de sinodalidad. ¿Cuáles son los referentes teológicos, según el magisterio de la Iglesia, de la sinodalidad? ¿Para qué se está utilizando hoy en la práctica este concepto? ¿Hay el riesgo de instrumentalizar esta práctica para otras cosas?

R.- Sinodalidad es un neologismo. Antes existía la colegialidad de los obispos, el trabajo junto con el papa. Y había los sínodos regionales, provinciales, el sínodo general, el concilio ecuménico… Pero teológicamente es algo nuevo, con un poco de invención. La colaboración es natural entre todos los miembros de la Iglesia. Por eso no entiendo cuál es el sentido de una sinodalidad que sea diferente a lo que ya teníamos en toda la historia de la Iglesia.

Como si los procesos pudieran cambiar las ideas en la Iglesia. Más importante que los procesos es orientarse hacia los principios clásicos de la Sagrada Escritura, de la tradición apostólica, del magisterio, en las declaraciones, definiciones infalibles. Estos son los puntos de referencia y no podemos cambiar poco a poco la doctrina de la Iglesia para llevarla a ideas que están en contra de la Revelación.

P.- En este sentido, hablando de procesos, ¿le preocupa la vía sinodal de la Iglesia alemana como punta de lanza?

R.- Esto es una locura. Ellos piensan que los abusos sexuales de parte de algunos clérigos tendrían algo que ver con la interpretación de la sexualidad o con el celibato y el acceso de las mujeres al sacerdocio. El caso de los abusos se instrumentaliza para hacer otra agenda. Es algo absolutamente falso.

Uno no puede aceptar esto porque los abusos tienen muchas causas, entre otras la desorientación de la moral. El fracaso de la moral personal y también eclesiástica, dado que no se ha entendido bien la disciplina eclesiástica. Uno es sacerdote de Jesucristo para dar un buen ejemplo a los demás. El sacerdote corre el riesgo de caer en la tentación, de no respetar a los jóvenes en la santidad de la vida, en la personalidad. Esas son las verdaderas razones de este fracaso.

La gran mayoría de los sacerdotes son buenos, no se puede hacer a estos buenos sacerdotes culpables de la culpa personal de otras personas. Nosotros sabemos que hay abusadores en las familias, que hay padres abusadores, pero no se puede decir que la mayoría de estos perpetradores, de estos que hacen estas cosas, son los padres. Porque la mayoría de los padres son buenos padres.

P.- El texto de Benedicto XVI sobre las causas de la pederastia en la Iglesia, ¿cree que ha sido silenciado conscientemente por la argumentación que utiliza el papa emérito?

R.- Él, Benedicto XVI, dice la verdad y algunos no quieren escucharlo. Algunos inventan teorías, como que el arzobispo Georg Gänswein y yo habríamos escrito ese texto. Es lo que he leído en la prensa. Él, el Papa emérito, es más capaz de escribir estos textos que la mayoría de sus críticos. Es decir, tiene una alta intelectualidad. Y él tiene la experiencia suficiente, desde hace 60 años y también como prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe y después como papa.

Los dos papas, Juan Pablo II y Benedicto, hicieron todo lo que podían hacer contra la pedofilia en el clero. Hay que reconocerles a ellos los méritos en la lucha contra esta peste. Los que lo critican son ideólogos. La mayoría de estos no han leído, no ha estudiado esta carta de 20 páginas o más. Solo han leído algunos títulos en los periódicos que dijeron que el papa acusaba a la corriente del 68. Pero el papa emérito no ha dicho que son culpables sino que preparaban la atmósfera del aniquilamiento de la moral y de la conciencia.

P.- ¿Le preocupa lo que pueda salir del Sínodo de la Amazonía?

R.- Lo que he visto hasta ahora es muy superficial. La razón de la carencia de sacerdotes no es el celibato, es la falta de la preparación a la vocación, la vocación viene de Dios y nos toca a nosotros escuchar y dar la respuesta a esta vocación de Dios, que es un acto espiritual. La Iglesia tiene que fomentar una buena pastoral de las vocaciones. El celibato es una realidad espiritual y quien no piensa en el Espíritu de Dios no puede entenderlo.

