Misa por “las dos vidas” en la catedral Nuestra Señora de la Asunción

Con motivo del llamado de la Conferencia Episcopal Argentina a renovar la esperanza de #ValeTodaVida, monseñor Rubén Frassia, obispo de Avellaneda-Lanús, celebró ayer, domingo 29 de julio, la misa especial por “las dos vidas” en la catedral Nuestra Señora de la Asunción. El templo se colmó de fieles que oraron especialmente por los senadores que el próximo 8 de agosto son responsables de votar la ley por la despenalización del aborto.

Durante su homilía, el prelado de Avellaneda-Lanús invitó a recordar que Dios “nos ha participado, ha compartido su bondad, ha asegurado su presencia en medio de nuestro pueblo”, y que esta gracia que Dios nos regala, “es parte del misterio de la vida existencial que nos dice que tenemos que caminar y vivir en su presencia”.

Así, resaltó la importancia del obrar del hombre, “responsable y en consecuencia”, a esta gracia dada por Dios. Retomó la consigna por la despenalización del aborto como un tema de derecho natural, al contrario de lo estrictamente religioso.

Como Iglesia, apuntó, “no queremos que nos pongan en un costado del ‘ring side’, como si fuéramos parte de posición, como si de alguna manera esto fuera un combate de posición para ver quién es más fuerte”. Como creyentes, “creemos en la responsabilidad de la vida, creemos en el que es más vulnerable, que es un otro que tiene que ser respetado y que tiene derecho fundamental de vivir. ¡Queremos vivir como nosotros creemos, como pensamos!”, argumentó.

Y haciendo un pedido especial a los legisladores y senadores, les dijo: “que el Señor los siga inspirando para tomar decisiones; recuerden que no son fuente sino que tienen la responsabilidad de saber escuchar, no solo las leyes o los ámbitos positivos, sino fundamentalmente las cosas que son de derecho natural”.

Instó a la comunidad a reflexionar sobre las mujeres vulnerables que se ven afectadas y juzgadas: “Nosotros no condenamos; sabemos muy bien el dolor que esto puede provocar a muchas mujeres y a muchas familias, pero la verdad se propone, no se impone por la fuerza; en todo caso es una persuasión de la misma verdad y nosotros queremos vivir esa verdad”.

Al finalizar su prédica, pidió “que este sea un tiempo de mucha oración, de mucha presencia, pero recuerdo y aconsejo: no pelear sino afirmar lo que creemos, lo que queremos vivir no sólo para nosotros sino para el futuro de sus hijos y de sus nietos. Si hoy permitimos esto, mañana vendrán males mayores. Y suplicó a la Virgen que “nos ayude a saber escuchar y poder responder. Que seamos capaces de no hacer más brechas sino de vivir con entusiasmo y sabiendo que todos queremos ir hacia el bien común, a la nación, a nuestra sociedad, a nuestra patria”.

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