Como Jesús ha dicho: la gente del mundo no entiende lo que es el celibato, dar la propia vida y no vivir en el matrimonio, que es para nosotros un sacramento. Con el celibato damos también un testimonio en la dimensión escatológica de esperanza para la vida eterna. Porque la vida humana, cristiana, no termina en este mundo terreno. Tenemos una esperanza más allá de esta vida. Todos los que hablan, que tienen sus aspiraciones en este Sínodo de la Amazonía, hablan solo de algunos aspectos prácticos. Y no entran en lo profundo de los temas. Piensan más según el mundo que en un sentido espiritual.

P.- Usted ha escrito varios libros sobre las mujeres y el sacerdocio. Ha habido una comisión sobre el diaconado femenino. ¿Cree que se va a abrir la vida al diaconado femenino y por tanto, en un futuro, al sacerdocio de la mujer?

R.- No. Dogmáticamente no es posible. El papa no tiene el poder y la autoridad de cambiar los sacramentos. Y nunca había un diaconado sacramental de las mujeres. Y no se puede interpretar algunos datos de la historia en este sentido y nunca la Iglesia dogmáticamente ha dicho que es posible que la mujer reciba el sacramento del orden. Existe uno solo sacramento del orden: obispo, presbítero y diácono, y no se puede separar, distinguir, el sacramento.

P.- Y una vía intermedia de un diaconado ministerial no sacramental, ¿es posible?

R.- No. Por qué llamarlo diaconado ministerial. Crearía una confusión en las palabras. Grandes grupos de nuestros cristianos son instruidos por la prensa y no saben distinguir teológicamente por una falta de formación teológica. Para eso tenemos ministerios. Ministerios laicales también. Igual para los hombres y para las mujeres. No tiene sentido construir algo con el sentido de diaconía femenina, porque tenemos esta palabra –ministerios-, que procede del latín. Por qué crear confusión. La palabra diácono es un término técnico para el primer grado del sacramento del orden. No podemos terminológicamente confundir.

P.- Estamos en un tiempo en el que la doctrina ha pasado a un segundo lugar. El primero lo ha ocupado una concepción singular, incluso espiritual, de la praxis. ¿Qué papel juega la doctrina en la vida cristiana, en la configuración de la identidad católica?

R.- Hay muchos, ahora la Iglesia, que no saben qué es la doctrina. Piensan que es una teoría, una especie de pensamiento. La doctrina de la Iglesia es el Evangelio de Jesús, es la doctrina de Jesús, y de los apóstoles, y por eso es la presentación, la verbalización del Logos, de la palabra de Dios. La doctrina de la Iglesia es la explicación de la auto revelación de Dios, y no es nuestra teoría sobre Dios, o sobre algunos temas en la Iglesia.

Se tiene que distinguir entre la doctrina dogmática de la Iglesia y la doctrina académica de los teólogos. En esta preparación de la llamada reforma de la Curia posponen la fe. Primero viene la secretaría de Estado, que dicen verbalmente que la secretaría de Estado, con las relaciones con los Estados, la diplomacia y la burocracia vaticana, está más vinculada a la suprema misión del papa que la doctrina de la fe. Esto es absurdo. Eso son algunas tareas mundanas, seculares.

La misión espiritual viene de Jesucristo. Jesucristo no ha constituido el Estado del Vaticano con su jefe, y este jefe con su Estado gobierna la Iglesia. Es absurdo. Al revés es la verdad. El Estado es solo una ayuda para garantizar la independencia, la libertad del papa contra las influencias de los políticos. Pero no es la esencia del ministerio petrino.

Y cómo se puede decir, entre los dicasterios, que viene primero el de la evangelización y después la fe y la doctrina de la fe. La evangelización es la praxis y la fe es la teoría. ¿Qué concepto de teoría y praxis tienen? ¿El del sistema marxista? La fe es el origen, es la raíz de la justificación. Solo por medio de la fe en Jesucristo somos salvados. Sin fe, ninguno puede agradar a Dios. La fe es una virtud infusa. El primer don del Espíritu Santo a nosotros es la fe y la esperanza, el amor. No se puede decir que la fe es solo una teoría.

P – ¿Qué otros aspectos de la reforma del Curia le preocupan?

– También es muy problemático que han sustituido las Congregaciones de los cardenales, que representan la Iglesia romana, por dicasterios. Ahora tenemos solo dicasterios. Los dicasterios son una burocracia. La curia romana no puede ser un aparato burocrático para ayudar al papa, a las conferencias, a los obispos… Es una realidad eclesiástica que representa a la Iglesia romana.

Colegiado con el papa como su cuerpo, está en primer lugar el colegio cardenalicio. La curia es también una forma del trabajo del colegio cardenalicio. Y por eso, la congregación es la expresión latina de sínodo. Hablan de la sinodalidad y terminan con las Congregaciones, y en vez de sinodalidad o congregación ahora introducen un término burocrático.

P.- ¿Qué le motivó hacer pública su Confesión de fe?

R.- Era necesario. Se habla mucho del clima, del cambio climático, de inmigrantes… y se tiene que hablar sobre los temas de nuestra fe cristiana y católica. El cardenal Kasper ha dicho que lo que yo había escrito eran algunos elementos elegidos arbitrariamente por mí. Pero los temas son la Trinidad, la Encarnación, la sacramentalidad de la iglesia, la unidad entre fe y vida y la expectativa para la vida eterna, la dimensión escatológica.

Es exactamente lo que dice el símbolo, la profesión de la fe. Y estamos en esto. La Iglesia, como el papa siempre dice, no es una ONG, la Iglesia es la comunión en la fe, unidos en Jesucristo, el Hijo de Dios. La palabra de Dios que se hizo carne. Este es el centro de la Iglesia, el sacramento en Cristo para llevar a la gente a la plena comunión con Dios y entre nosotros, para dar un ejemplo o una señal de unidad a la humanidad. Esto es la Iglesia. No necesitamos una Iglesia que sea una subsidiaria de la ONU.

P.- Me gustaría preguntarle sobre la formación teológica de los sacerdotes y los obispos. ¿Cuáles son las consecuencias de una ausencia de una formación teológica y doctrinal de los sacerdotes y de los obispos?

Los obispos y los sacerdotes son los servidores de la Palabra. Por eso tienen que conocer la Palabra. La inteligencia de la fe no es una realidad que viene de afuera hacia la fe, viene de adentro, de la fe. La fe es un acto también racional. Creemos con nuestra razón y con nuestra voluntad llevada de la gracia. Pero es un acto verdaderamente humano. Y tenemos que estar preparados para dar una respuesta a todos los que nos preguntan por la racionalidad de la esperanza que está en nosotros.

Tenemos esa gran tradición de la teología, de la intelectualidad, de la fe. Todos los grandes maestros, sobre todo santo Tomás, han hablado del obispo como el maestro de la palabra, como el que enseña la palabra y tiene que conocer todos los elementos de la fe. No tiene que ser un teólogo especialista como en la academia. Pero tiene que tener ese nivel. Tiene que ser capaz de discutir con los profesores de teología. Tiene que informarse cada día, leer la Biblia, estudiar la Biblia, los grandes textos y documentos de la tradición apostólica. Y saber de los teólogos actuales.

Toda la discusión que tenemos hoy, la antropología, la falsa antropología, que define el hombre solo como un ser biológico. Tenemos que dar respuestas convincentes a la intelectualidad de hoy. No es suficiente ser ministros del culto, el ritualismo, esto no es suficiente. O repetir algunas frases comunes. Tiene que ser capaz de penetrar en los temas. Y por eso necesitamos un estudio de la teología profundo, y también una formación permanente.

P.- En su biografía hay un capítulo destacado con su relación con Gustavo Gutiérrez, con quien elaboró también una teología sobre los pobres. Hoy estamos en un momento en el que los pobres han adquirido un protagonismo singular como objeto prioritario del discurso de la Iglesia en el sentido del Evangelio de que los pobres están en el centro del mensaje. ¿Pero no se está utilizando este discurso para algo más?

R.- Todo puede ser instrumentalizado por parte de la ideología. Pero la fe cristiana, católica, no es una ideología. Es la experiencia de la realidad de Dios en medio de nosotros. Esta es la fe católica. Los pobres en el mundo no son una realidad marginal. Es un gran tema, porque esos pobres son millones, viven bajo el nivel de la dignidad humana. Con la fuerza de la fe, y el espíritu del amor, debemos preocuparnos por el desarrollo integral de la humanidad.

No puede ser que algunos pocos sean riquísimos y otros no tengan nada. Las riquezas del mundo son dadas para todos. La Doctrina Social de la Iglesia, y la teología de la liberación en la línea de Gustavo Gutiérrez, dicen que esto no es ideología marxista sino que nos plantea cómo podemos hablar de Dios frente a estas injusticias, desigualdades y sufrimientos. La lucha contra la estructura de la pobreza, contra la falta de la dignidad humana, pertenece a la misión de la Iglesia, a la diakonía.

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